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    2/28/2007

    Sal de casa por la tarde y no entres hasta el día siguiente por la noche

    Parece ser que éste se ha convertido en el lema de algunos de mis fines de semana nipones, y es que cuando uno se lo está pasando bien y tiene que volverse a casa antes de medianoche para que no le cierren la puerta, decide que es mejor planificar cada salida con un duración mínima de hasta el primer tren del día siguiente, a eso de las 4 ó 5 de la mañana, según el destino. Precisamente ése era el plan para el sábado pasado, aunque la vida me está enseñando que en muchas ocasiones es mejor no hacer planes y dejarse llevar por la corriente: una vez más acabé en casa de Lei, y por eso os voy a contar cómo llegué allí y todo lo que pasó desde las 7 de la tarde del sábado, hora a la que salí de casa, hasta las 11 de la noche del domingo, hora a la que aproximadamente volví. Abróchense los cinturones y prepárense para un vuelo con muchas turbulencias.
     
    Tras el accidente de María con la bici y la visita al hospital del día anterior, la pobrecilla no tenía precisamente muchas ganas de unirse a los cuatro fantásticos que sí habíamos decidido quedarnos de fiesta hasta la muerte: Shin-chan, Gintin, Lei y servidora, más conocida como Karla Spears, la Reina del Karaoke y algún que otro apelativo cariñoso más. No obstante, María y Sara sí que se apuntaron al plan de "calentamiento", que consistía en cenar y tomar algo cerca de la resi antes de coger el tren para reunirnos en Shinjuku con la señorita Lei, que vive demasiado lejos de aquí como para venirse a cenar con nosotros. Para tal comienzo escogimos Toumai, un sitio muy cuco cercano a la resi del que ya os he hablado en anteriores ocasiones (estilo hippie-rústico). El caso es que Gintin, Sara, María y la menda teníamos que esperar a que Shin-chan viniera para cenar todos juntos, aunque nos mandó un mensaje diciendo que se retrasaría un poco, así que empezamos sin él. Suerte que vino justo al principio de la cena, porque hubiera sido un verdadero palo estar todos comiendo y que el pobre se quedara sin nada, ya que Toumai cierra a las nueve y el "last order" se realiza a las ocho. Shin-chan llegó sobre y diez, pero en Toumai ya nos conocen e hicieron una pequeña excepción camuflada...
     
    A eso de las 9 nos acercamos a la estación para coger el tren. Sara y María, que querían hacer una visitilla al supermercado, se despieron de nosotros prácticamente al final del camino. Sesión de iPod, cabezadita en el tren, alguna que otra risa y llegada a Shinjuku, donde Lei nos estaba esperando. Nuestra primera parada: Rolling Stones, un bar donde la música imperante, como bien podéis deducir por el nombre del local, es la de los Rolling y grupos similares. Allí nos pasamos unas dos o tres horas tomando unas copas y bailando al son de las peticiones que le íbamos haciendo al Dj (todo muy organizado ello, con papeles y boli en cada mesa y una cajita cerca de la cabina donde depositar las peticiones). Por si no lo sabéis, en la mayoría de los locales tipo pub o discoteca de Japón hay que pagar entrada. En este caso, por ser la "Ladies night", Lei y yo no teníamos que pagar, pero a Shin-chan y a Gintin les tocaba desembolsar 2000 yenes por barba, por lo que decidimos dividirnos el gasto entre todos para compensar. Al menos teníamos una bebida incluida con la entrada, así que me acerqué a la barra para ver qué deliciosos brebajes me ofrecían. De entre todas las posiblidades existentes decidí aventurarme con el Tequila Sunrise, bebida a la que le cogí bastante afición en el Club Med de L'Alpe d'Huez, cuando trabajé allí durante las Navidades del 2005. El caso es que el del Rolling me gustó, así que me fui a por el segundo, que vino con sorpresa y todo, ya que el camarero, el mismo que me había servido la primera vez, me preguntó en japonés que si era francesa. Como os podéis imaginar me quedé a cuadros, pues la gente por aquí suele pensar que todos los extranjeros no asiáticos somos americanos, al igual que nosotros en España siempre decimos que ellos son todos chinos, por la cosa de no distinguir bien los rasgos.
     
    Sea como fuere, a eso de la una y media el ambiente había decaído un poco y nosotros teníamos ganas de cambiar de aires, así que salimos a la calle con el rumbo un poco indefinido. El tiempo, que precisamente no era muy tropical, "ayudó" a que nos decantásemos rápidamente por irnos de karaoke, pues es una de las formas más baratas y estupendas de quedarse hasta las tantas de juerga. Tras comparar precios en un par de locales, hicimos nuestra elección y nos preparamos para pasar las tres horas siguientes  sin parar de cantar ni de hacer el gamba en una sala para nosotros solitos. Además, escogimos un paquete bastante asequible con una especie de barra libre incluida, así que todo perfecto. Para comenzar a calentar motores y aclarar un poquito la garganta, servidora quería tomarse unas coca-colas, pero Lei no estaba dispuesta a dejarme, así que añadió al "menú" un whisky solo para que yo hiciera la pertinente mezcla a mi gusto. No es que el whisky sea precisamente mi bebida favorita, pero si se trata de una cantidad moderada con mucha cola para suavizar, el resultado no está nada mal. Al final acabé bebiendo unos cuantos vasos en lo que cantaba y bailaba, sola o acompañada, al más puro estilo de Karla, la Reina del Karaoke. Una vez más arrasé y sorprendí, y no se trata de un alarde de "modestia", pues Shin-chan y Gintin, con los que era la primera vez que iba de karaoke, se quedaron de piedra. Lei, que ya está acostumbrada a verme "actuar", se lo pasó en grande y se dedicó a sacar unas cuantas fotos, que  espero poder enseñaros pronto.
     
