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10/22/2006 Coronada Reina del Karaoke por mayoría absolutaHace solamente una horita y pocos minutos que mis ojitos volvieron a abrirse después de haberse cerrado a eso de las 8 de la mañana, que ayer hubo muuuuchaaa juerga. Precisamente de eso es de lo que os voy a hablar, que el sábado fue, cuanto menos, peculiar y variopinto.
Para empezar con buen pie, nada mejor que volver a darse una vuelta por el festival de la uni, y qué mejor compañía que la de mi amiga Yukari y la de sus padres, a los que tuve el honor de ver por primera vez. Por muy cansada y sin voz que esté no se me puede olvidar darles las gracias por el trato que me dieron, ya que apenas me dejaron pagar lo que comimos y bebimos, y encima me han invitado a su casa... ¡Habrá que ir! Llegamos a eso de las 11 y nos dimos un paseito por los diferentes puestos de comida nipona e internacional, picando un poquito por aquí y por allí. Como yo ya había estado el viernes, no paré de recibir saludos y diversos comentarios por todos lados: no, si al final va a resultar que, como dijo Yukari, Karura-chan es popular por estas tierras. Debe ser por aquello de que se me distingue perfectamente allá donde voy...
A media mañana los padres de Yukari estaban un poquito cansados y decidieron volverse a casa. Yukari y yo, por supuestísimo, no estábamos dispuestas a renunciar a lo que el día nos ofrecía, así que nos quedamos hasta las 4 de la tarde. Nos os podéis imaginar lo que dieron de sí esas horas,ya que, además de probar un montón de cosas ricas y ver más espectáculos que el viernes, nos pusimos en plan exploradoras y fuimos hasta el picadero, que está en el quinto pino del campus. Por el camino nos dio tiempo a ver un poquito de un partido de béisbol, en el que, por cierto, Takushoku iba perdiendo, visitar el monumento al fundador de la uni y hacer el gamba en general.
Después de comer hasta reventar, sacar taitantas fotos y hablar con unos y con otros, ya iba siendo hora de recogerse un poquito, que la noche pintaba larga: Lei me había propuesto salir con un grupo de amigos de lo más variopinto compuesto por japoneses y taiwaneses (entre estos últimos se encontraban parte de sus amigos que habían venido de turismo y gente afincada aquí). No obstante, lo de volverse a la resi para descansar no tuvo mucho resultado, ya que me llamó casi nada más llegar para que nos fuéramos antes y le diera tiempo a enseñarme algunos rinconcitos con encanto de nuestro destino, Kichioji.
Una hora y media después de ducha, secador, maquillaje y trapitos de lo más in, ya estaba más que lista para subirme a los tres trenes necesarios para llegar a Kichioji (en realidad sólo hacían falta dos, pero nos confundimos). Nada más llegar, Lei me llevó a una zona de tiendas en las que se podían encontrar verdaderas gangas a estrenar y de segunda mano (sin duda alguna, habrá que volver por allí a menudo). Para ilustrároslo mejor, nada como la experiencia personal: me he comprado un gorro precioso y un bolso de lo más apañao por 2,180 yenes, unos 14,50 €. Tras el momento consumista, fuimos a un parque precioso. Lo malo es que ya no se nos había hecho bastante de noche, y eso que eran las 7 de la tarde más o menos, y no pude sacar fotos del templo y otros rinconcillos de tan bonito lugar.... La próxima vez volveré a pasar el día.
Cumplida nuestra primera misión, no quedaba otra más que llevar a cabo la segunda: cenar algo, tomarnos unas cervecitas y quedarnos de parranda hasta la apertura de puertas de nuestra resi... ¡A por el toro que nos fuimos! Para empezar, cenita en un restaurante italiano de lo más cuco (que conste que yo no lo elegí, que si hubiera tenido oportunidad de escoger me hubiera ido a algo japo por lo menos). Para continuar, cervecitas al más puro estilo "botellón" en torno a un puesto de comida en la calle, pues no había taburetes libres para todo el mundo y el dueño nos montó ahí como pudo una esterillas para que nos sentáramos... ¡Toda una experiencia! A eso de las 11 y media ya tocaba un pub inglés, el Hubs, que ya he tenido la oportunidad de visitar en varias ocasiones en Hachioji (debe ser una cadena tipo Mc Donalds). Allí nos apalancamos tan rícamente un par de horitas de animada charla y alguna que otra risa. Como anécdota, contaros que en la tele tenían puesto el Canal del Barça con un partido del año la pera, 1993 si mal no recuerdo.
Y por fin el momento culminante... ¡Karaoke! Daros detalladamente el repertorio de la noche sería todo un trabajo de investigación, ya que allí se cantó mucho en japo y yo no conocía ningún grupo (el karaoke es una práctica más que recomendada para todo estudiante de japo que quiera entrenar su velocidad de lectura de kanji). No obstante, el español y el inglés estuvieron más que presentes de la mano, mejor dicho de la voz, de la menda lerenda, que cantó y bailó apasionadamente temas de Shakira, Beyoncé, Britney Spears y otras divas de la canción... Y la Gasolina de Daddy Yankee, que consiguió que los japoneses y taiwaneses allí presentes corearan el "Daaameee más gasolina" como si la conocieran de toda la vida.
