| Karla's profileMemoirs of ButterfliesPhotosBlogLists | Help |
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3/28/2007 Cambio de rumbo, cambio de ritmoDos semanas es el tiempo que llevo sin aparecer por aquí. Seguro que muchos pensaréis que he abandonado mi objetivo de contar cómo se desarrolla mi estancia como estudiante de intercambio en Tokio... ¡Ni mucho menos! Precisamente mi ausencia se debe a todo lo contrario: ahora más que nunca quiero contar con todo lujo de detalles lo que ocurre a mi alrededor. Además, soy consciente de que mis mensajes estaban comenzando a resultar algo monótonos y bastante previsibles, de ahí que haya preferido hacer un parón para reflexionar un poco antes de dar el siguiente paso.
Son dos los motivos principales por los que empecé este blog hace ya algún tiempo: el primero de ellos, elaborar un boletín informativo para que familiares y amigos del otro lado del mundo pudieran seguir mis aventuras sin perderse ni un solo episodio. El segundo, quizás el más importante a nivel personal, tener una especie de diario que me ayudara a recordar sin muchas lagunas estos meses en Japón una vez todo haya finalizado y retome mi vida "española". Sin embargo, hay una tercera razón que me ronda la cabeza últimamente: son varias las personas que me han sugerido adaptar mis mensajes para publicarlos en un libro. Sinceramente, escribir es una actividad que me encanta, pero nunca pensé tener el talento suficiente como para que el resto del mundo quisiera ser partícipe de mi "obra". Parece ser que hay un grupo de personas a las que el tono y estilo del blog hacen que leerlo se convierta en un no parar, como cuando comienzas una novela y la historia se pone tan interesante que no puedes dejar de pasar páginas. Quizás todo esto de publicar me quede muy grande, no lo sé... No obstante, es una posibilidad que está en el aire y se ha convertido en una gran motivación para poner más cariño y esfuerzos en relatar mi día a día en Japón.
Dejando a un lado mis proyectos como escritora, puedo deciros que estas dos semanas han sido muy tranquilitas, pues mi viaje a Kioto está a la vuelta de la esquina (nos vamos el día 1 de abril) y hay que reservar energías y dinero para darlo todo en esta nueva aventura. Si tenemos en cuenta que conocer Kioto es uno de mis sueños nipones, os podéis imaginar que los nervios y las expectativas están por las nubes. Para los que no lo sepáis, esta ciudad es "propiedad" de las geishas, mujeres pertenecientes a un mundo misterioso que en Occidente, por desgracia, ha sido y sigue siendo malinterpretado. Espero que lo que escriba aquí sirva para guiaros en dirección correcta respecto a éste y otros aspectos de la cultura y la vida diaria niponas, que a día de hoy siguen siendo grandes desconocidas en Europa.
Y como de proyectos y aventuras va la cosa, os puedo contar que precisamente ayer me metí en un nuevo fregado: un baile para la Fiesta de Bienvenida que se celebrará el día de 10 de abril en mi querida resi. Esta vez he abandonado a Britney Spears y he decidido probar suerte con Doña JLo (Jennifer López para los no familiarizados con este acortamiento tan moderno y chic) y su tema "Get right". Esperemos que no me deje una pierna por el camino, ya que la música es mucho más rápida que la de "Toxic" y exige por lo tanto movimientos un tanto gimnásticos. De momento me quedo con unas señoras agujetas derivadas de mis dos primeras horas de ensayo. Dentro de un rato tocará ponerse a ello de nuevo: con el viaje a Kioto entre medias, el inminente comienzo del curso y los días de curro no queda mucho tiempo que digamos para prepararme. Además, dado el "éxito" y difusión de la anterior coreografía, me he puesto el listón demasiado alto y temo defraudar a mis "fans". Ya veremos en qué queda la cosa...
3/13/2007 Pelis y transportesTal y como esperaba, la semana pasada transcurrió sin incidentes, tranquilamente, según lo previsto. No obstante, algo de actividad sí que hubo, pero se queda en una menudencia si la comparamos con toda la acción de la semana anterior, marcada por los "sustos" y los cambios de planes a marchas forzadas. Por esto precisamente, por la ausencia de hechos verdaderamente importantes, he decidido "aderezar" este mensaje con unas cuantas curiosidades sobre la vida nipona, que hace tiempo que no os ilustro con mi experiencia. A medida que vayáis leyendo entenderéis todo mejor...