    A las 5 de la mañana, hora a la que tocaba pagar en la recepción del local y marcharse amablemente, yo no tenía ni pizca de ganas de meterme la paliza en tren hasta Takao, así que acepté encantada la invitación de Lei de irme a su casa. Además, la condenada se había olvidado de coger el dvd con los capítulos de Prison Break, Lost y Heroes que me había prometido, así que me dio la excusa perfecta para ir a buscarlo. Después de unos cuantos minutillos en metro y a tales alturas de la noche, tocaba desayunar algo, así que nos acercamos a un Mc Donald's cerca de casa de Lei. Sin embargo, cuando llegamos todavía quedaba media hora para que abrieran, así que nos decantamos por un Matsuya, un local de "fast-food" nipón en el que yo nunca había comido y que resultó ser una estupenda elección, pues estaba todo estupendo. Paradita en el Mc Donald's para comprar el postre, pequeña larga caminata hasta casa de Lei, minisesión de ordenador y a dormir a eso de las 9 de la mañana del domingo.
     
    Al despertarnos sobre las 4 de la tarde decidimos que era un buen momento para darnos una vuelta por Ikebukuro, una zona al más puro estilo de Shinjuku, Shibuya o Ueno, de esas llenas de tiendas, luces multicolor y mucho ambiente... Vamos, de mis preferidas. Por allí comimos-cenamos algo, dimos una vuelta por algunas tiendas e hice alguna que otra compra, todo en muy buena compañía: estupendamente que me lo paso yo con Lei; si es que estamos hechas la una para la otra, je je je. No obstante, todo lo bueno se acaba, y yo al día siguiente tenía que currar, así que me subí a un tren, a eso de las 9 y media de la noche, que me dejara en Shinjuku sobre las 10, hora ideal para coger mi tren de vuelta.
     
    Otra semana más que se acababa ese domingo... Y otra más que comenzaba al día siguiente. De momento no es que hayan pasado muchas cosas interesantes, la verdad. El lunes después de trabajar mi jefe me invitó a cenar y estuvimos charlando estupendamente sobre algunos aspectos de Japón y España. Ayer martes me hicieron levantarme bastante temprano para limpiarme las tuberías en cinco minutos y dejarme el resto de la mañana sin nada que hacer y mucho cansancio encima. El día fue bastante largo, pero al menos lo aproveché escribiendo en la página, mirando algunas cosas por Internet, caciqueando en este ordenador mío que de cuando en cuando se vuelve loco, y viendo por enésima vez Prison Break (hasta que no venga María no quiero ver los nuevos capítulos, que si los vemos juntas es más interesante). Tenía planeado dar un paseillo para despejar después de comer, aunque fuera sólo acercarme hasta el súper y comprar unas cosillas, pero el sueño y la pereza me pudieron y, después de echarme una siestecilla con las voces de Wentworth Miller (Michael Scofield) y compañía de fondo, decidí aplazar mi salida hasta el día siguiente. Precisamente hoy por la tarde, después de domir como una marmota hasta las tantas, pegarme una ducha y comer algo, me fui con Sara a hacer las dichosas compras. Casi nos lleva el viento por el camino... ¡Menudo frío! Luego no os extrañéis si no quiero salir de casa, amigos...
     
    Mañana otro jueves más de curro y otro finde más que se aproxima, pero esta vez con planes muchos más tranquilos... ¡O eso creo!
    2/27/2007

    Excursión al hospital

    Hacía tiempo que no me sorprendía tanto del giro que puede dar la vida de una persona en tan sólo unos minutos, incluso segundos. Puede parecer una afirmación de contenido profundo, pero si la trasladamos a la rutina de cualquier día, adquiere bastante sentido. Todo esto viene a cuento porque el viernes pasado fue uno de esos escasos días de mi vida en los que un solo instante produce bastantes cambios, y, por supuesto, tenía que contarlo aquí...
     
    El día 23 de febrero lo tenía marcado en el calendario desde hacía varias semanas, pues era la fecha a partir de la cual recibiría en Relaciones Internacionales mi asignación mensual de la beca gracias a la cual estoy estudiando en Japón. Con perspectivas de ingresar en el banco gran parte del dinero, pagar las facturas del mes y hacer un poco de compra en el súper, que mi nevera y mi despensa empezaban a sentirse solas, me levanté sobre las 11 de la mañana. Además, María tenía que acercarse a Relaciones Internacionales por otros motivos, así que era la ocasión perfecta para no ir sola. Pensando que el tiempo sería el de un día cualquiera, ni siquiera me dio por mirar por la ventana. Para mi sorpresa, al salir a la calle dispuesta a coger la bici, me di cuenta de que llovía, así que el paseo se convirtió en un engorro: no es que lloviera a cántaros, pero sí lo suficiente como para tener que controlar con una mano la bici y con la otra el paraguas (no os podéis imaginar qué control tienen los japoneses en este arte; ya quisiera yo llegarles a la suela de los zapatos). En fin, detalles metereológicos aparte, cuando volvimos de Relaciones Internacionales, antes de salir del campus para hacer los recados anteriormente mencionados y comer algo, le sugerí a María que pillara su bici, pues había dejado de llover y así iríamos más rápido... ¡Maldita la hora! La pobrecilla, con eso de que la carretera resbalaba, se me pegó una leche. La verdad es que de lo rápido que ocurrió todo ni me pude dar cuenta de cómo había sucedido: estábamos charlando de la que salíamos del campus, con nuestras tonterías frikis de Prison Break (la he metido en el mundo de mi "droga"), riéndonos tan ricamente, y de repente veo su bici volar por los aires y a ella en el suelo. El caso es que la cosa, sin ser excesivamente seria, fue más grave que mi incidente de hace algunas semanas, así que nos fuimos a la Enfermería de la uni a toda leche (suerte que Otousan, el conserje de la resi, andaba cerquita, que nos llevó en coche y se convirtió así en nuestro chófer durante gran parte del día).
     
