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    4/14/2007

    Karla From The Block (no me convertí en JLo pero tampoco morí en el intento)

    Indecisión hasta el último momento sobre si bailar o no; ensayos hasta dos horas antes de la Fiesta de Bienvenida... ¡Menudo fregao! El día 10 por la tarde no sabía si fingir encontrarme mal o simplemente afrontar la verdad: el baile no estaba lo suficientemente pulido como para salir a escena. Por más que me hubiera esforzado quizás era hora de admitir que se necesita más que voluntad para bailar ciertas canciones: se necesita tiempo para ensayar, y con el viaje a Kioto y la apatía en ciertos momentos parecía que a mí se me había agotado. No obstante, la cosa no salió tan mal, y cuando escuché las primeras notas de Get Right decidí sacar lo mejor de mí y deshacerme de preocupaciones. Recordé que bailo no sólo para entretener a los demás, sino, más bien, para divertirme practicando el que para mí es uno de los mejores deportes del mundo.
     
    Independientemente de mi talento (los que queráis el vídeo pronto podréis juzgarlo), acabé la fiesta recibiendo múltiples cumplidos, así que me sentía lo suficientemente animada como para ir al karaoke cercano a la estación y tomarme unas cervezas en lo que cantaba algunas de mis canciones favoritas. Quizás esta juerga con algunos de los nuevos alumnos de Takushoku y habitantes de la resi se convierta en una de muchas, pues el ambiente fue estupendo y pronto hicimos buenas migas.
     
    Al día siguiente madrugar para afrontar el primer día del curso no resultó un gran esfuerzo: en mi cabeza todavía resonaban algunas de las canciones de la noche anterior. Además, ver por el Campus a compañeros con los que no coincidía desde exámenes y recibir de nuevo felicitaciones y cumplidos por el baile eran buenos motivos para sonreír. Eso sí, mi cara iba cambiando a medida que el día avanzaba, el cansancio se iba notando y algunas clases se alargaban más de la cuenta pese a ser solamente la presentación. Suerte que los nuevos proyectos estaban ahí para llenarme la cabeza de pájaros y hacer que me tome las cosas con calma, que acabamos de empezar.
     
    Nuevos proyectos.. Muchos os preguntaréis qué nuevas aventuras me esperan o qué locuras se me están pasando por la cabeza en estos momentos (tened en cuenta que llevo desde el jueves encerrada en casa sin hacer nada para recuperarme del cuello). Ni siquiera yo puedo hacerme una idea de lo que está por venir, pero estad seguros de que, tarde o temprano, acabará apareciendo aquí.

    Vuelvo a las andadas

    Mucho trabajo atrasado en el blog... Y cada vez menos tiempo para ponerme al día con mis asuntos pendientes: el miércoles comencé un nuevo curso universitario, mis últimos meses de estancia en el país del Sol Naciente, así que he decidido ponerme las pilas con la página y darle un poco más de vida siempre que tenga un hueco, sobre todo si tenemos en cuenta que me quedan muchísimas cosas por contar (el tiempo pasa deprisa y cuando me quiera dar cuenta he aterrizado en Barajas con los deberes sin hacer).
     
    Este finde había pensado que sería la fecha ideal para actualizar con las últimas novedades: principalmente mi viaje a Kioto . Sin embargo, un pequeño contratiempo me tiene encerrada en casa desde el jueves por la tarde y con pocas energías para escribir. Que nadie se asuste, pues lo único que ha ocurrido es que me levanté con un fuerte dolor de cuello, debido, me imagino, a una mala postura durmiendo, y acabé en el hospital porque los dolores apenas me dejaban moverme. Me dieron un montón de pastillas, que son las que me tienen prácticamente todo el día tirada en la cama durmiendo el colocón. Eso sí, después de dos días recluida puedo decir que me encuentro muchísimo mejor y ya giro un poquito el cuello, así que seguro que para el lunes estoy lista y preparada para volver a clase y a currar (menos mal que esta semana tenía vacaciones en la academia).
     
