| Karla's profileMemoirs of ButterfliesPhotosBlogLists | Help |
|
4/14/2007 Karla From The Block (no me convertí en JLo pero tampoco morí en el intento)Indecisión hasta el último momento sobre si bailar o no; ensayos hasta dos horas antes de la Fiesta de Bienvenida... ¡Menudo fregao! El día 10 por la tarde no sabía si fingir encontrarme mal o simplemente afrontar la verdad: el baile no estaba lo suficientemente pulido como para salir a escena. Por más que me hubiera esforzado quizás era hora de admitir que se necesita más que voluntad para bailar ciertas canciones: se necesita tiempo para ensayar, y con el viaje a Kioto y la apatía en ciertos momentos parecía que a mí se me había agotado. No obstante, la cosa no salió tan mal, y cuando escuché las primeras notas de Get Right decidí sacar lo mejor de mí y deshacerme de preocupaciones. Recordé que bailo no sólo para entretener a los demás, sino, más bien, para divertirme practicando el que para mí es uno de los mejores deportes del mundo.
Independientemente de mi talento (los que queráis el vídeo pronto podréis juzgarlo), acabé la fiesta recibiendo múltiples cumplidos, así que me sentía lo suficientemente animada como para ir al karaoke cercano a la estación y tomarme unas cervezas en lo que cantaba algunas de mis canciones favoritas. Quizás esta juerga con algunos de los nuevos alumnos de Takushoku y habitantes de la resi se convierta en una de muchas, pues el ambiente fue estupendo y pronto hicimos buenas migas.
Al día siguiente madrugar para afrontar el primer día del curso no resultó un gran esfuerzo: en mi cabeza todavía resonaban algunas de las canciones de la noche anterior. Además, ver por el Campus a compañeros con los que no coincidía desde exámenes y recibir de nuevo felicitaciones y cumplidos por el baile eran buenos motivos para sonreír. Eso sí, mi cara iba cambiando a medida que el día avanzaba, el cansancio se iba notando y algunas clases se alargaban más de la cuenta pese a ser solamente la presentación. Suerte que los nuevos proyectos estaban ahí para llenarme la cabeza de pájaros y hacer que me tome las cosas con calma, que acabamos de empezar.
Nuevos proyectos.. Muchos os preguntaréis qué nuevas aventuras me esperan o qué locuras se me están pasando por la cabeza en estos momentos (tened en cuenta que llevo desde el jueves encerrada en casa sin hacer nada para recuperarme del cuello). Ni siquiera yo puedo hacerme una idea de lo que está por venir, pero estad seguros de que, tarde o temprano, acabará apareciendo aquí. Vuelvo a las andadasMucho trabajo atrasado en el blog... Y cada vez menos tiempo para ponerme al día con mis asuntos pendientes: el miércoles comencé un nuevo curso universitario, mis últimos meses de estancia en el país del Sol Naciente, así que he decidido ponerme las pilas con la página y darle un poco más de vida siempre que tenga un hueco, sobre todo si tenemos en cuenta que me quedan muchísimas cosas por contar (el tiempo pasa deprisa y cuando me quiera dar cuenta he aterrizado en Barajas con los deberes sin hacer).
Este finde había pensado que sería la fecha ideal para actualizar con las últimas novedades: principalmente mi viaje a Kioto . Sin embargo, un pequeño contratiempo me tiene encerrada en casa desde el jueves por la tarde y con pocas energías para escribir. Que nadie se asuste, pues lo único que ha ocurrido es que me levanté con un fuerte dolor de cuello, debido, me imagino, a una mala postura durmiendo, y acabé en el hospital porque los dolores apenas me dejaban moverme. Me dieron un montón de pastillas, que son las que me tienen prácticamente todo el día tirada en la cama durmiendo el colocón. Eso sí, después de dos días recluida puedo decir que me encuentro muchísimo mejor y ya giro un poquito el cuello, así que seguro que para el lunes estoy lista y preparada para volver a clase y a currar (menos mal que esta semana tenía vacaciones en la academia).