    En la Enfermería nos dijeron que era mejor ir a un hospital, ya que probablemente tendrían que darle algún que otro punto en el labio. Lo más curioso fue que enseguida le ofrecieron una mascarilla, la típica que se ponen los japoneses cuando tienen catarro, gripe o alguna alergia, por eso de no pegárselo a los demás. De hecho, ahora que pronto llega la primavera, 5 de cada 10 personas que pasan por la calle llevan una, así que es fácil "camuflarse". En el caso de María, lo de ponerse la mascarilla respondía al simple hecho de taparse para que los demás no vieran el "lamentable" estado en el que se encontraba su boca. En fin, ya se sabe que por aquí son bastante vergonzosos, pero no pensaba una que se llegase a tanto... ¡Cómo si hubiera algo por lo que avergonzarse después de haber tenido un accidente!
     
    De vuelta al coche con Otousan y de excursión al hospital, mi primera experiencia médica en Japón. Nada más entrar en el hospital en cuestión, de cabeza al mostrador. La pobre María, antes de que la viera el médico, a rellenar papeles... ¡Menos mal que no se estaba desangrando! Pronto la pasaron a uno de los boxes de la primera planta y ahí no sé qué le hicieron que al final no hizo falta coser nada; pastillas unos cuantos días y para casa. Antes de ir a la farmacia a buscar la "munición", paradita de nuevo por la recepción para recibir la factura y pagar, que en Japón se costea uno la Sanidad. Eso sí, tenemos una tarjetita con la que, por ser estudiantes extranjeras, nos hace un descuento bastante considerable. Sobre el mostrador, como en prácticamente todos los lugares en los que se paga algo, suele haber una bandejita en la que te entregan el cambio y suelen dejar tickets, facturas, resguardos o papeles similares. En este caso la bandejita tenía un dibujo de una enfermera o algo parecido y la frase "odaijini", "que te mejores".
     
    Las farmacias japonesas poco tienen que ver también con las españolas. Para empezar, tienen algún tipo de relación con el hospital o clínica en cuestión a la que uno acuda, ya que suelen estar dentro de la misma o cerca (en este caso se trataba de un pequeño local en un edificio de la misma acera). Además, cuando uno entrega la prescripción para que le den sus medicinas, se encuentra con la sorpresa de que no le dan una caja completa como en España, sino exclusivamente la dosis que el médico ha establecido; es decir, las pastillas justas para ese tratamiento, ni una más, ni una menos. Para no liarse, te las meten separadas, envase y todo, en varias bolsas de papel, cada una acompañada de su prescripción (cuántas veces al día y en qué momento del día hay que tomarla, antes o después de las comidas...); por supuesto, también te explican para qué es cada una. Lo mejor de todo en este punto del día, después del susto, fue ver la cara y los gestos de la señora que nos atendió, que lo hizo todo muy visual para que lo entendiéramos fácilmente... Es lo que tiene ser extranjero aquí, que si das con gente amable, que suele ser en la mayoría de los casos, se lo curran mucho y te ayudan todo lo que pueden.
     
    En cuanto al sistema de dar los medicamentos, estoy segura de que más de uno se estará preguntando qué hacer cuando uno no va al médico, por ejemplo, en el caso de un catarro, que solemos automedicarnos. Para estas cosas existen tiendas bastante parecidas a nuestras parafarmacias y droguerías, más bien una mezcla de las dos, ya que podemos comprar desde medicamentos tipo al Frenadol, vitaminas y complementos para dietas, hasta champú, maquillaje, potingues propios de cualquier tratamiento de belleza y perfumes.  
     
    Pasados el accidente-incidente y las visitas al hospital y farmacia, por fin pudimos acercarnos al banco, comer algo, pagar mis facturas en la Oficina de Correos, hacer la compra y volver a la resi. A esas alturas del día todos mis planes se habían visto ligeramente retrasados, por lo que mi cita de por la tarde con Yukari también tuve que aplazarla. Nos reunimos a eso de las seis en la Estación de Shinjuku, lugar donde habíamos quedado con más gente sobre las ocho. El motivo de tal encuentro: cenar algo con otros antiguos alumnos del Departamento de Español de la Universidad de Takushoku, entre ellos Seiko y Rise, a las que conocí cuando estuvieron de intercambio en Salamanca. Yukari y yo habíamos decidido vernos antes para dar una vuelta por Shinjuku y charlar un rato, que hacía tiempo que no nos veíamos. También tenía previsto entregarle su regalo de cumpleaños, pero con las prisas se me olvidó en casa.
     
    La cena estuvo muy bien, amenizada por interesantes conversaciones en español y japonés sobre los más variados temas (principalmente preguntas personales para aquellos que no me conocían y puesta al día de las vidas de los que hacía mucho tiempo que no se veían). Lo malo es que, como siempre, tuve que volverme pitando a la resi... Es lo que tiene ser Cenicienta. De vuelta en casita, una breve visita a María, capítulo de Prison Break juntas en mi habitación (mascarilla incluida) y a la cama, que había que dormir muchas horas y prepararse para la gran juerga del sábado noche.
     
     
    2/21/2007

    Días grises y otros cuentos

    Al final, por unas cosas o por otras, siempre acabo escribiendo mucho más tarde de lo que me había propuesto hacerlo en un principio. Esta vez dije que actualizaría el blog el domingo pasado, y ya estamos a martes; lo que ocurre es que me tengo que sentir verdaderamente motivada para escribir, que si no poco hay que hacer: para escribir con desgana vale más esperar a que "el viento de la inspiración cambie de dirección". Heme aquí de nuevo para contaros algunas de mis aventuras por el país del Sol Naciente, si bien la cosa últimamente está bastante tranquila, con algún que otro acontecimiento, pero tranquila al fin y al cabo.