A las 5 ya se había vendido todo el bacalao y teníamos que ir pensando en coger el tren de vuelta a la camita, que ya se estaba haciendo más que necesaria. Gracias a un amigo japo de Lei que nos llevó en coche hasta Tachikawa (un lugar a mitad de camino), sólo nos tuvimos que comer un trenecillo. Al bajarnos en Takao, el hambre apretaba con fuerza y Lei se había tirado todo el viaje hablándome de lo rico que era desayunar en Mc Donalds (tienen un menú especial para desayuno), así que a por la hamburguesa que nos fuimos.... Sí, chicos, en Japón la gente se levanta temprano los domingos y los Mc Donalds abren todos los días de 6:00 a 24:00, ver para creer.
Fue una noche estupenda gracias a un grupo de gente de lo más maja que se esforzó muchísimo para que nos pudiéramos comunicar en japonés sin muchos problemas: me hablaban y hablaban entre ellos despacito para que lo pudiera pillar todo, se arrancaban a cantar en español, un idioma desconocido para muchos de ellos... Vamos, que me integré perfectamente y volveré a salir con ellos más de una y de dos veces.
10/20/2006 A lo tonto a lo tonto ya llevo un mesecillo aquíAntes de empezar me gustaría disculparme por la deficiente calidad que tendrá este mensaje, ya que estaba escribiendo uno del que me sentía verdaderamente orgullosa hasta que mi ordenador de porquería, que por alguna extraña razón va muy mal últimamente (en un par de días restauraré el sistema), decidió apagarse sin yo haber tenido tiempo de guardar ni un triste borrador... Dicho esto, ayer hizo un mes que aterricé en el país del Sol Naciente y puedo decirque el balance de esta experiencia está siendo más que positivo. Eso sí, como en todo, también he vivido momentos muy malos, de los que, por otra parte, aprendo valiosas lecciones. Estoy segura de que dentro de unos años, incluso meses, los recordaré entrañablemente.
Cada día estoy más adaptada a la vida de aquí, lo que supone tener que cumplir una serie de compromisos académicos y sociales que a veces no me dejan tanto tiempo para escribir como quisiera. Además, ya sabéis que prefiero esperar a tener unas cuantas cosas interesantes sobre las que hablar para escribir esos mensajes tan largos que tanto os gustan, je je je... Recapitulemos un poquito, pues... En el penúltimo mensaje os conté que el domingo tenía una cita para comer con Hironori, el chico japonés que conocí en la fiesta de la Hispanidad de nuestra Embajada, para practicar un poquito de inglés.
El caso es que me gustaría hablar sobre cómo se desarrolló el día, pero sobre todo, mencionar una anécdota que, por supuesto, tiene que ver con el trayecto en tren desde Takao hasta Shinjuku. Poco a poco una se va adaptando al sistema de trenes y a los correspondientes trasbordos entre trenes locales y semiexprés. No obstante, la compleja organización nipona nunca deja de sorprenderme, y es que los trenes locales, previo aviso, pueden transformarse de repente en semiexprés. Esto es estupendo siempre y cuando uno comprenda el japonés de la vocecilla del altavoz o el letrero luminoso del tren (escrito en kanji, of course). Sin embargo, cuando uno es un pobre ignorante como yo y desconoce la información que se le está comunicando en ese momento, se baja inocentemente con toda su buena voluntad y descubre posteriormente lo que ocurre y que, por error, se ha subido en un tren local que no cambia a semiexprés y tendrá que comerse como un campeón el doble de paradas y, por lo tanto, tardar el doble de lo previsto. No obstante, pude deshacer el nudo, ya que en una de las paradas me di cuenta de que en esa estación, pocos minutos después, pararía un tren semiexprés con destino a Shinjuku. Me bajé de mi infierno de tren local, cambié al semiexprés y... ¡Problema resuelto!
Por suerte, Hironori me había escrito un e-mail al móvil para decirme que se retrasaría, por lo que hice uso de una más que agradecida ventaja para contrarestar el tiempo perdido por la confusión de trenes y llegar tan sólo media hora más tarde de lo previsto. Tras el ineludible intercambio de disculpas y explicación de lo sucedido, fuimos a comer a un sitio estupendo, conocí nuevos "rincones" de la zona (por ejemplo, el Mirador del Gobierno Metropolitano de Tokio, desde el que pude sacar unas foticas...), hicimos algunas compras y acabamos tomando un café en Starbucks (va por ti, Patrikent
El lunes se desarrolló como otro lunes más: difícil y cansado, ya que todavía arrastraba la pereza del finde. No obstante, la nota de color del día la puso el hablar con mis padres por el Skype, ya que me comentaron que Club Med había llamado a casa para ofrecerme otra vez trabajo en Navidades. Al decirles que estoy en Tokio, parece ser que hay una pequeña posibilidad de que me llamen para su village cerca de Sapporo, al norte del país. A ver si hay suerte...