Para empezar con mi vuelta al ruedo he de retroceder al mes pasado, pues después de hablar brevemente sobre mi visita a Foodex me quedó pendiente contaros cómo había sido mi pequeña excursión al acuario de Shinagawa el 16 de marzo. Sin entrar en muchos detalles, digamos que nos reunimos unos cuantos, en un principio sin motivo aparente. Al final la ocasión se presentó perfecta para celebrar la fiesta de despedida de Gintin, que pronto regresaría a Indonesia tras haber finalizado su año en Takushoku. Sobra decir que la juerga nocturna se alargó hasta las primeras horas del día siguiente, como siempre, en casa de Lei (¡qué sería de todos nosotros sin ella!). En cuanto al acuario, un poco más pequeño de lo que esperábamos, pero la variedad de especies resultó muy interesante, y el espectáculo con delfines una auténtica pasada. Ah, ya se me olvidaba: si alguna vez podemos pasear juntos por Shinjuku, he de llevaros a un bar típico de lo más curioso, empezando por los dueños, unos viejetes la mar de simpáticos que te dan conversación por un tubo, pero de la interesante. Además, la comida está riquísima y hay un montón de sitios del estilo en una calle súper estrecha en la que se puede encontrar a todo tipo de personajes... Zona apta sólo para aquellos que se atrevan a conocer el verdadero Japón.
Abriendo un largo paréntesis que abarca el viaje a Kioto (tema pendiente para el próximo mensaje), paso directamente a hablar del final de mis largas vacaciones... Por muy estúpido que pueda sonar, llegué a un punto en el que una parte de mí deseaba que finalizasen para emprender la rutina universitaria, pero sobre todo, para poner un poquito de orden en mi vida, ya que salvando los días que tenía trabajo y los pocos que toqué los libros, estas vacaciones no han sido muy productivas académicamente hablando. No obstante, dejaré para otra ocasión este debate, pues mi conciencia, pese a haber vageado muchísimo, siente que ha vivido experiencias de las que también se aprende sin necesidad de pasarse horas en la biblioteca. Además, se puede decir que descansar no nos ha venido nada mal para afrontar con energías el nuevo curso: a partir de ahora vamos a llevar un ritmo de estudio, trabajo y diversión bastante frenético. Sí, frenético, pues, además de coger alguna que otra asignatura más que el curso pasado, planeo apuntarme a algunas actividades extraescolares para hacer un poco de ejercicio, conocer gente y aumentar mis posibilidades de practicar japonés divirtiéndome. Por supuesto, seguiré con el curro dando clases de inglés.
Respecto a mi trabajo, contaros que el sábado de la semana pasado se celebró, como todos los años, la fiesta de Semana Santa, en la que los niños tienen que buscar los huevos de plástico llenos de chucherías y otros premios que previamente habíamos escondido los profes por todo el patio de Yuyake (es el jardín de infancia al que voy a dar clase los lunes). La menda, además de pasarse parte de la tarde preparando los huevos y escondiéndolos, se enfundó en el traje de Conejo de Pascua, que con el jaleo de correr pa' un lado y pa' otro acabó convirtiéndose en mi sauna particular. La verdad es que lo pasé estupendamente, para que vamos a engañarnos... Se puede decir que yo era la más niña de todos, y eso que había algún bebé por allí. Y, para cerrar la noche, la más dulce de las sorpresas, pues el jefe nos invitó a picar algo con unas cuantas cervezas. La cosa tenía pinta de acabarse temprano y pocos de los presentes estábamos dispuestos a marcharnos a casa a las 10 de la noche, así que decidimos continuar la fiesta... Kichijoji fue el lugar elegido, y Lei y algunos de sus amigos nuestros acompañantes.