El lunes volví reventada del trabajo, y es que todos los domingos, como se me pegan las sábanas hasta las mil (más bien hago yo que se me peguen acostándome cuando empieza a salir el sol), por la noche no hay quien pegue ojo, así que al día siguiente me cuesta un triunfo levantarme... Y eso que no tengo que madrugar precisamente mucho. Suerte que la tarde se pasa volando y, dentro de lo que cabe, mi trabajo no es precisamente una tortura, para que vamos a engañarnos. Además tengo la suerte de que los niños del lunes no son nada revoltosos. De hecho, algunos días los de la primera hora, las 14:10, se están cayendo de sueño. Vamos, que compartimos algo. El caso es que se supone que si tan reventada llego a casa tendría que caer en los brazos de Morfeo prácticamente nada más cerrar los ojitos, algo que no siempre sucede. Por eso precisamente el martes me levanté bastante tarde; pero, eso sí, completamente preparada para comerme el mundo, que el cuerpo agradece el descanso.
Precisamente el martes me propuse acercarme a la biblioteca y comenzar con aquel famoso propósito de estudiar un poquito por mi cuenta, más que nada para no sentir que soy un parásito del Gobierno japonés, que religiosamente me paga todos los meses por estar aquí, incluso cuando estoy de vacaciones (bueno, no me queda muy claro si es el Gobierno exactamente, pero digo yo que la JASSO, mi beca, dependerá del algún organismo u organización oficial, ¿no?). Sea como fuere, me pegué una duchita y me armé de valor para entrar en la biblioteca por primera vez desde hacía mucho tiempo. Como os podéis imaginar, no había mucha gente precisamente. Aguanté allí más o menos una hora, en la que me dio tiempo de encontrar unos libros que me hacían falta, echarles un vistazo y comenzar a repasar un poquillo de gramática japonesa. Justo de la que volvía a la resi en bici me encontré con María, que iba a pillar unos catálogos con las últimas ofertas de trabajo de la zona. Decidí irme con ella, a ver si en el camino la convencía para que se viniera a dar una vuelta fuera del campus. Desgraciadamente no se animó, más que nada porque llovía un poquito. Yo necesitaba encarecidamente salir de Takao, ya que me estaba entrando uno de esos agobios-asfixiamientos míos por vivir en una zona en la que sí, vale, hay un paiseje precioso, pero nada que hacer cuando uno se aburre. La lluvia me daba igual con tal de salir de aquí.
Escogí subirme en un tren que me dejara en la Estación de Hachioji, pues en los alrededores de la misma hay un montón de tiendas y algún que otro centro comercial en el que entretenerme. Ya que estaba allí quizás era hora de comprar algún trapillo primaveral, aunque el tiempo todavía no acompañe mucho. Con mi iPod en mano, me tiré como dos horas recorriendo las mismas calles, entrando en las mismas tiendas, explorando otros mundos (o sea, calles paralelas por las que nunca antes había ido).
Al día siguiente, miércoles día 7, otra cita con el aburrimiento me esperaba. Una vez más me levanté a las taitantas de la tarde y me senté al ordenador a echar un vistazo a las últimas noticias, actualizaciones de Fotologs y otras historias que me interesan. Menos mal que María me mandó un mensaje para ir a cenar juntas. Me dio justamente el aliciente que necesitaba para meterme en la ducha y salir de la resi. Además, como íbamos a un restaurante cerca del Don Quijote, lo que viene siendo a tomar vientos, podía aprovechar para realizar unas compras en esta tienda tan estupenda y tan barata. Sara también se vino. Tuvimos cotilleos y risas para rato. Tan bien nos lo estábamos pasando y tanto se alargó la cosa que llegamos a la resi casi a la hora de cierre.
El jueves se presentaba como otro jueves más: trabajo. Además, mi jefe me había llamado el día anterior para pedirme que lo sustituyera en una de sus clases, ya que él tenía unos compromisos que atender y no llegaría a la Academia hasta última hora de la tarde. Mi jornada laboral, y mi sueldo por lo tanto, aumentaban un poquillo ese día. Y es justo en este punto donde me gustaría hablaros de algunas de las diferencias existentes entre los transportes españoles y los japoneses. Por si no os queda muy claro a cuento de qué saco el tema, os recordaré que para ir a mi trabajo he de coger un tren y un autobús, de ahí que me fije mucho en estas cosas.