    Cincos meses y dos días, hora arriba hora abajo: ése es el tiempo que llevo en Japón. Balance de la experiencia he ido haciendo prácticamente desde el primer mes, así que éste no es ni el momento ni el lugar indicado para introspecciones. No obstante, últimamente tiempo es precisamente lo que me sobra, si bien procuro ocuparlo, así que puedo decir alto y claro que estas denominadas "vacaciones de primavera" (el tiempo a veces de primaveral tiene poco todavía) se están caracterizando por ser un tiempo de reflexión, no sólo sobre lo que está siendo mi vida desde que llegué aquí, sino también de lo que ha sido en los últimos años, de los cambios, altibajos, idas y venidas... Pero, como acabo de decir, éste no es momento ni lugar para plasmar mis conclusiones. Yo estoy aquí para contaros lo que ha ido pasando desde la última vez que escribí, y qué mejor punto de partida que el día 14 de febrero.

    Ese día se celebra en todo el mundo San Valentín, polémicas aparte sobre si verdaderamente debe ser un día especial o en cambio debemos desecharlo por ser un burdo invento comercial y consumista de centros comerciales como el Corte Inglés. A mí lo que me interesa especialmente de este día, en este preciso año, es el hecho de que Japón sigue una costumbre un poco diferente de lo que he conocido hasta ahora... Y es que aquí no se intercambian regalos: sólo las chicas hacen regalos, en su mayoría chocolate y bombones. Como os podéis imaginar, tiendas, supermercados y centros comerciales llevan semanas preparados y decorados para atraer clientes. Seguro que os estáis preguntando el porqué de esta costumbre, pero siento deciros que no tengo respuesta. A cambio os puedo contar que el mes que viene, en un día que no recuerdo, será el turno de los chicos para hacer sus regalos. Si es que estos japonesitos míos lo tienen todo súper organizado. Ah, y ya puestos a contaros cosas curiosas, os sorprenderá saber que, si no entendí mal, en Corea del Sur el 14 de febrero es festivo nacional. Ya lo decían los hippies: "haz el amor y no la guerra".

    Os estaréis preguntando por qué os hablo de San Valentín, yo que he declarado en varias ocasiones que no me gusta ese día, que para mí cuenta el día a día, tanto para esto como para el Día del Padre, la Madre... Debe ser porque en mi casa reina esta mentalidad, y ya se sabe que uno está influido por la educación que recibe desde niño. Explicaciones aparte, el 14 de febrero, por circunstancias más o menos amargas, es un día que en los últimos años no se me olvida: en el 2005 perdí a una de las personas más importantes de mi vida; al año siguiente pude mirar atrás con tristeza y sonreír porque otras habían entrado en mi vida. Este año estoy en Japón... ¿Qué más se puede pedir? Climatológicamente fue un día horrible, pues no paró de llover e hizo mucho frío. Por suerte lo pasamos bien calentitas en la resi. Primero comida con María, Sara y Ju Hyun en la habitación de estilo tradicional japonés, risas y fotos sin sentido (por "problemas técnicos" no puedo colgarlas hasta el día 1 de marzo). Después, minisiesta en la Sala de música, en una cama improvisada de cojines, tapada hasta la nariz con una manta, durante la mitad de una película que ya había visto (el sueño pudo conmigo). Para finalizar la tarde "del amor", otra peli, A walk to remember (Un paseo para recordar). Ésta sí que la vi entera, que llevaba semanas hablando con María sobre ella, viendo trocitos en el YouTube, mi nuevo amigo, descubriendo su banda sonora y otros cuentos que no vienen al caso ahora. El caso es que nos dieron las tantas de la tarde cuando acabó la película y yo tenía un recado que cumplir: comprar el regalo de cumpleaños de Kyouhei, que fue el día 8. Como no pudimos celebrarlo entonces habíamos pensado salir el viernes 16. Por supuesto, con la que caía y el frío, me tocó ir solita, pero para nada lamenté no tener compañía. Otro día más de paseo con mi iPod y mis pensamientos. La suerte estaba de mi parte cuando salí de la tienda, pues apenas llovía y pude dar mi paseo de vuelta a casa sin tener que preocuparme del paraguas.

    El resto de la semana apenas tuvo momentos significativos: ahora los lunes y los jueves apenas paro por casa, pues son los días que trabajo. Con baile de fechas, puedo recordar que dijimos adiós a Ji Hye, para la que el año de intercambio terminó hace unos días. La noche antes de que se fuera la pasamos en mi habitación, echando unas risas, algún que otro lloro, y sacando muchas fotos sin sentido (una vez más os recuerdo que por "problemas técnicos" tendréis que esperar para verlas). También he visto más de un amanecer sentada al ordenador, pues últimamente le he cogido gusto a lo de quedarme despierta hasta las tantas de la mañana; la frase "hoy me acuesto temprano" cada vez tiene menos significado en mi vida, jejejeje.