A mitad de la noche el grupo acabó separándose, y Shin-chan, Lei y servidora cambiamos de local, que nos apetecía escuchar buena música y tomar unas copas en lo que movíamos el esqueleto. Encontramos un bar pequeño y de aspecto un tanto extraño que resultó ser la juerga padre... Acabamos cantando, bailando, hablando con los dueños... Y a mí me bautizaron Beyoncé por la "fuerza" demostrada desde las primeras notas de Crazy in Love. De hecho, cuando estábamos preparándonos para salir de allí, uno de los amigos de los dueños me preguntó: "Beyoncé, ¿ya te vas para casa?" Mis amigos y yo no pudimos dejar de reírnos el resto de la noche... Nos fuimos a un parque de la zona a contemplar los cerezos mientras llenábamos el estómago con productos Mc Donald's, todo ello amenizado por la orquesta personal del iPod de Shin-chan y el sinfín de paridas sin sentido sobre la visita relámpago de Beyoncé a Tokio y su particular ohanami (contemplar los cerezos en flor) en el parque Inokashira de Kichijoji. También se formularon numerosas hipótesis sobre la ausencia de Jay-Z en tan importante evento.
Prometo que a partir de ahora el blog recobrará vida gracias a mis múltiples experiencias e historias. Mis cinco sentidos vuelven a estar alerta cada vez que salgo de casa, todo ello en busca de nuevas curiosidades sobre la vida en Japón. Amigos, vuelvo a las andadas. 4/8/2007 VIPNunca pensé que venir a Japón me iba a abrir tantas puertas... El caso es que desde que me subí al avión en París he ido conociendo a una serie de personas a las que se puede encuadrar en la expresión "tener contactos". Sin embargo, lo importante de conocer a gente con cierto poder no reside precisamente en que te puedan ayudar el día de mañana a abrirte camino en el mundo laboral, sino, más a corto plazo, en tu vida diaria... Esta reflexión medianamente profunda y el título de mi mensaje vienen a cuento de que hace más o menos un mes, gracias a uno de esos "contactos", conseguí dos invitaciones para asistir a una de las ferias de alimentación más importantes de Asia: Foodex 2007. Con presencia de empresas de prácticamente todos los países del mundo, Foodex se presentaba como la ocasión perfecta para escapar de la rutina durante unas horas y degustar variopintos manjares, aunque a mí lo que más me importaba era pasarme por la zona española, presentar mis respetos a los conocidos que encontrara por allí y deshacerme de la morriña con unas copitas de vino tinto y unas tapitas de jamón serrano.
Para acompañarme en tal ocasión le propuse a Ryu que se viniera, pues sólo tenía una entrada extra y fue a él a quien le comenté en primer lugar que me darían invitaciones (de haber podido conseguir otra hubiera sido para mi querida Yukari, que para algo ella y Ryu son mis estudiantes de español preferidos)... Y es que, amigos, entrar en Foodex por la cara está bastante complicado, pues se trata de un evento orientado a la importación-exportación, y no a un puñado de gorrones como yo que lo único que queremos es ponernos las botas a por la cara. Para las gentes de mi calaña que no consiguen invitación sólo hay un remedio: pagar la friolera de 5000 yenes
Sin entretenerme dando detalles sobre el madrugón, los cambios de trenes y lo lejos que está el megapabellón en el que me pasé gran parte del miércoles 14 de marzo, paso directamente a dar unas cuantas pinceladas de lo que fue la experiencia en sí. Para empezar, hay que destacar una vez más lo sofisticados y puntillosos que son los nipones en cuanto a organización: las zonas de entrada bien limitadas, colas de personas civilizadas, empleados con megáfonos (por supuesto uniformados) dando instrucciones, zona para fumar... Para continuar, me resulta imposible describiros todo lo que pude ver y probar por allí, pero si que os puedo decir que en unas horas volví a España a por quesito, jamón, vino y miel, me di una vuelta por México con sus tequilas de reserva y sus Coronitas, comí fruta en Colombia y Perritos Calientes en Estados Unidos... Vamos, que me lo pasé como los indios. Eso sí, para mí lo más importante del día no fue comer y beber de gorra, sino ver a ciertas personas que se han portado conmigo excelentemente desde que llegué a Japón. Precisamente a este respecto, cabe retomar una de las primeras frases de este mensaje: "(...) desde que me subí al avión en París he ido conociendo a una serie de personas a las que se puede encuadrar en la expresión "tener contactos"." Y es que durante las largas horas que me pasé dando paseitos por el avión tuve la gran suerte de conocer al representante de una empresa de lácteos de Elche que resultó, además de ser un señor muy simpático, tener un interés especial por Japón, más que nada porque su empresa se está abriendo camino aquí y ha venido en varias ocasiones. El caso es que hemos estado en contacto durante estos meses y cuando me comentó que venía para Foodex sabía que era la oportunidad perfecta para vernos y poder agradecerle en persona los detalles que ha tenido conmigo. De hecho, me pasé prácticamente toda la mañana sentada en su stand. Al final, entre risas y cachondeo me acabaron ofreciendo trabajo, así que quién sabe si el día de mañana no acabo vendiendo quesos, je je je...