El martes también tuvo su parte interesante, ya que por casualidad, más bien curiosidad de estudiante de intercambio deambulando por la zona de despachos, conocí a un profesor americano súper majo que me invitó a su clase de conversación del miércoles (me lo pasé taaan bien... ¡Volveré seguro!). Al volver a casa, Lei me propuso unirme a una cenita en la habitación tradicional japonesa de la resi, ya que un amigo suyo coreano, que también vive aquí (edificio masculino), había estado cocinando un plato típico de su país y quería invitarme a probarlo. Yo, por supuesto, no podía ir de vacío (Lei también se había puesto manos a la obra), así que preparé una ensalada de pasta que tuvo un éxito rotundo. Los manjares coreanos y taiwaneses que desgusté fueron bien recibos por mi agradecido estómago occidental. Otro apunte interesante del día: el chico coreano tiene capítulos de la 3ª temporada de Lost (Perdidos), que estoy deseando ver en cuanto me los pueda prestar.
El miércoles no fue un día muy movido que digamos, lo único interesante que os puedo comentar es que estuve planeando con unos compis algo para mi cumpleaños, aunque todavía no puedo daros muchos detalles al respecto. Eso sí, para compensar un día sin chicha estuvo el de ayer, que no teníamos clase y hubo mucho tiempo libre para hacer un montón de cosas... Y es que esta semana, desde el viernes hasta el domingo, se celebra el festival de la uni, así que ayer la gente tenía un montón de cosas que preparar y se suspendían las clases.
Con un día soleado estupendo, la bici de la resi libre y pocas ganas de estudiar, lo único para lo que se prestaba dispuesto mi cuerpo era para otros quehaceres como pagar facturas, hacer la compra y tomar algo tranquilamente. Para esto último, Lei escogió un sitio estupendo cerquita de nuestra residencia, un café con tienda incluida. La dueña, una japonesa majísima con rastas que adora Indonesia, vende ropa y avalorios guapos guapos. El chico que lo lleva con ella y varios de sus amigos, todo ellos muy hippies y bohemios (Lux, me acordé un montón de ti porque sé que te lo hubieras pasado genial allí
A ciertas horas de la tarde-noche mi estómago empezaba a tener hambre, así que Lei me llevó a lo que aquí se conoce como Famires (restaurante familiar), baratito y con buena comida, en este caso italiana. Tras llenar el estómago y comprar un juego de sábanas para mi camita en Don Quijote (sí, como se puede leer, la tienda se llama Don Quijote, aunque nada tiene que ver con el personaje de Cervantes, ya que se trata de un pingüino, dimos una vuelta por la zona de la Estación. Básicamente nos dedicamos a hacer el chorrás y a sacar alguna que otra foto.
Y por fin... El día de hoy, comienzo del festival de la uni. A eso de las 12 y media, Lei y yo nos acercamos a la zona de las facultades para ver si podíamos comprar una entrada para el concierto de mañana por la tarde. Resulta que actúa por aquí una cantante súper famosa, pero por lo visto las entradas se han acabado. Nada, otra vez será. Nos hemos pasado la mañana y parte de la tarde comiendo aquí y allá cositas de los diferentes puestos que han montado los estudiantes: he probado dulces de Okinawa, especialidades de Tailandia, Indonesia, Corea y China... He visto una exhibición de artes marciales, otra de música tradicional japonesa, baile moderno, una exposición de fotografía y otra de manga. En definitiva, ¡no he parado! Y el caso es que esto no ha hecho más que empezar, porque mañana hay un montón de actividades más, así que ya os contaré cómo paso el día. 10/14/2006 Todo es tan nuevo, diferente y curioso en NipponDespués de prometerlo durante varias semanas, he aquí que me encuentro escribiendo el tan esperado mensaje con todas esas curiosidades que he ido observando y anotando desde que llegué pero para las que no había encontrado un hueco en mi ajetreada vida y en mi blog. Parece ser que por fin se han dado todos los factores precisos: hoy me apetece escribir sobre esto porque me he metido unas cuantas horas de biblioteca y necesito desestresar. Espero responder a las expectativas generadas, si es que las hay...
Empecemos hablando de la "fauna universitaria nipona". Basta con sentarse en uno de los múltiples bancos que hay por la zona de las cafeterías y comedores del campus para darse cuenta de la "compleja" organización en estratos de la juventud universitaria.
Chicas: es extremedamente fácil darse cuenta de cuánto les gusta a las niponas imitiar el estilo occidental a la hora de enfundarse los trapos que están más a la última y maquillarse con kilos y kilos de pote. No obstante, la moda occidental tiene en Japón su más curiosa expresión, pues las universitarias son expertas en darle su toque personal y hacer que los diseños cutres de las pasarelas sean un mero juego de niños (No quisiera parecer muy crítica al hablar de este tema, pues yo respeto enormemente las costumbres niponas, si bien en este caso no se me ocurre imitarlas. En otros aspectos soy nipona como lo que más). Para que os hagais una idea más clara, las chicas japonesas se ponen todo lo que les gusta junto, sin importar sin son cuadros, flores, diseño-mantel o colores que no pegan en absoluto. Eso sí, también hay chicas que, aunque aciertan a la hora de combinar colores y diseños, más bien parece que han venido a salir de fiesta el sábado por la noche y/o a buscar novio, marido.... Un estilo muy a lo Fergie de The Black Eyed Peas o a lo Beyoncé.