     
    Por fin llegó el momento que habíamos estado esperando toda la semana: el viernes 16, día previsto para celebrar el cumpleaños de Kyouhei. A eso de las 6 y media nos reunimos en Shinjuku para ir a tomarnos algo al Hub, pub que a este paso se va a convertir en mi segunda casa aquí, no sin antes cenar algo, que el estómago nos lo pedía gritos. Tras alguna que otra duda y mucha indecisión, acabamos en un localillo cercano a la estación comiendo yakisoba, uno de mis platos favoritos, y varias clases de okonomiyaki, una especie de "pizza" japonesa, aunque de pizza tiene la forma y poco más. El resto de la noche, aunque corta, lo pasamos en el Hub charlando, echando unas risas y tomando algo tranquilamente. La vuelta a casa fue de lo más interesante, ya que, aunque volvíamos con tiempo de sobra, tuvimos algún que otro contratiempo. El caso es que María y yo, que teníamos programada una sesión intensiva de Prison Break al llegar a la resi, quisimos hacer acopio de víveres antes de volver. Como nos habíamos bajado en bici por la tarde, no habría ningún problema para llegar a la hora. Sin embargo, la cosa se alargó un poquito más de la cuenta y acabamos volviendo a la carrera, pedaleando a más no poder, para sujetar la puerta en lo que Risou y Sara llegaban a pie, más bien corriendo, unos cinco minutos antes de que se cerrara automáticamente. Hice ejercicio como en mucho tiempo; ni en las clases de Gimnasia del Instituto me ponía tan roja.
     
    Y la sesión intensiva de Prison Break se convirtió en maratón, pues nos quedamos hasta las 10 de la mañana pegadas a la pantalla del ordenador. Yo ya me he visto la primera temporada como cinco veces, pero... ¡Qué se le va a hacer, el vicio es el vicio! Además, me van a empezar pasar la segunda mitad de la segunda temporada esta semana y quiero que María se "reenganche" para verla juntas. Vimos amanecer, hicimos un par de vídeos chorra, el desayuno... Que conste en acta que, como buena anfitriona, ofrecí una parte a María, que como siempre, no aceptó. Me sale barata la chica, jejejeje. Hasta tuve tiempo para limpiar la habitación y hacer la colada; vamos, que acabó siendo un día de lo más productivo. Tras unas escasas horas de sueño tocaba prepararse para mi cenita hispano-japonesa en Kawasaki. A eso de las 6 y media llegué a la estación, donde Paco me estaba esperando, tal y como habíamos quedado. Fuimos juntos hasta su oficina, así que la próxima vez seré capaz de ir yo solita por el camino que me ha enseñado, o eso creo. En esta ocasión tocaba pollo asado, no sin antes saborear unos deliciosos canapés al más puro estilo español, ensaladilla rusa... Y para acompañar, una sangría de vino blanco que entraba sola de lo buena que estaba. Pero a toda Cenicienta le llega su hora de volver del baile, y, si tenemos en cuenta que yo vivo un poquito lejos, tocaba iniciar ruta a eso de las 10 de la noche.
     
    Interesante anécdota de mi vuelta a casa es el hecho de que por fin he conseguido adaptarme a esa costumbre tan nipona como es la de dormirse en el tren. De hecho, tal cabezadita me eché que, cuando me desperté en la estación en la que tenía que bajarme para cambiar de tren, estaba tan sopa que no pude reaccionar a tiempo y se cerraron las puertas del tren antes de que pudiera bajarme. Problema fácilmente solucionable, pues unos escasos minutos después de bajarme en la siguiente estación apareció un tren del sentido contrario, lo justo para volver a la estación anterior y deshacer el camino recorrido. Sea como fuere, llegué con el tiempo algo justito para darle a los pedales a toda leche y plantarme en la resi antes de que cerrara la puerta. Sana y salva, que al fin y al cabo es lo importante.
     
    El domingo dormí como un tronco, lo cual es normal si tenemos en cuenta las horas de sueño que tenía que "recuperar". Poco después de despertarme me puse manos a la obra y decidí que había llegado un momento que no podía retrasar por mucho más tiempo: intentar preparar mi primera tortilla de patata. Y es aquí donde habéis descubierto uno de mis secretos: hasta ahora no he preparado una tortilla española en mi vida, pues siempre ha habido alguien por ahí para hacerme el favor. Siguiendo las instrucciones previamente adquiridas por Skype, cortesía de mamá y papá, conseguí preparar un "ente" comestible bastante parecido a una tortilla de patata. Ahora ya sé qué puntos hay que mejorar para la próxima. Seguro que unas cuantas tortillas más serán suficiente preparación para dar a probar mi obra final a otro paladar que no sea el mío. Quizás sea capaz de aventurarme en la preparación de tortillas rellenas al más puro estilo de Charrolandia. De momento me siento más que orgullosa de mi logro, pues para ser la primera no estuvo del todo mal. Saqué un par de fotos e hice un vídeo y todo, pero tendréis que tener un poquito de paciencia para verlo, que he agotado la capacidad de almacenamiento de este mes (he aquí mis famosos "problemas técnicos"). Va a ser que venir a Japón no sólo me está acercando a una cultura prácticamente desconocida para mí hasta ahora, sino que también me permite descubrir otros mundos no explorados anteriormente... 
     
    Y aquí estoy otra semana más. Esta vez envuelta en la manta, que tengo frío y no quiero abusar de la calefacción a estas horas del día. Me han hecho madrugar para sacar mi colchón a la calle, que ahora que no hay mucha gente en la resi están aprovechando para realizar labores de mantenimiento. Hace unas semanas me revisaron el sistema contra incendios, hoy toca el colchón, el martes y el miércoles que viene cañerías y baño respectivamente. 
     