Ese día volví a casa con un queso, un tarro de miel y otro de polen, pero, sobre todo, con la satisfacción y la felicidad de saber que el mundo, al fin y al cabo, es pequeño, y que hay casualidades que endulzan la vida agradablemente... 3/28/2007 Cambio de rumbo, cambio de ritmoDos semanas es el tiempo que llevo sin aparecer por aquí. Seguro que muchos pensaréis que he abandonado mi objetivo de contar cómo se desarrolla mi estancia como estudiante de intercambio en Tokio... ¡Ni mucho menos! Precisamente mi ausencia se debe a todo lo contrario: ahora más que nunca quiero contar con todo lujo de detalles lo que ocurre a mi alrededor. Además, soy consciente de que mis mensajes estaban comenzando a resultar algo monótonos y bastante previsibles, de ahí que haya preferido hacer un parón para reflexionar un poco antes de dar el siguiente paso.
Son dos los motivos principales por los que empecé este blog hace ya algún tiempo: el primero de ellos, elaborar un boletín informativo para que familiares y amigos del otro lado del mundo pudieran seguir mis aventuras sin perderse ni un solo episodio. El segundo, quizás el más importante a nivel personal, tener una especie de diario que me ayudara a recordar sin muchas lagunas estos meses en Japón una vez todo haya finalizado y retome mi vida "española". Sin embargo, hay una tercera razón que me ronda la cabeza últimamente: son varias las personas que me han sugerido adaptar mis mensajes para publicarlos en un libro. Sinceramente, escribir es una actividad que me encanta, pero nunca pensé tener el talento suficiente como para que el resto del mundo quisiera ser partícipe de mi "obra". Parece ser que hay un grupo de personas a las que el tono y estilo del blog hacen que leerlo se convierta en un no parar, como cuando comienzas una novela y la historia se pone tan interesante que no puedes dejar de pasar páginas. Quizás todo esto de publicar me quede muy grande, no lo sé... No obstante, es una posibilidad que está en el aire y se ha convertido en una gran motivación para poner más cariño y esfuerzos en relatar mi día a día en Japón.
Dejando a un lado mis proyectos como escritora, puedo deciros que estas dos semanas han sido muy tranquilitas, pues mi viaje a Kioto está a la vuelta de la esquina (nos vamos el día 1 de abril) y hay que reservar energías y dinero para darlo todo en esta nueva aventura. Si tenemos en cuenta que conocer Kioto es uno de mis sueños nipones, os podéis imaginar que los nervios y las expectativas están por las nubes. Para los que no lo sepáis, esta ciudad es "propiedad" de las geishas, mujeres pertenecientes a un mundo misterioso que en Occidente, por desgracia, ha sido y sigue siendo malinterpretado. Espero que lo que escriba aquí sirva para guiaros en dirección correcta respecto a éste y otros aspectos de la cultura y la vida diaria niponas, que a día de hoy siguen siendo grandes desconocidas en Europa.