Chicos: no forman parte de la excepción a la hora de ser fashion. La variedad de estilos es mucho más amplia que en las chicas, pues los universitarios se decantan por estilos tan variopintos como el "malo malote" (rapero), el casual (desde el look del típico empollón de las pelis americanas o el rastafari pasando por el estilo pop) y el metrosexual (a lo Beckham, pero bastante afeminado).
Para acabar con el tema de la moda, me gustaría hablaros de tres cosas que me han llamado la atención enormemente:
- Los pinkies: por si alguien no sabe lo que son, se trata de unas medias parecidas a los calcetines para pantalones cortos cuyo fin es que no se vean mucho o nada cuando se quiere llevar un zapato cerrado sin medias. El caso es que aquí hay una amplia variedad, muchos colores y formas diferentes. Sin embargo, a diferencia de España, cuanto más se vean mejor. Lo que más me ha chocado es que se los ponen aún cuando no pegan en absoluto con la ropa y/o con el zapato que llevan (pasa lo mismo con los leggins)...
- Las medias: seguro que más de uno ha visto en cualquier manga cómo visten las escolares japonesas, con faldita corta y minimedias. El caso es que este año también se han puesto de moda entre las universitarias, que las llevan con falda o pantalones cortos. No obstante, hablar de minimedias no es del todo correcto, pues en muchos casos llegan hasta bastante más arriba de la rodilla. Ah, y una vez más, los colores y las formas al gusto, independientemente de que no combinen.
- Los colgajos para móvil: bien es sabido por todos que la moda del tunning ha pasado también a los móviles, y que cuantas más "movidas" le pongamos más "chulo". Japón, por supuesto, no es una excepción, pues el mercado de accesorios para el móvil no se queda en el mero calcetín o en las carcasas con dibujitos. También se venden pegatinas y lo que yo he decidido bautizar como colgajos para móvil, que, aunque existen en España, la variedad y cantidad por móvil es considerablemente más alta aquí (he llegado a ver personas cuyo minimóvil abultaba mucho como consecuencia del montón de colgajos que lo adornaban). A este respecto, me pareció curioso observar un día en el tren que un chico llevaba una foto de Ronaldhino como colgajo del móvil.
Dicho todo esto, pasemos, pues, a hablar de algunos hábitos de los japoneses que me han parecido muy interesantes.
Narcolepsia generalizada, fénomeno que he podido constatar en el tren... Y es que los japoneses se duermen en cualquier sitio y en las posturas más dolorosas. El caso es que yo no sé cómo leches se arreglan para no pasarse de estación; todavía no conozco a nadie al que le haya ocurrido. A este respecto, la puntualidad de los trenes juega mucho a su favor, pues seguro que más de uno se pone la alarma del móvil para despertarse en la parada correspondiente.
Japón es, como ya he comentado anteriormente, el país de la chuminada, y el lugar por excelencia para encontrarlas son mis queridas amigas las tiendas de 100 yenes, de las que no volveré a hablar salvo que alguien quiera información más detallada (lo digo por no repetirme en exceso...). Sobre las chuminadas, es interesante comentar el papel que desempeñan los personajes del manga, pues uno se los puede encontrar en prácticamente cualquier cosa de la vida diaria. Yo me quedo con dos personajes que me han marcado por circunstancias diferentes:
Kitty-chan (Hello Kitty): ya me gustaba desde pequeña, así que estar en la tierra que la vio nacer es lo mejor que me ha podido pasar, y a mis amigas Cova y Patrikent también
Consejos aparte, sigamos hablando sobre lo curiosas que son las costumbres japonesas a través de un aspecto que se ha convertido en representativo de cualquier sociedad: la televisión. Aunque no controlo muy bien la programación ni los canales que veo en mi habita, sí que he podido darme cuenta de que hay un número determinado de formatos que se repiten sin cesar. Por una parte, están los clásicos programas de tertulia, en los que un grupo de personas se reúnen para abordar un tema en concreto, presentado siempre a través de un reportaje. Dentro de este tipo de programas, en la tele japonesa se pirran por los de viajes, y he podido ver hasta uno dedicado a Granada. También existen tertulias más serias en torno a la política nacional e internacional (el programa de Takeshi Kitano, el dire de Humor Amarillo, es muy popular). Por otro lado, son numerosos también los concursos, combinación de preguntas y pruebas, al más puro estilo del capítulo de Los Simpson en Japón. No puedo olvidarme, por supuesto, de los programas infantiles, las series de dibujos (Shin-Chan, por ejemplo) y las series de tono más dramático parecidas a nuestras telenovelas (todas las noches la tele está plagada de ellas). Tampoco ha de pasárseme comentaros que existen programas para ayudarte a aprender idiomas, japonés incluido. Uno que he visto de inglés, por ejemplo, gira en torno a la serie que rodó el grupo británico S Club 7 años ha y que en España se presentó con un doblaje tan pésimo que la hacía más patética si cabe. Respecto al doblaje, se hace verdaderamente gracioso oír a Silverter Stallone o a Edward Norton hablando en japonés (doblan las películas, fíjate que yo pensaba que las ponían con subtítulos)....