    El lunes tocó ir al trabajo; ayer martes, sesión de pelis con Sara y Gintin. El programa de hoy miércoles, aunque un poco incierto, contempla ver una película que nos quedó pendiente ayer, preparar las clases de mis niños de mañana y ponerme con la página, aunque estas dos últimas tareas ya están finiquitadas. Al final madrugar de cuando en cuando tiene sus ventajas y todo. El viernes tengo salida con Yukari y otros estudiantes de español. De hecho, si nada cambia, voy a ver a una chica que estuvo en Salamanca cuando Yukari, alguien con quien he perdido el contacto desde entonces, pero creas que no hace ilusión, pues cuando las conocí a las dos jamás me imaginé que pudiera darse la situación de vernos de nuevo precisamente en Tokio. Además, para dar broche de oro a la semana y despedirnos a lo grande de Gintin, que dentro de poco se vuelve a Indonesia tras finalizar su beca aquí, saldremos el sábado a lo "asamade" y "shinumade", que viene siendo "hasta por la mañana" y "hasta morir". Ya os contaré lo que pase.
     
    Antes de despedirme quisiera hacer un último apunte: soy consciente de que últimamente al blog le falta esa chispa de novedad que tenían los mensajes del principio, marcados por las explicaciones sobre las curiosidades de la cultura japonesa y las diferencias que observo entre lo que he visto hasta ahora y este país. El caso es que para mí cada vez todo esto es más normal y las cosas, pese a seguir llamando mi atención de una forma increible, se me escapan cuando se trata de escribir aquí. Además, si os contara todo ahora, ¿qué me quedaría para contar/enseñar en esas sesiones de fotos y vídeos que haré a la vuelta? Prometo recuperar el tono de siempre poco a poco, pero he decidido dejar algo para cuando vuelva, por hacerme de rogar un poquito
    2/10/2007

    Noches locas por Shinjuku

    Llevo un par de días dándole vueltas a la cabeza sobre cómo empezar este mensaje. En principio tenía pensado hablar de lo rápido que pasa el tiempo, pues dentro de poco hace, nada más y nada menos, 5 meses que aterricé en Japón. Para ilustrar el rápido desarrollo de mi estancia en tierras niponas había pensado poner de ejemplo lo veloz que se ha pasado esta semana, pues el viernes pasado fui a solicitar mis papeles para trabajar y ayer, justo una semana después, me pasé por Inmigración (como dice Cova: "qué mal suena eso") para recogerlos. Pero todo eso cambió hará una hora más o menos, ya que de la que iba a hacer unas compras al supermercado me he caído de la bici. Que nadie se alarme: ha sido una caída tonta y sólo tengo algunos rasguños en la rodilla, mano y pierna izquierdas (como bien podéis deducir he caído sobre la parte izquierda de mi cuerpo). Ahora me pondré un poquito de hielo y a correr. Por cierto, nunca antes había apreciado la importancia de tener jamones en vez de piernas, pues parece ser que tanta carne en mis muslos, junto con el súper abrigo de montaña que todo lo cura, han amortiguado la caída. También he tenido la suerte de que esto ocurriera dentro del campus, que no hay coches y siempre se puede llamar por el móvil a la resi o a los amigos que anden por aquí. Quitando el dolorcillo de los golpes, no ha sido para tanto. Me acordé muchísimo de mi amigo Dani Smith, que se cayó estando en Bulgaria de Erasmus hace unos meses y nos lo contó en un mail con tanto humor que yo no podía parar de reírme. Yo, por desgracia, no tengo precisamente el don de hacer reír, pero quiero dedicarle este trocito de mi mensaje especialmente a él para demostrarle que me he puesto en su piel con todas las consecuencias
     
    Sustos aparte (¿qué sería de nuestras vidas sin estos pequeños sobresaltos que producen enormes carcajadas al ser recordados posteriormente?), voy a contaros lo estupenda que fue la noche del viernes día 2. Tan tan estupenda fue que la prolongamos hasta el sábado por la tarde. Con este comentario y las fotos que colgué hace unos días sobran las palabras. No obstante, voy a ponerle un poco de contexto a las imágenes, que sacadas fuera de él pueden producir ideas erróneas y desencadenar vete a saber qué reacciones al otro lado del mundo.
     
    Como ya os conté anteriormente, el viernes pasado me fui a Tachikawa a solicitar unos papeles para poder trabajar. Como Tachikawa queda a medio camino entre Takao y Shinjuku, y yo había quedado con mis amigos a las cinco y media en Shinjuku para salir por ahí, hice un poco de tiempo mirando los precios de las cámaras de fotos para mi novio, que probablemente se compre una (la diferencia de precio merece la pena). Una vez reunidos todos, a eso de las seis, que María se retrasó un poco, nos fuimos a cenar algo al restaurante de los padres de Shin-chan. La comida deliciosa, y encima no nos dejaron pagar, así que con eso os digo todo. Después continuamos la velada en el pub Hubs. Ya allí empezamos a hacer el tonto con la cámara de fotos y comenzaron a surgir las primeras dudas: ¿volvemos antes de que cierren las puertas de la resi? ¿esperamos toda la noche por ahí hasta el primer tren? Al final tomamos una decisión de la que estoy segura ninguno se arrepentió... ¡Nos fuimos a casa de Lei a seguir con la fiesta! Desgraciadamente, Christine y Kyouhei no pudieron venirse con nosotros, así que el equipo se quedó con solo cuatro jugadores, pero ¡qué cuatro!
     
    Para empezar, locuras en el tren, fotos por un lado; fotos por el otro, el símbolo de saaa... Llegados a este punto estoy segura de que más de uno ha visto las fotos y se estará preguntando qué demonios significa el dichosito saaa que aparece en un montón de ellas. La respuesta es tan simple como estúpida, pues se trata de una partícula de las muchas que los japoneses añaden al final de sus frases para dar ciertos matices al contenido. En el caso de saaa aparentemente el significado es más bien nulo, lo que ocurre es que a todos nos resulta muy gracioso cómo suena, sobre todo porque mi amigo Kyouhei lo utiliza SIEMPRE. La cantinela del saaa perdura a día de hoy, y presiento que se ha convertido en un compañero de fatigas de todos los que estamos aquí, un recuerdo más que añadir al baúl que poco a poco estoy llenando (no, si cuando yo digo que voy tener que alquilar una furgoneta para volver es por algo). Para seguir con la fiesta, paradita en un Mc Donald's y en un Combini (nuestros 24 horas de toda la vida) para comprar algunos víveres, en especial coca-cola para el calimocho que les había prometido a mis amigos.
     