Y como de proyectos y aventuras va la cosa, os puedo contar que precisamente ayer me metí en un nuevo fregado: un baile para la Fiesta de Bienvenida que se celebrará el día de 10 de abril en mi querida resi. Esta vez he abandonado a Britney Spears y he decidido probar suerte con Doña JLo (Jennifer López para los no familiarizados con este acortamiento tan moderno y chic) y su tema "Get right". Esperemos que no me deje una pierna por el camino, ya que la música es mucho más rápida que la de "Toxic" y exige por lo tanto movimientos un tanto gimnásticos. De momento me quedo con unas señoras agujetas derivadas de mis dos primeras horas de ensayo. Dentro de un rato tocará ponerse a ello de nuevo: con el viaje a Kioto entre medias, el inminente comienzo del curso y los días de curro no queda mucho tiempo que digamos para prepararme. Además, dado el "éxito" y difusión de la anterior coreografía, me he puesto el listón demasiado alto y temo defraudar a mis "fans". Ya veremos en qué queda la cosa...
3/13/2007 Pelis y transportesTal y como esperaba, la semana pasada transcurrió sin incidentes, tranquilamente, según lo previsto. No obstante, algo de actividad sí que hubo, pero se queda en una menudencia si la comparamos con toda la acción de la semana anterior, marcada por los "sustos" y los cambios de planes a marchas forzadas. Por esto precisamente, por la ausencia de hechos verdaderamente importantes, he decidido "aderezar" este mensaje con unas cuantas curiosidades sobre la vida nipona, que hace tiempo que no os ilustro con mi experiencia. A medida que vayáis leyendo entenderéis todo mejor...
El lunes volví reventada del trabajo, y es que todos los domingos, como se me pegan las sábanas hasta las mil (más bien hago yo que se me peguen acostándome cuando empieza a salir el sol), por la noche no hay quien pegue ojo, así que al día siguiente me cuesta un triunfo levantarme... Y eso que no tengo que madrugar precisamente mucho. Suerte que la tarde se pasa volando y, dentro de lo que cabe, mi trabajo no es precisamente una tortura, para que vamos a engañarnos. Además tengo la suerte de que los niños del lunes no son nada revoltosos. De hecho, algunos días los de la primera hora, las 14:10, se están cayendo de sueño. Vamos, que compartimos algo. El caso es que se supone que si tan reventada llego a casa tendría que caer en los brazos de Morfeo prácticamente nada más cerrar los ojitos, algo que no siempre sucede. Por eso precisamente el martes me levanté bastante tarde; pero, eso sí, completamente preparada para comerme el mundo, que el cuerpo agradece el descanso.
Precisamente el martes me propuse acercarme a la biblioteca y comenzar con aquel famoso propósito de estudiar un poquito por mi cuenta, más que nada para no sentir que soy un parásito del Gobierno japonés, que religiosamente me paga todos los meses por estar aquí, incluso cuando estoy de vacaciones (bueno, no me queda muy claro si es el Gobierno exactamente, pero digo yo que la JASSO, mi beca, dependerá del algún organismo u organización oficial, ¿no?). Sea como fuere, me pegué una duchita y me armé de valor para entrar en la biblioteca por primera vez desde hacía mucho tiempo. Como os podéis imaginar, no había mucha gente precisamente. Aguanté allí más o menos una hora, en la que me dio tiempo de encontrar unos libros que me hacían falta, echarles un vistazo y comenzar a repasar un poquillo de gramática japonesa. Justo de la que volvía a la resi en bici me encontré con María, que iba a pillar unos catálogos con las últimas ofertas de trabajo de la zona. Decidí irme con ella, a ver si en el camino la convencía para que se viniera a dar una vuelta fuera del campus. Desgraciadamente no se animó, más que nada porque llovía un poquito. Yo necesitaba encarecidamente salir de Takao, ya que me estaba entrando uno de esos agobios-asfixiamientos míos por vivir en una zona en la que sí, vale, hay un paiseje precioso, pero nada que hacer cuando uno se aburre. La lluvia me daba igual con tal de salir de aquí.