Todavía podría seguir un buen rato contando cosas, pero dado que este mensaje empieza a hacerse demasiado largo, tendré que dejarme algo en el tintero y esperar a una posible próxima vez. Así, he decidido cerrarlo con dos "costumbres muy extendidas en Japón: prácticamente todo el mundo fuma, sobre todo en el campus, donde hay un montón de espacios habilitados, y por alguna extraña razón cualquier papel que se vaya a entregar en algún organismo oficial ha de rellenarse con boli negro. Hay que ver cómo se lo monta nuestra Embajada para celebrar la HispanidadMientras en España se disfrutaba de un estupendo puente del Pilar que, por supuesto, en Japón no existe, la Universidad de Takushoku seguía funcionando como otro día más. Al acabar mi última clase, a las 4 y media de la tarde, tras uno de los peores días que he tenido en lo que llevo aquí (no voy a entrar en detalles porque tampoco merece la pena), salí corriendo de la Facultad y me vine a la resi a dejar los libros y a acicalarme un poco, que a las 6 de la tarde daba comienzo en la Embajada de España una recepción con motivo de la Hispanidad... Para que no creais que sólo se vive esta fiesta allí , je je je.
Con muchas ganas de conocer gente española residente en Japón, un estupendo mapa desde la estación de metro más próxima hasta la Embajada y detalladas instrucciones de las paradas en las que tenía que cambiar de línea (todo ello cortesía de Lei, qué maja que es esta mujer), fuimos dando un paseo hasta la Estación de Takao (Lei tenía que ir hasta Shinjuku también). Entre pitos y flautas, llegué a la Embajada a eso de las 7 y media, y como bien me dijo la persona que me estaba esperando a la puerta: "se lo han comido prácticamente todo". No obstante, pude llenar mi agradecido a la par que hambriento estómago con suculentos manjares españoles, pero me quedé con ganas de tomar un buen trozo de tortilla. Eso sí, la paella estaba riquísima.
Al principio me sentí un poquito perdida y bastante sola, pues la persona que me estaba esperando trabaja allí y estaba ocupada con la organización del evento. De todas formas, en cuanto tuvo un rato libre me presentó a otra persona de la que me habían hablado y ésta poco a poco me fue integrando entre sus amigos. Al final acabé tomando un granizado de mango en una cafetería cercana con un japonés que habla estupendamente español y que trabaja para una empresa de vinos de Zaragoza (lo conocí por mediación de la gente del IVEX). Precisamente acaba de llamarme para comer conmigo mañana y hablar inglés, que necesita practicar un poquito, y a mí me viene más que bien para que me ayude con el japo. Respecto a esto último, que nadie se me asuste y oiga campanas sin saber dónde, que yo por Japón voy marcando el territorio continuamente
Poco a poco voy aumentando mis contactos, tanto en el ámbito universitario como fuera de él. Seguro que muchos veréis como algo negativo el que esté conociendo a españoles o a japoneses que trabajan para empresas españolas o estudian nuestro idioma. Yo, sin embargo, lo veo como una oportunidad estupenda tanto para practicar japonés apoyándome en el español como para pedir ayuda en caso de emergencia. Como bien me decía Carlos Montero, director del IVEX (Instituto Valenciano de Exportación), ahora que acabas de llegar es importante que no te encierres cuando lo pases mal y recurras a nosotros, que estamos aquí para ayudarte. La verdad es que en la fiesta de la Embajada todas las personas con las que estuve se portaron estupendamente conmigo. A este respecto, no puedo dejar de dar las gracias a Juan Ruiz, que desde España se encargó de avisar a toda esta gente de que yo vendría a Japón y de pedirles que me echaran una mano en todo lo que pudieran.
A veces se aprenden más cosas por ahí de parranda que en la biblioteca rodeada de libros, ¡qué paradoja! 10/8/2006 Y anoche no fuimos CenicientasPues eso chicos, que ayer por la noche había ganas de salir y nos quedamos hasta ver el sol. Como ya he comentado en alguna otra ocasión, en mi residencia la puerta se cierra todos los días a las doce de la noche, así que si uno quiere quedarse de parranda tiene que esperarse hasta las seis de la mañana. Además, los últimos trenes salen sobre medianoche y vuelven a ponerse en marcha a eso de las cuatro de la mañana.
Nuestro plan de fiesta no tiene mucho misterio, la verdad, si tenemos en cuenta que los japoneses son estrictos hasta en su tiempo libre: unas cervezas en algún pub irlandés/inglés y karaoke hasta que el cuerpo aguante, o mejor dicho, la voz. Será mejor que os cuente todo desde el principio...
Llevo un tiempecillo sin escribir por la sencilla razón de que los sucesos más destacados de estos últimos días han sido ir a correos a enviar una carta certificada a la Embajada de España en Japón, hacer algunas compras (víveres y material escolar básicamente) y que poco a poco la gente se va animando y me para por los pasillos, el campus o incluso por Takao (la zona de la estación de tren) para parlotear un poco con "la exótica", apelativo que algunos de mis amigos y familiares han dado por hecho que tienen los japoneses en mente cuando me ven. En cuanto al resto, rutina pura y dura, pues de lunes a viernes he ido alternando las clases con horas y horas de biblioteca, que está la cosa muy negra...