    Una vez en casa de Lei, la verdad es que es bastante complicado contaros con pelos y señales todo lo que pasó. Es en este momento en el que las fotos ocupan más protagonismo que las palabras, si bien es necesario hacer algún que otro apunte: mis imágenes durmiendo son totalmente reales. Caí rendida a eso de las 4 ó 5 de la mañana y me desperté alguna que otra vez, sobre todo para protestar porque no me dejaban dormir en condiciones. Más entrada la mañana se desmadró completamente la cosa cuando el pobrecito de Shin-chan se durmió con tres mujeres a su alrededor maquinando maléficos planes de extrañas y comprometedoras fotos. Fue muy divertido comprobar que el pobrecillo ni se inmutaba. De hecho para mí fue una especie de déjà vu, pues ya había vivido una experiencia parecida en casa de mi amiga Gallegomaña con Ricardo y Javi Francés, situación en la que éste último fue nuestra víctima: se durmió tan profundamente que no se despertó ni teniendo todo un mercadillo encima (si no me equivoco hay fotos colgadas también por aquí). Tanto se desmadró la cosa que hay algunas fotos que no he colgado por parecerme demasiado "fuertes" para ponerlas a disposición de todo el mundo, así que algunos tendréis que esperar a mi vuelta a España para ver todo el reportaje. Ah, también hay vídeos.
     
    Cuanto más avanzaba la mañana del sábado menos ganas teníamos de volver a casa, así que al final decidimos ir a comer todos juntos para celebrar lo fuertotes que habíamos sido por quedarnos despiertos hasta el día siguiente. Bueno, lo de fuertotes, algunos más que otros, que servidora, aunque no durmió mucho, algo fue. Después de comer, Shin-chan, María y yo nos fuimos hasta Shinjuku para coger el tren de vuelta a casa y nos quedamos completamente sopas del cansancio que había.
     
    Tras tanta fiesta os podéis imaginar que esta semana que está a punto de acabar me la he tomado con mucha tranquilidad, más que nada porque el lunes comencé a trabajar y los niños ya cansan de por sí como para encima ir arrastrando horas de sueño. Lo más destacado ocurrió el miércoles, día en que nos reunimos unos cuantos en Shinjuku para comer algo y dar una vuelta, más que nada con la excusa de que Marina, la prima de Kyouhei, tenía que preguntarme unas dudas de su clase de español. Yo, por mi parte, le doy la calificación de "momento estrella del día" a mi cabezadita en el tren de regreso a casa: con el catarro que he ido arrastrando esta semana me quedé completamente sopa, lo que nunca antes había conseguido en un tren nipón. Sin embargo, mi sueño se vio perturbado por un ruido cerca de mi oreja que consiguió hacerme pegar un bote y preguntarme incluso dónde demonios me encontraba (cosas de andar zombie). Yo diría que el golpe lo produjo la mano de un japo que estaba apoyado en la puerta del tren, pero desconozco el porqué.
     
    Este finde está siendo bien tranquilito, salvando el incidente de la bici. Ayer me dediqué a dar paseos sin rumbo fijo por la zona de tiendas de Hachioji, iPod en mano y bien abrigadita para no coger más catarro. Tiempo de reflexiones, vídeos sentimentales en YouTube, mucha música y muchos pensamientos. Pasar tiempo sola viene muy bien también. Además, el finde semana que viene se presenta calentito: el viernes nos vamos a celebrar el cumple de Kyouhei, que nos ha hecho 19 añitos esta semana y no hemos podido festejarlo como se merece, y el sábado, si no cambian los planes, tengo cena hispano-japonesa con gente que conocí en la Embajada y con los que estuve también cenando antes de Navidades.
     
     
    2/4/2007

    Un dia en la Escuela de Educación Primaria Minami-no

    Hacía ya tiempo que el jefe de Relaciones Internacionales nos había pedido a varios estudiantes de intercambio si podíamos ir el día 1 de febrero a la Escuela de Educación Primaria Minami-no para contarles a los alumnos curiosidades sobre nuestros respectivos países. A las 9:30 de la mañana teníamos que estar en la Salida Sur de la Estación de Takao para coger el tren a Hachioji y allí cambiar de línea para subirnos en otro tren que, tras sólo dos estaciones, nos dejaría en la de Minami-no. Cinco minutos más tarde de lo previsto y con un alumno menos, que por más que se le intentó llamar por teléfono no dio señales de vida, emprendimos ruta.
     
    Al llegar a la escuela, el tradicional ritual de quitarse los zapatos y ponerse zapatillas, aunque esta vez con una pequeña sorpresa: a cada uno nos habían asignado una taquilla en la que habían escrito nuestro nombre. También teníamos un badge preparado para que a nadie se le olvidara cómo nos llamábamos, todo ello cortesía de los niños de la escuela. Para comenzar la jornada, la directora nos llevó a una sala de reuniones en la que explicarnos el programa del día mientras tomábamos una taza de té calentito. Nada más entrar en la habitación, nuestra segunda sorpresa, pues los alumnos habían dibujado las banderas de nuestros países, y decir que la de España estaba perfecta, hasta el más mínimo detalle del Escudo.
     