Lo de los trenes no tiene mucha ciencia; es decir, prácticamente funcionan igual en todo el mundo... O por lo menos esa impresión me da a mí. Sin embargo, los buses en Japón son diferentes, y no sólo porque su puntualidad sea algo que ojalá tuviéramos en España. No, precisamente no es esto lo que me llama la atención, sino la forma de subirse y bajarse de ellos, y en consecuencia la de pagar. Aquí uno se sube por la puerta de atrás, no por la de al lado del conductor. Además, es precisamente en ésta última donde se paga, justo antes de bajarse, mediante un curioso sistema: nada de darle el dinero al conductor y que éste lo guarde en un cajoncito. En Japón hay que pagar el importe justo, así que hay una maquinita para cambiar al lado de la ranura por la que hay que meter el importe del viaje. En caso de pagar con tarjeta (me refiero a la de bus, no de crédito), el sistema cambia un poquito: según se entra por la puerta de atrás, hay que meter la tarjetilla en una máquina tipo a las que hay en España para picar los bonobuses (o por lo menos antes las había, que en Salamanca los han quitado y han puesto tarjetas con chip, todo ello muy moderno). Antes de bajarse hay que volver a meterla en otra maquina similar, pero esta vez al lado del conductor.
Son curiosos también algunos elementos existentes en los buses japoneses y que, según mi forma de ver, serían impensables en España: además de los tipícos carteles de publicidad (lo normal en cualquier país), están los clásicos nipones "cuidado con el escalón" o "no se ponga de pie hasta que el vehículo no se haya parado" entre otros, todo en un lenguaje de los más educado y protector, que en este país gusta mucho "proteger". Además, el conductor parece que va de rally sin copiloto y se va cantando a sí mismo las curvas, pues cada vez que gira lo va diciendo por el micro que tiene pegado a la cara (al más puro estilo presentador de Miss España): "ahora giro a la derecha". Parece que vamos de excursión con el cole tra la lá... Pero lo mejor es cuando te dice "omataseshimashita" al arrancar después de cada parada, pues esta expresión viene a significar "perdón por haberle hecho esperar". Como si uno no supiera lo que hay cuando se sube en un bus y su parada no es precisamente de las primeras... ¡Un poquito de por favor! Y no nos olvidemos de la vocecilla que te va cantando las paradas, que de cuando en cuando añade coletillas como "pongan el móvil en modo vibrador para no molestar al resto de pasajeros", todo ello, como he dicho anteriormente, en un lenguaje requeté polite. Ah, y las paradas, que ya me las iba a dejar yo en el tintero, en las que hay cartelitos del tipo "hagan cola desde este punto".
Dejando de un lado las informaciones transportísticas, decir que el jueves acabé algo cansada, aunque no mucho más que cualquier otro jueves. Ya os he comentado en algún otro mensaje que los niños de los jueves son un poquillo más "difíciles", pero bueno, no mucho más que cualquier niño si tenemos en cuenta que no les puedo decir ni una palabrita en su propio idioma... Normal que se saturen si se pasan una hora u hora y media oyendo hablar en inglés y sólo entienden un 5% de lo que les están diciendo.
El viernes María y yo decidimos que la tarde-noche se transformara en una sesión de pelis. Para ello, además de alquilar unos dvds, necesitábamos provisiones que endulzaran las proyecciones. Al final las compras se alargaron más de lo previsto y llegamos a la resi prácticamente a la hora en que ya no se puede utilizar la sala de música, donde se encuentra el maravilloso home cinema de nuestros amores. Con nuestra dulzura manipuladora conseguimos convencer a Okaasan (mujer de Otousan) de que nos dejara la llave hasta el día siguiente. Claro está, la cosa no iba a ser tan fácil, pues en un país tan estricto como Japón romper las reglas tiene un precio: me tocaba devolver la llave a partir de las 6 de la mañana, como mucho a las 8 (y digo "me tocaba" porque esta vez fui yo la que pidió la llave, y por lo tanto la que se comprometió a devolverla). Lo que no me imaginaba es que tal "sacrificio" del madrugón no iba a ser para tanto, pues entre pitos y flautas acabamos de ver las pelis a las 4 y algo de la mañana, así que al volver a la habitación decidí quedarme despierta. Suerte que el Messenger y la diferencia horaria estaban ahí para ayudarme... Se me olvidó decir que Song se unió a nosotras, aunque no aguantó tanto.