Con una vida así de "interesante" os podéis imaginar que este fin de semana las ganas de desconectar y salir estaban más que justificadas, así que se hizo lo propio ayer. A eso de las 8 de la tarde, Sara, Lei y la menda nos fuimos en tren hasta Hachioji sin una idea muy definida de lo que íbamos a hacer. Tras dar una vuelta y echar un ojo en alguna que otra tienda, decidimos ir a otro pub irlandés/inglés en el que todavía no habíamos estado. Allí, dimos con un grupete de unos 10 ó 12 americanos, entre ellos alguna chica, que resultaron ser personal médico del ejército al que el Tío Sam había decidido destinar durante dos años al país del Sol Naciente (tan solo llevaban aquí tres semanas). Tras charlar un ratillo animadamente con algunos de ellos, decidimos tomarnos la última en otro sitio. Sin embargo, lo de la última a partir de aquí ya no tiene mucho sentido, pues Lei y yo decidimos que esa noche dejaríamos de ser Cenicientas y le rendiríamos culto a una preciosa luna llena que brillaba con todo su esplendor (pronto colgaré las fotos). Sara, por el contrario, prefirió irse a casa, lo cual es perfectamente comprensible si tenemos en cuenta que está en pleno Ramadán y que el no comer ni beber durante gran parte del día tienen que dejar a uno bastante exhausto y sin ganas de mucho trote. Para que no se volviera sola, Lei y yo también nos vinimos con ella.
Después de dejar a Sara en la resi, Lei me propuso acercarnos hasta Shinjuku y presentarme a un amigo japo que tiene un bar por allí. Este plan, que pintaba estupendo, se nos chafó al perder el último tren que iba hasta allí, así que decidimos volver a Hachioji y ver entonces sobre la marcha qué nos ofrecía la ciudad. En la salida de la estación, había un chico tocando la guitarra y cantando, y Lei pensó que quién mejor que él para recomendarnos algún sitio guapo por allí. El caso es que el chico, al verme, me preguntó si era inglesa y si me gustaba Green Day, uno de sus grupos favoritos, y me dedicó la canción de Wake me up when September ends. En ese momento, lo único en lo que pensé, además de en lo bien que tocaba y cantaba, fue en mi amiga de la Facultad Ana, que durante un tiempo tuvo el título de esa canción en el Messenger. Por descontado, al pensar en ella casi se me saltaban las lágrimas recordando al resto de los traductérpretes, pero sobre todo a ella, porque ha sido la persona que ha hecho posible una de las mejores cosas que me ha pasado en mucho tiempo. Como comprenderéis, es algo que no se olvida fácilmente... Momentos emotivos aparte, al terminar la canción un policía tuvo a bien decirle que ya se le había acabado el tiempo de cantar dentro de la estación, y que si quería seguir tenía que ser fuera. En lo que recogía sus bártulos, Lei se puso a charlar un ratillo con él y al final, no sólo nos recomendó a dónde ir, sino que también se vino con nosotras. Acabamos los tres en una sala de un karaoke cantando un poco de todo: desde Basket Case y Wake me up when September ends de Green Day, pasando por alguna que otra canción en japo que yo casi no podía ni seguir, hasta la Tortura de Shakira con Alejandro Sanz, que por supuestísimo ninguno de mis acompañantes se atrevió a cantar, y menos a bailar.
En este punto de la noche, me parece interesante explicaros cómo funciona el karaoke en el país que lo inventó. El caso es que los locales de karaoke están divididos en numerosas salas en las cuales uno se mete, ya sea solo o con amigos, y canta exclusivamente para las personas que están allí dentro. Cada sala, además, tiene un teléfono desde el cual llamar al servicio de bar para que a uno le traigan lo que desee beber. En nuestro caso, no sé exactamente qué tarifa elegimos y qué era lo que en ella iba incluído, pero sí puedo contaros que nos quedamos allí hasta las cuatro y pico de la mañana tomando unas cuantas cervezas y algún refresco sin tener que pagar las bebidas aparte. 10/1/2006 Compras dominguerasEs una pasada que las tiendas abran los domingos en Japón... Imagínate la situación: estás en casa y te das cuenta de que te falta algo y no tienes que esperar al día siguiente para ir a comprarlo, o simplemente te apetece salir a dar una vuelta y echar un ojo a alguna cosilla porque entre semana no andas precisamente sobrado de tiempo. De verdad que estos japoneses están en todo, todo y todo.
Otra cosa que me ha llamado muchísimo la atención hoy, pues es la primera vez que lo he visto, es el sistema que tienen para que la gente no moje el suelo de las tiendas y centros comerciales con los paraguas empapados. Por todos es sabido lo incómodo que puede llegar a ser ir con el paraguas chorreando, pues no sólo acabamos mojándonos a nosotros mismos, sino que también mojamos el suelo y al final más de uno se pega un buen resbalón. Para evitar esto, en Japón te encuentras a la entrada de prácticamente todas las tiendas un dispositivo que, al introducir el paraguas, automáticamente lo envuelve en una bolsita de plástico.
Sin duda alguna, Japón es el país de la chuminada (encuentras todas las chorradas que te puedas imaginar y más para la casa, de comer etc.), de la automatización y de la puntualidad, pues he podido constatar varias veces que los trenes siempre salen y llegan a su hora. Y es que parece ser que los japoneses son personas que saben aprovechar el poco tiempo libre que tienen.