    Hasta la hora de comer nos pasamos la mañana escuchando las presentaciones orales sobre distintos aspectos tradicionales de la cultura nipona que los alumnos habían preparado para nosotros. Eso sí, antes de comenzar, una calurosa bienvenida como primer contacto con los niños, pues al entrar en la zona de las aulas nos recibieron agitando pequeñas banderas de China, Taiwán, Vietnam, Corea del Sur, Egipto, Indonesia, Mongolia, Filipinas y España... ¡Qué emoción! Me daban ganas de llorar y todo. Después de una interesante comida en la que el grupo de estudiantes con el que me tocó sentarme me hizo "compremetidas" preguntas sobre mi vida privada, llegaba el turno de contarles cosillas sobre España. Básicamente me dediqué a romper esos mitos sobre las tradiciones españolas, eso de que todo es paella, flamenco, toros... Aproveché, como siempre, para hablar de sidra, fabada, playas, montaña... Pero también del Museo del Prado y otros tesoros nacionales.
     
    Sobre las 15:30 abandonamos la escuela, no sin antes recibir una gran despedida: los niños, además de darnos las gracias en repetidas ocasiones, cantaron y tocaron la flauta para nosotros. También recibimos regalos, si bien lo mejor estaba por llegar, ya que al salir al patio de la escuela, cuando pensábamos que la despedida se había terminado y tocaba volver a Takao, nos encontramos con que los alumnos nos estaban esperando para decirnos adiós y darnos las gracias de nuevo. Algunos nos daban la mano, otros incluso nos abrazaban. Lo más divertido, el grupo de niñas con el que comí, que me desearon suerte con mi novio y me pidieron por favor que me casara con él.
     
    Antes de coger el tren de vuelta hicimos una paradita para comer algo en un restaurante italiano, pues no es que el almuerzo escolar hubiera sido muy abundante. De nuevo en Takao, de nuevo la rutina, pero esa noche con un plan diferente, pues invité a Risou, Sara, Ji Hye y María a pasarse por mi habitación y hacer una pequeña fiestecilla. De las fotos se puede deducir que nos lo pasamos muy bien...

    Buscando baito desesperadamente

    Ya os comenté en mi último mensaje las diversas razones que me impulsaban a mantenerme ocupada durante las largas Vacaciones de Primavera de mi universidad, que duran hasta primeros de abril. Por ello, me tocó ponerme manos a la obra y comenzar a buscar algo de trabajo. Por suerte, María, mi amiga filipina, hace tiempo que dejó su anterior trabajo por horas (baito) y se había propuesto los mismos objetivos que yo, así que decidimos juntar esfuerzos por el bien común. Empezamos buscando en una página de Internet en inglés creada especialmente para los extranjeros interesados en currar en Japón. Allí encontramos algunas ofertas interesantes, así que empezamos a mandar currículos. Entretanto, a mí me tocaba ir a Relaciones Internacionales a pedir los papeles necesarios para poder trabajar, ya que se requiere autorización por parte de la universidad. Además, al ser extranjera, tengo que pedir en Inmigración que hagan una pequeña modificación en mi expediente, ya que mi visado es de estudiante y, aunque me permite trabajar un número limitado de horas, tiene que constar oficialmente.
     
    El martes 30, aprovechando que tenía que hacer otros trámites en Relaciones Internacionales, rellené los papeles necesarios. Además, me tocaba mantener una breve entrevista con Hashimoto-sensei, una de las profesoras encargadas de llevar los temas de estudiantes extranjeros. La finalidad de este encuentro no es otra que la de informarme del máximo de horas por semana que puedo trabajar (28), los trabajos que están prohibidos para los estudiantes e interesarse por qué tipo de trabajo es el que me gustaría hacer. A este respecto quisiera contaros una situación un poquillo embarazosa, ya que con los nervios, el decírmelo en japonés y mi "tremendo" amor por las Matemáticas, no fui capaz calcular en voz alta cuántas horas al día se puede trabajar si uno consigue un baito diario (también vaya preguntitas que le hacen a uno, ni que fuera esto el cole, jejejej). Un "tierra, trágame" en toda regla. Ni me salían las cuentas en español, no os digo más ... A ver si con el dinero que gane currando ahorro unos yenes y me compro la Nintendo DS con el Brain Training, que falta parece ser que me hace.
     
    El caso es que mi búsqueda de trabajo comenzó a dar frutos pronto, ya que esa misma semana recibí algunos correos y una llamada, ésta última concertando una entrevista para el sábado 3. Parecía que la suerte no dejaba de sonreírme, ya que uno de los e-mails hacía referencia a un puesto de profesora de inglés en mi ciudad. El día 31 conseguí concertar una entrevista para este último y parece que la cosa fue bastante bien, ya que mañana lunes empiezo de prueba. Al final cancelé la entrevista que tenía el sábado (la verdad es que de haber obtenido ese trabajo me hubiera tocado todos los días chuparme una hora y pico de trenes y metro), y estoy todavía pendiente de contestar al correo de un restaurante, también a una hora más o menos de aquí, para decirles si puedo asistir al próximo día que tienen entrevistas.
     
    Por supuesto, la vida no siempre es de color de rosa, pues de vez en cuando ocurren cosas que enturbian la felicidad y el sosiego de mis días: sin entrar en muchos detalles, porque no creo que proceda y no quiero echar más leña al fuego, mi universidad ha podido visitar mi página de YouTube y parece ser que el contenido de los vídeos no ha gustado mucho, ya que me han pedido que los borre. Tendréis que esperar hasta que vuelva para poder enseñarlos en privado. Pero vamos, que no hay nada de lo que preocuparse. Sólo fue un disgustillo, que yo estoy estupendamente y todavía tengo un montón de cosas que contaros sobre esta semana que acaba ya prontito. También iré subiendo las fotos a medida que me vayan pasando todas, ya que prefiero colgar las imágenes de una misma carpeta de una sola vez y no marearos mucho.