A las 7 de la mañana del sábado día 10, después de desayunar algo, bajé a darle la llave a Okaasan y me vine tan rápido como pude para la cama, que a las 4 y media de la tarde le había prometido a María ir juntas a su nueva entrevista de trabajo (dicen por ahí "a la tercera va la vencida"). Cuando me levanté para comer algo y pegarme una duchita de esas que despiertan me caía de sueño, pero al final aguanté más de lo que yo pensaba. La entrevista no duró precisamente mucho, así que decidimos ir a devolver las pelis, coger nuevas y comprar unas cosillas antes de volver a la resi... ¡Menudos paseos que nos metimos esa tarde! Al final María también se hizo socia del videoclub y nos vinimos con tres dvds cada una. Esa noche vimos dos en mi habitación, que pedir la llave de la sala de música para estar otra vez hasta las tantas era abusar mucho.
Al día siguiente, ya domingo y final de otra semana más aquí, decidí que había que estudiar otro poquillo. Me bajé a la sala de música sobre las 5 de la tarde, una hora y pico antes de que nuestra sesión de pelis empezara again. Así, podía estudiar un ratillo antes de pasarme el resto del día sin hacer nada y "calentar" la habitación, que si no pones la calefacción con tiempo, como es una sala grande, tarda en aclimatarse y se pasa un frío horrible. Que me lo digan a mí, que en lo que estudiaba y la calefacción se ponía a funcionar tuve que taparme con una manta. Esa noche sí que tocaba alargar la sesión un poquillo más (pero sólo un poquillo), así que le pedimos a Otousan que nos dejara un ratillo más... Pero esta vez le tocó a María pedirlo, y por lo tanto devolver la llave a la mañana siguiente. Por suerte, esa tarde recibió una llamada del restaurante en el que había hecho la entrevista pidiéndole que se pasara por allí el lunes temprano por la mañana para empezar de prueba, así que no le tocaba madrugar exclusivamente para dar la llave.
Yo, por mi parte, el lunes no tenía precisamente que madrugar, aunque sí me tocaba ir al trabajo. Sin embargo, pese a estar cansada como cualquier otro domingo (con tanto vaivén en las horas de irme a la cama no me extraña), sabía de sobra que iba a ser otra de esas noches en las que me iba a costar dormir... Y eso que me fui un pelín tarde a la cama por quedarme hablando con Ryu para ultimar los detalles de nuestra salida del miércoles (próximamente en Memoirs of Butterflies
Y heme aquí de nuevo contando mis aventuras. Como podéis ver por la fecha de publicación de esta entrada, ya es martes. Efectivamente, ayer llegué agotada del trabajo y no aguanté precisamente mucho en el Messenger. No obstante, tardé un poquillo en dormirme, así que hoy me he levantado algo tarde. En realidad, a eso de las 8 de la mañana me desperté, pero decidí que estaba lo suficientemente cansada como para intentar volver a dormirme, cosa que no fue nada difícil. He comido hace unas tres horas y me he pasado las últimas dos aquí sentada, que escribir estas parrafadas lleva su tiempo. Va a ser que ahora toca estudiar un poquillo. María ha vuelto al curro hoy, así que nuestra sesión de pelis probablemente tenga lugar esta noche (falta confirmación via correo electrónico al móvil). Por el momento esto es todo... Pero sólo por el momento. Pronto más y mejor. 3/4/2007 Un viernes de lo más variopinto, oyeTodo comenzó el jueves por la noche al llegar del trabajo. Los niños habían estado bastante guerreros y mi cabeza daba bastantes vueltas después de toda la tarde con ellos, así que lo primero que hice nada más pisar mi habitación fue, como de costumbre, encender el ordenador para escuchar un poquito de música y ver el correo, pero esta vez con intención de quedarme conectada sólo un ratillo, que una ya se conoce lo suficiente como para saber que si le dan cuerda se lía y acaba viendo amanecer. El caso es que uno de los e-mails almacenados en mi bandeja de entrada venía de Carlos Montero, el director del IVEX de Tokio, al que conocí en la Embajada durante la fiesta de la Hispanidad y con el que me llevo desde entonces un tira y afloja para ver cuando narices saco tiempo y me acerco por la oficina, que está bastante lejos de mi casa, para comer con él. El caso es que le prometí que cuando tuviera mis vacaciones, trabajo buscado y mi horario bien definido se lo haría saber, y esta semana parecía ser el momento perfecto para saldar cuentas.