Respecto al empleo del tiempo libre y otras costumbres niponas, os puedo decir que ya tengo varias hojas de una libretilla con palabras clave apuntadas para que no se me olvide nada y así poder dedicar uno de mis mensajes en el blog a este tema. De verdad he podido observar unas cuantas cosas muy curiosas en las casi dos semanas que llevo aquí. Ahora estoy esperando a que llegue el momento adecuado para contarlas...
Reencuentros y nuevas experiencias en ShinjukuY es que cada vez que me subo a un tren en Japón comienza una nueva aventura... Esto viene al cuento de que ayer me fui hasta Shinjuku, una de las zonas de Tokio más céntricas e impresionantes, sólo con deciros que su estación de tren es una de las más transitadas del mundo creo que comprenderéis de qué tipo de sitio se trata. El caso es que quedé allí a las 4 de la tarde con mi amigo Ryu, un estudiante japonés de la Universidad tokiota de Waseda que estuvo en Salamanca de intercambio y al que pude conocer en clase de Traducción de Textos Japoneses.
Ryu, tan majo y estupendo como siempre, se había molestado en buscarme por Internet qué tren debía coger y en explicarme a dónde tenía que ir una vez estuviera en la Estación de Shinjuku. Desde aquí le doy las gracias enormemente por lo bien que se ha portado conmigo tanto antes de venir a Japón como ahora que estoy aquí, ya que no ha parado de preguntarme cómo va todo y de ofrecerse para solucionar cualquier tipo de problema.
A las 15:15 debía subirme a un tren que me llevaría directamente, es decir, sin hacer trasbordo (práctica muy habitual en el sistema ferroviario japonés), hasta mi destino. Sin embargo, me hice un poco el lío con los trenes y no me subí al de las 15:15, ya que ponía que iba a otra estación en la que sí que se supone que tenía que hacer trasbordo. A partir de ese momento, me descoloqué completamente, así que decidí preguntarle a una chica, más o menos de mi edad, a ver si solucionaba algo. La niña en cuestión se portó como una verdadera gilipollas, pero bueno, tampoco me voy a despachar aquí con ella, que la tía estaba en su derecho de no hacer ni puto caso a una ignorante como yo (puede pensar perfectamente: "si no te enteras, no haber venido a Japón."). Después de este intento frustrado de obtener información, me acerqué a un matrimonio de japoneses vestidos como si vinieran de hacer senderismo... ¡Qué gente más encantadora! Me dijeron que me subiera en el mismo tren que iban ellos, pues también se dirigían a Shinjuku. Además, al llegar a la estación de Kitano, me indicaron que debía bajarme y hacer trasbordo, ya que el tren en que nos habíamos subido tardaba algo más de una hora en llegar a Shinjuku, mientras que el tren que salía unos minutos después desde Kitano me dejaría en mi destino sólo 5 minutos más tarde de lo que Ryu había previsto para mí.
Nada más bajarme del tren en Shinjuku, pude darme cuenta de que todo lo que me habían dicho sobre esa estación era cierto: ríos y ríos de gente de un lado para otro, muchos occidentales y un reflejo perfecto de lo que es la vida en el centro centro de Tokio. En ese momento, yo sabía que tenía que ir a la salida este, pero claro, con tanta gente y tanto jaleo era un poco difícil ponerse a preguntar. Ni siquiera tuve que hacerlo, ya que el matrimonio tan amable que me había ayudado con los trenes me indicó sin yo ni siquiera pedírselo a dónde tenía que ir.... Cómo se nota que me vieron perdida. De verdad, da gusto encontrarse con gente tan atenta y dispuesta a ayudar al desconocido.
Pese a las indicaciones de tan amables personas, me volví a confundir, y no me extraña tratándose de mi primera vez en Shinjuku, pues Ryu me explicó más tarde que hasta los japoneses tienden a confundirse en esa estación. Un ratillo después, tras una llamada del tipo de "veo unos carteles que ponen no sé qué y no sé qué más", Ryu vino a buscarme al lugar donde me encontraba y salimos de la estación.
Ya por fin fuera de la estación, apenas puedo describir con palabras lo que vi: enormes edificios llenos de letreros luminosos de mil y un colores en japonés e inglés, tiendas de los más prestigiosos diseñadores mezcladas con pequeños bares y humildes puestos de venta en la calle; superficies multinacionales del tipo de McDonalds, tiendas de electrónica... Tampoco pude hacer muchas fotos porque es imposible pararse cada dos por tres entre tanta gente. Además, es la primera vez, pero no la última, que voy a ir por allí, así que como primera experiencia no está nada mal (para mí era prioritario tomar algo con mi amigo y charlar un ratillo con alguien conocido).
A eso de las 6 de la tarde, Ryu tenía que coger un tren para irse a clase y a mí no me apetecía quedarme mucho tiempo sola por allí, no fuera a ser que luego tuviera algún problema con los trenes y no llegara antes del cierre de la resi. Así, fuimos juntos hasta la estación, donde cada uno tuvimos que irnos por un lado diferente. Hasta aquí, todo normal, pues me subí al tren correcto. No obstante, al llegar a Kitano, estación en la que tuve que hacer el trasbordo a la ida, inocente de mí me bajé pensando que debía cambiar de nuevo; pero esta vez no era necesario, y cuando vi que el tren se iba, ni me molesté en subir, no fuera a ser que se fuera a otro lado y se montara la gorda. Total, 5 minutos después pasaba otro tren que me llevaría de vuelta a casa.