Escogí subirme en un tren que me dejara en la Estación de Hachioji, pues en los alrededores de la misma hay un montón de tiendas y algún que otro centro comercial en el que entretenerme. Ya que estaba allí quizás era hora de comprar algún trapillo primaveral, aunque el tiempo todavía no acompañe mucho. Con mi iPod en mano, me tiré como dos horas recorriendo las mismas calles, entrando en las mismas tiendas, explorando otros mundos (o sea, calles paralelas por las que nunca antes había ido).
Al día siguiente, miércoles día 7, otra cita con el aburrimiento me esperaba. Una vez más me levanté a las taitantas de la tarde y me senté al ordenador a echar un vistazo a las últimas noticias, actualizaciones de Fotologs y otras historias que me interesan. Menos mal que María me mandó un mensaje para ir a cenar juntas. Me dio justamente el aliciente que necesitaba para meterme en la ducha y salir de la resi. Además, como íbamos a un restaurante cerca del Don Quijote, lo que viene siendo a tomar vientos, podía aprovechar para realizar unas compras en esta tienda tan estupenda y tan barata. Sara también se vino. Tuvimos cotilleos y risas para rato. Tan bien nos lo estábamos pasando y tanto se alargó la cosa que llegamos a la resi casi a la hora de cierre.
El jueves se presentaba como otro jueves más: trabajo. Además, mi jefe me había llamado el día anterior para pedirme que lo sustituyera en una de sus clases, ya que él tenía unos compromisos que atender y no llegaría a la Academia hasta última hora de la tarde. Mi jornada laboral, y mi sueldo por lo tanto, aumentaban un poquillo ese día. Y es justo en este punto donde me gustaría hablaros de algunas de las diferencias existentes entre los transportes españoles y los japoneses. Por si no os queda muy claro a cuento de qué saco el tema, os recordaré que para ir a mi trabajo he de coger un tren y un autobús, de ahí que me fije mucho en estas cosas.
Lo de los trenes no tiene mucha ciencia; es decir, prácticamente funcionan igual en todo el mundo... O por lo menos esa impresión me da a mí. Sin embargo, los buses en Japón son diferentes, y no sólo porque su puntualidad sea algo que ojalá tuviéramos en España. No, precisamente no es esto lo que me llama la atención, sino la forma de subirse y bajarse de ellos, y en consecuencia la de pagar. Aquí uno se sube por la puerta de atrás, no por la de al lado del conductor. Además, es precisamente en ésta última donde se paga, justo antes de bajarse, mediante un curioso sistema: nada de darle el dinero al conductor y que éste lo guarde en un cajoncito. En Japón hay que pagar el importe justo, así que hay una maquinita para cambiar al lado de la ranura por la que hay que meter el importe del viaje. En caso de pagar con tarjeta (me refiero a la de bus, no de crédito), el sistema cambia un poquito: según se entra por la puerta de atrás, hay que meter la tarjetilla en una máquina tipo a las que hay en España para picar los bonobuses (o por lo menos antes las había, que en Salamanca los han quitado y han puesto tarjetas con chip, todo ello muy moderno). Antes de bajarse hay que volver a meterla en otra maquina similar, pero esta vez al lado del conductor.