Unos minutos después de charlar con Carlos por teléfono, me llegó un mensaje de mi amigo Kyouhei en el que me proponía pasar la tarde-noche del viernes en el Hubs de Shinjuku. En plan me parecía perfecto, así que sólo faltaba atar algún que otro cabo suelto: qué hacer desde que acabara de comer con la gente del IVEX hasta la hora en que me reuniera con mis amigos en Shinjuku. La respuesta, una vez más, vino de Kyouhei, que me ofreció darnos una vuelta por ahí en lo que llegaban los demás. El viernes se presentaba bastante movidito en cuanto a planes, pero todos muy "de tranqui". Quién me iba a decir a mí que unas horas más tarde acabaría en la Comisaría de Takao...
El viernes por la mañana me levanté relativamente temprano para coger un tren que me dejara en Shinjuku, desde donde tenía que coger un par de metros para estar sobre las 12 en Tamekisan-no, la estación de metro más cercana a la Oficina del IVEX. Al final salí de casa un poquito más tarde de lo previsto, pero yo, que me estoy haciendo una todoterreno en esto de los transportes, no tuve ningún problema para llegar al lugar en el que había quedado con Carlos. Parece ser que poco a poco van quedando atrás esos tiempos en los que subirme a tren suponía que mi corazón comenzara a latir a 100 por hora, impulsado por las dudas de saber si realmente iba en dirección correcta.
La comida, en un restaurante italiano cercano al IVEX, dio paso al café correspondiente a toda buena sobremesa española, al que sumamos otro café en la oficina de Carlos. Cualquiera puede pensar que relacionarse con gente mucho más mayor que uno puede resultar algo bastante aburrido... Nada más lejos de la realidad, pues cuanto más tiempo paso con personas pertenecientes a generaciones anteriores a la mía más me doy cuenta de lo que se puede aprender de ellas, pero sobre todo de que, al fin y al cabo, no son tantas las diferencias que nos separan. Al final la cosa se alargó hasta el punto de que a mí me dio prácticamente la hora de reunirme con mis amigos en Shinjuku.
María no podía venir, Risou tenía trabajo y Sara no es muy amiga de los ambientes oscuros y las Happy Hours, más que nada porque su religión prohíbe el consumo de alcohol. No obstante, "mi niña" se lo pasó estupendamente la última vez que se vino al Hubs, todo a base de zumos y cócteles sin. En esta ocasión sólo estaban Kyouhei, Yuuhei (amigo de Kyouhei que se vino a Disneyland con la novia) y Christine, que se trajo a dos amigas la mar de simpáticas.
El ambiente se estancó un poquito a última hora, así que lo más divertido que me pasó fue que una chica suiza intentó ligar conmigo en el baño. Cualquiera puede pensar que un suceso así de divertido tiene poco, pero si tenemos en cuenta que la chica era súper simpática y en ningún momento hizo o dijo algo fuera de lugar, comprenderéis mi posición. Si yo hasta me sentí alagada y todo, que era bien guapa. Además, venía de la parte francófona, por lo que la ocasión se hizo perfecta para practicar francés, que desde que estoy aquí apenas tengo oportunidad de hablarlo.
Por aquel entonces se iba acercando la hora de irme, pues no me apetecía para nada andar a carreras hasta la estación, y menos ir de pie todo el trayecto en un tren abarrotado o tener que pedalear a toda leche para llegar antes de la hora de cierre de la resi. La verdad es que estaba bastante cansada después del trajín de todo el día. El resto del grupo todavía se quedaba un ratillo más, así que me despedí de ellos y me fui, iPod en mano, dando un paseo tranquilo hasta la estación. Una vez más, la sonrisa de oreja a oreja por tener la oportunidad de "perderme" por las calles de Shinjuku, una de mis zonas preferidas, llenas de luces, gente edificios... Por tercera vez viajé en uno de los famosos vagones habilitados sólo para mujeres. Son la mar de prácticos, pues el número de pasajeros que viaja en ellos es mucho más reducido, por lo que las posibilidades de encontrar asiento son mayores. No hay ningún japonés guapete para alegrarme la vista, pero la experiencia de analizar los distintos tipos de mujeres que pululan por el país no tiene desperdicio alguno.