    Para empezar con mi vuelta al ruedo he de retroceder al mes pasado, pues después de hablar brevemente sobre mi visita a Foodex me quedó pendiente contaros cómo había sido mi pequeña excursión al acuario de Shinagawa el 16 de marzo. Sin entrar en muchos detalles, digamos que nos reunimos unos cuantos, en un principio sin motivo aparente. Al final la ocasión se presentó perfecta para celebrar la fiesta de despedida de Gintin, que pronto regresaría a Indonesia tras haber finalizado su año en Takushoku. Sobra decir que la juerga nocturna se alargó hasta las primeras horas del día siguiente, como siempre, en casa de Lei (¡qué sería de todos nosotros sin ella!). En cuanto al acuario, un poco más pequeño de lo que esperábamos, pero la variedad de especies resultó muy interesante, y el espectáculo con delfines una auténtica pasada. Ah, ya se me olvidaba: si alguna vez podemos pasear juntos por Shinjuku, he de llevaros a un bar típico de lo más curioso, empezando por los dueños, unos viejetes la mar de simpáticos que te dan conversación por un tubo, pero de la interesante. Además, la comida está riquísima y hay un montón de sitios del estilo en una calle súper estrecha en la que se puede encontrar a todo tipo de personajes... Zona apta sólo para aquellos que se atrevan a conocer el verdadero Japón.
     
    Abriendo un largo paréntesis que abarca el viaje a Kioto (tema pendiente para el próximo mensaje), paso directamente a hablar del final de mis largas vacaciones... Por muy estúpido que pueda sonar, llegué a un punto en el que una parte de mí deseaba que finalizasen para emprender la rutina universitaria, pero sobre todo, para poner un poquito de orden en mi vida, ya que salvando los días que tenía trabajo y los pocos que toqué los libros, estas vacaciones no han sido muy productivas académicamente hablando. No obstante, dejaré para otra ocasión este debate, pues mi conciencia, pese a haber vageado muchísimo, siente que ha vivido experiencias de las que también se aprende sin necesidad de pasarse horas en la biblioteca. Además, se puede decir que descansar no nos ha venido nada mal para afrontar con energías el nuevo curso: a partir de ahora vamos a llevar un ritmo de estudio, trabajo y diversión bastante frenético. Sí, frenético, pues, además de coger alguna que otra asignatura más que el curso pasado, planeo apuntarme a algunas actividades extraescolares para hacer un poco de ejercicio, conocer gente y aumentar mis posibilidades de practicar japonés divirtiéndome. Por supuesto, seguiré con el curro dando clases de inglés.
     
    Respecto a mi trabajo, contaros que el sábado de la semana pasado se celebró, como todos los años, la fiesta de Semana Santa, en la que los niños tienen que buscar los huevos de plástico llenos de chucherías y otros premios que previamente habíamos escondido los profes por todo el patio de Yuyake (es el jardín de infancia al que voy a dar clase los lunes). La menda, además de pasarse parte de la tarde preparando los huevos y escondiéndolos, se enfundó en el traje de Conejo de Pascua, que con el jaleo de correr pa' un lado y pa' otro acabó convirtiéndose en mi sauna particular. La verdad es que lo pasé estupendamente, para que vamos a engañarnos... Se puede decir que yo era la más niña de todos, y eso que había algún bebé por allí. Y, para cerrar la noche, la más dulce de las sorpresas, pues el jefe nos invitó a picar algo con unas cuantas cervezas. La cosa tenía pinta de acabarse temprano y pocos de los presentes estábamos dispuestos a marcharnos a casa a las 10 de la noche, así que decidimos continuar la fiesta... Kichijoji fue el lugar elegido, y Lei y algunos de sus amigos nuestros acompañantes.
     
    A mitad de la noche el grupo acabó separándose, y Shin-chan, Lei y servidora cambiamos de local, que nos apetecía escuchar buena música y tomar unas copas en lo que movíamos el esqueleto. Encontramos un bar pequeño y de aspecto un tanto extraño que resultó ser la juerga padre... Acabamos cantando, bailando, hablando con los dueños... Y a mí me bautizaron Beyoncé por la "fuerza" demostrada desde las primeras notas de Crazy in Love. De hecho, cuando estábamos preparándonos para salir de allí, uno de los amigos de los dueños me preguntó: "Beyoncé, ¿ya te vas para casa?" Mis amigos y yo no pudimos dejar de reírnos el resto de la noche... Nos fuimos a un parque de la zona a contemplar los cerezos mientras llenábamos el estómago con productos Mc Donald's, todo ello amenizado por la orquesta personal del iPod de Shin-chan y el sinfín de paridas sin sentido sobre la visita relámpago de Beyoncé a Tokio y su particular ohanami (contemplar los cerezos en flor) en el parque Inokashira de Kichijoji. También se formularon numerosas hipótesis sobre la ausencia de Jay-Z en tan importante evento.
     