Cuando llegué a Takao, encontré mi bici donde la había dejado y me dispuse a volver a la resi... ¡Menuda sudada con la bici de los huevos! Suerte que al llegar sabía que mi amada bañera no se habría movido de su sitio y podría relajarme a mis anchas... Hachioji la nuit!Tras unos días de silencio justificado por la ausencia de acontecimientos de gran envergadura, estoy de vuelta para contaros más y mejores cosas sobre mis primeras semanas en el Trono del Crisantemo. En concreto, me gustaría hablaros sobre lo que hice este viernes (29 de septiembre).
Antes de empezar, haré una breve reseña de lo que fue el día anterior (jueves, evidentemente): la mañana se desarrolló sin mayores sobresaltos por la uni; de una clase a otra, prueba que te prueba, para llevar a cabo la dura tarea de encontrar mi sitio en Takushoku, donde los chinos son los reyes del kanji. Me explico: sin entrar en muchos detalles sobre la escritura en lengua japonesa, os puedo contar que el "alfabeto" más utilizado fue importado de China años ha, por lo que los Bruce Lee tienen una parte del japonés aprobada por goleada, a lo España-Malta. Éste hecho, que seguro es de importancia mínima para algunos, se vuelve en mi contra si tenemos en cuenta que el nivel de la facultad está en la gran mayoría de los casos condicionado por el alumnado. En resumen, que por mucho que vaya a las clases que se supone son "más fáciles", sigo encontrando muchas dificultades debido a que los profes tienen en cuenta los conocimientos de la gran mayoría y adaptan el temario a ésta.
Problemas académicos aparte, por la tarde nos dimos una vueltecilla por el Ito Yokado, un pequeño centro comercial con supermercado de la zona. Después de cenar, me pasé por la habitación de Lei y tuvimos una animada fiestecilla hasta altas horas (hay pruebas fotográficas en la sección correspondiente). Al día siguiente, Sara y yo habíamos decidido ir a probar un par de asignaturas, por lo que había que madrugar. Duro fue el momento de levantarse, pero más duro fue el comprobar que las asignaturas eran demasiado difíciles para nosotras y que me había levantado para nada. Con un maravilloso plan de megasiesta que posteriormente quedo relegado al olvido en favor de otros quehaceres de mayor importancia (en el próximo mensaje lo entenderéis), me encontré de vuelta en la resi a eso de las 13:30.
Tras varias horas de reclusión en la habitación, presididas por buena música y algo de conversación internetera, le propuse a Lei salir de este infierno un ratito y disfrutar de los placeres que Japón tendría a bien ofrecernos un viernes por la noche. Sara, por su parte, había decidido abandonarnos este finde para reunirse con unos amigos en un lugar de cuyo nombre no consigo acordarme.
Lei, experta donde las haya en diversión y entretenimiento (lleva varios años estudiando aquí), sugirió irnos a Hachioji a dar una vueltecilla y cenar algo. Por supuesto, cual cenicientas que nos convierte nuestra residencia (hemos de estar a medianoche en casa o esperar hasta las 6 de la mañana), decidimos que un plan así de suavecito nos vendría más que bien para despejar un poquillo. Dicho y hecho: pillamos las bicis y paseito hasta la Estación de Takao. Desde allí, dos estaciones más allá aparecimos en Hachioji.
En este punto del mensaje, es interesante explicar dónde vivo exactamente, pues evitaremos futuras confusiones. Así, sabed que habito en una parte de Hachioji que podríamos denominar Takao (como la correspondiente estación indica), que viene siendo la zona rural, por no decir montañosa, de una ciudad de unos 600.000 habitantes que forma parte de Tokio. Para que os hagais una idea, algo así como lo que ocurre en Madrid con la capital y las ciudades dormitorio como Coslada, San Fernando de Henares...
Finalizado el inciso, el caso es que en Hachioji "centro", lo denominaré así para que quede bien clara la diferencia en futuros mensajes, dimos una vuelta por los alrededores de la estación y, tras ojear alguna que otra tienda y local de pachinko (un juego muy popular en Japón que se asemeja en cierta medida a nuestras tragaperras, eso sí, sin premio), elegimos para cenar un bar típico japonés (una vez más a las pruebas fotográficas os remito). Durante la cena, pude comprobar lo "insistentes", por no decir pesados, que pueden ser los japoneses cuando se han tomado unas copillas de más. En efecto, detrás de nuestra mesa había una con varios hombres jóvenes y trajeados que no pararon de decirnos en japonés y en inglés (lengua que utilizo con Lei para desconectar de tanto japo) que nos sentáramos a beber con ellos. Para que os hagais una idea, estos seres tan pintorescos son peores que el típico pesado de discoteca de España, que por lo menos capta cuando sobra y se da el piro. Después de jartarnos de comer y sacar fotos, Lei me llevó a un pub inglés en el que pude sentirme, en cierto modo, "en casa"... ¡Había guiris!
La vuelta a la resi, tranquilita; una cerveza, música, Nintendo DS y más fotos en la habitación de Lei.
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