Al llegar a Takao a las 11 tenía algo de hambre, ya que apenas había picado un poco de lo que habían pedido para acompañar la bebida. Decidí entonces hacer una parada por el Mc Donald's y comer algo allí, que tenía la bici aparcada cerca y tiempo de sobra. Sin embargo, la noche dio un giro de 180 grados de la que volvía para casa: a medio camino me encontré con Risou, bici aparcada a un lado del camino, y dos policías en moto. Uno de ellos estaba comprobando el número de registro de la bici; el otro no paraba de hacerle preguntas a Risou.
La hora de cierre de la resi se iba acercando cada vez más, pero yo no podía dejar a la mujer sola con semejante percal. Resultó que la bici que Otousan le había prestado, perteneciente a alguno de los anteriores residentes que ya había acabado sus estudios en la uni, había sido robada hace tres años en Kokubunji, a unas cuantas estaciones de aquí. Tocaba ir a comisaría a resolver el entuerto. Los policías me pidieron si podía acompañarles para no dejar a mi amiga sola. La verdad es que, aunque no me lo hubieran dicho, yo les habría pedido permiso para ir con ellos, pues no le deseo a nadie pasar semejante trago en un país diferente del tuyo sin nadie para apoyarte. Al poco rato de decirnos que teníamos que irnos a comisaría con ellos hasta que Otousan se acercara para resolverlo todo, llegó una furgoneta para cargar las bicis (incluída la mía, que no la íbamos a dejar ahí plantada).
Prácticamente nada más llegar a comisaría me tocó cambiar de la furgoneta a un coche más pequeño, ya que los policías me pidieron que fuera con ellos hasta el campus para recoger a Otousan. Durante el trayecto me dieron charla y todo, la mar de majos, oye. La verdad sea dicha, en ningún momento se portaron mal ni conmigo ni con Risou, lo único porque la pobrecilla estaba bastante descolocada por todo lo que había sucedido y a veces no sabía muy bien ni qué contestarles. Sea como fuere, todo se arregló. En lo que "interrogaban" a Otousan y a Risou en salas diferentes, a mí me tenían esperando sin nada que hacer en un rinconcillo de la sala principal. Al final me puse a caciquear en el diccionario, que me lo llevo en el bolso hasta cuando voy de fiesta. Tenía el iPod, pero pasé de escuchar música, que yo quería enterarme de todo lo que se decía por esos lares.
Nos dieron las 2 y algo de la mañana con la Policía. Nos trajeron de vuelta en la misma furgoneta en la que nos habían llevado, ya que tenían que transportar mi bici. La otra se la quedaron... Supongo que se la devolverán a su dueño original. Lo que no entiendo muy bien es cómo en tres años que la han estado utilizando varios estudiantes de esta residencia nunca ninguno ha tenido semejante percance con la Policía. En fin, otro de esos misterios sin resolver de mi vida, uno difícil de olvidar además, pues nunca antes me ha llevado la Policía en furgoneta y coche. Al llegar a casa estaba súper cansada, así que me dormí en un plis. Me tuve que tomar un Nolotil inyectable y todo para levantarme al día siguiente como una rosa, sin rastro alguno del dolor de cabeza que me había estado dando la puñeta toda la noche anterior.
El sábado a partir de las 6 de la tarde teníamos programada una fiestecilla en la resi, así que tocaba bajarse un poco antes al súper para hacer las últimas compras. María también necesitaba algunas cosas para completar su aporte culinario a la fiesta, así que se vino conmigo. Todos los asistentes compramos y/o cocinamos diferentes platos, así que el menú fue de lo más variado. Lo pasamos estupendamente hasta las 10 de la noche, hora a la que hay que abandonar las zonas comunes. Además, uno de mis amigos que vive aquí, Song, ha vuelto de China después de pasar el Año Nuevo con su familia, así que me puse la mar de contenta al verlo. Dentro de poco sabrá si le conceden una beca para irse un año a Inglaterra, y creo que estoy yo más nerviosa que él... ¡Crucemos los dedos!
Y ahora tengo que dejaros, que he quedado dentro de un ratillo con María para ir a cenar sushi y me tengo que pegar una duchita ya si no quiero llegar tarde. He colgado nuevas fotos, aunque todavía faltan algunas para llenar la carpeta "Febrero 2007", pero al menos tenéis el aperitivo. Mañana toca currar, como todos los lunes. El resto de la semana no sé en qué quedará, pero de momento no hay ningún plan a la vista. Os iré poniendo al día de lo que vaya ocurriendo... |
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