    Prometo que a partir de ahora el blog recobrará vida gracias a mis múltiples experiencias e historias. Mis cinco sentidos vuelven a estar alerta cada vez que salgo de casa, todo ello en busca de nuevas curiosidades sobre la vida en Japón. Amigos, vuelvo a las andadas.
    4/8/2007

    VIP

    Nunca pensé que venir a Japón me iba a abrir tantas puertas... El caso es que desde que me subí al avión en París he ido conociendo a una serie de personas a las que se puede encuadrar en la expresión "tener contactos". Sin embargo, lo importante de conocer a gente con cierto poder no reside precisamente en que te puedan ayudar el día de mañana a abrirte camino en el mundo laboral, sino, más a corto plazo, en tu vida diaria... Esta reflexión medianamente profunda y el título de mi mensaje vienen a cuento de que hace más o menos un mes, gracias a uno de esos "contactos", conseguí dos invitaciones para asistir a una de las ferias de alimentación más importantes de Asia: Foodex 2007. Con presencia de empresas de prácticamente todos los países del mundo, Foodex se presentaba como la ocasión perfecta para escapar de la rutina durante unas horas y degustar variopintos manjares, aunque a mí lo que más me importaba era pasarme por la zona española, presentar mis respetos a los conocidos que encontrara por allí y deshacerme de la morriña con unas copitas de vino tinto y unas tapitas de jamón serrano.
     
    Para acompañarme en tal ocasión le propuse a Ryu que se viniera, pues sólo tenía una entrada extra y fue a él a quien le comenté en primer lugar que me darían invitaciones (de haber podido conseguir otra hubiera sido para mi querida Yukari, que para algo ella y Ryu son mis estudiantes de español preferidos)... Y es que, amigos, entrar en Foodex por la cara está bastante complicado, pues se trata de un evento orientado a la importación-exportación, y no a un puñado de gorrones como yo que lo único que queremos es ponernos las botas a por la cara. Para las gentes de mi calaña que no consiguen invitación sólo hay un remedio: pagar la friolera de 5000 yenes
     
    Sin entretenerme dando detalles sobre el madrugón, los cambios de trenes y lo lejos que está el megapabellón en el que me pasé gran parte del miércoles 14 de marzo, paso directamente a dar unas cuantas pinceladas de lo que fue la experiencia en sí. Para empezar, hay que destacar una vez más lo sofisticados y puntillosos que son los nipones en cuanto a organización: las zonas de entrada bien limitadas, colas de personas civilizadas, empleados con megáfonos (por supuesto uniformados) dando instrucciones, zona para fumar... Para continuar, me resulta imposible describiros todo lo que pude ver y probar por allí, pero si que os puedo decir que en unas horas volví a España a por quesito, jamón, vino y miel, me di una vuelta por México con sus tequilas de reserva y sus Coronitas, comí fruta en Colombia y Perritos Calientes en Estados Unidos... Vamos, que me lo pasé como los indios. Eso sí, para mí lo más importante del día no fue comer y beber de gorra, sino ver a ciertas personas que se han portado conmigo excelentemente desde que llegué a Japón. Precisamente a este respecto, cabe retomar una de las primeras frases de este mensaje: "(...) desde que me subí al avión en París he ido conociendo a una serie de personas a las que se puede encuadrar en la expresión "tener contactos"." Y es que durante las largas horas que me pasé dando paseitos por el avión tuve la gran suerte de conocer al representante de una empresa de lácteos de Elche que resultó, además de ser un señor muy simpático, tener un interés especial por Japón, más que nada porque su empresa se está abriendo camino aquí y ha venido en varias ocasiones. El caso es que hemos estado en contacto durante estos meses y cuando me comentó que venía para Foodex sabía que era la oportunidad perfecta para vernos y poder agradecerle en persona los detalles que ha tenido conmigo. De hecho, me pasé prácticamente toda la mañana sentada en su stand. Al final, entre risas y cachondeo me acabaron ofreciendo trabajo, así que quién sabe si el día de mañana no acabo vendiendo quesos, je je je...
     
    Ese día volví a casa con un queso, un tarro de miel y otro de polen, pero, sobre todo, con la satisfacción y la felicidad de saber que el mundo, al fin y al cabo, es pequeño, y que hay casualidades que endulzan la vida agradablemente...