Son curiosos también algunos elementos existentes en los buses japoneses y que, según mi forma de ver, serían impensables en España: además de los tipícos carteles de publicidad (lo normal en cualquier país), están los clásicos nipones "cuidado con el escalón" o "no se ponga de pie hasta que el vehículo no se haya parado" entre otros, todo en un lenguaje de los más educado y protector, que en este país gusta mucho "proteger". Además, el conductor parece que va de rally sin copiloto y se va cantando a sí mismo las curvas, pues cada vez que gira lo va diciendo por el micro que tiene pegado a la cara (al más puro estilo presentador de Miss España): "ahora giro a la derecha". Parece que vamos de excursión con el cole tra la lá... Pero lo mejor es cuando te dice "omataseshimashita" al arrancar después de cada parada, pues esta expresión viene a significar "perdón por haberle hecho esperar". Como si uno no supiera lo que hay cuando se sube en un bus y su parada no es precisamente de las primeras... ¡Un poquito de por favor! Y no nos olvidemos de la vocecilla que te va cantando las paradas, que de cuando en cuando añade coletillas como "pongan el móvil en modo vibrador para no molestar al resto de pasajeros", todo ello, como he dicho anteriormente, en un lenguaje requeté polite. Ah, y las paradas, que ya me las iba a dejar yo en el tintero, en las que hay cartelitos del tipo "hagan cola desde este punto".
Dejando de un lado las informaciones transportísticas, decir que el jueves acabé algo cansada, aunque no mucho más que cualquier otro jueves. Ya os he comentado en algún otro mensaje que los niños de los jueves son un poquillo más "difíciles", pero bueno, no mucho más que cualquier niño si tenemos en cuenta que no les puedo decir ni una palabrita en su propio idioma... Normal que se saturen si se pasan una hora u hora y media oyendo hablar en inglés y sólo entienden un 5% de lo que les están diciendo.
El viernes María y yo decidimos que la tarde-noche se transformara en una sesión de pelis. Para ello, además de alquilar unos dvds, necesitábamos provisiones que endulzaran las proyecciones. Al final las compras se alargaron más de lo previsto y llegamos a la resi prácticamente a la hora en que ya no se puede utilizar la sala de música, donde se encuentra el maravilloso home cinema de nuestros amores. Con nuestra dulzura manipuladora conseguimos convencer a Okaasan (mujer de Otousan) de que nos dejara la llave hasta el día siguiente. Claro está, la cosa no iba a ser tan fácil, pues en un país tan estricto como Japón romper las reglas tiene un precio: me tocaba devolver la llave a partir de las 6 de la mañana, como mucho a las 8 (y digo "me tocaba" porque esta vez fui yo la que pidió la llave, y por lo tanto la que se comprometió a devolverla). Lo que no me imaginaba es que tal "sacrificio" del madrugón no iba a ser para tanto, pues entre pitos y flautas acabamos de ver las pelis a las 4 y algo de la mañana, así que al volver a la habitación decidí quedarme despierta. Suerte que el Messenger y la diferencia horaria estaban ahí para ayudarme... Se me olvidó decir que Song se unió a nosotras, aunque no aguantó tanto.
A las 7 de la mañana del sábado día 10, después de desayunar algo, bajé a darle la llave a Okaasan y me vine tan rápido como pude para la cama, que a las 4 y media de la tarde le había prometido a María ir juntas a su nueva entrevista de trabajo (dicen por ahí "a la tercera va la vencida"). Cuando me levanté para comer algo y pegarme una duchita de esas que despiertan me caía de sueño, pero al final aguanté más de lo que yo pensaba. La entrevista no duró precisamente mucho, así que decidimos ir a devolver las pelis, coger nuevas y comprar unas cosillas antes de volver a la resi... ¡Menudos paseos que nos metimos esa tarde! Al final María también se hizo socia del videoclub y nos vinimos con tres dvds cada una. Esa noche vimos dos en mi habitación, que pedir la llave de la sala de música para estar otra vez hasta las tantas era abusar mucho.
Al día siguiente, ya domingo y final de otra semana más aquí, decidí que había que estudiar otro poquillo. Me bajé a la sala de música sobre las 5 de la tarde, una hora y pico antes de que nuestra sesión de pelis empezara again. Así, podía estudiar un ratillo antes de pasarme el resto del día sin hacer nada y "calentar" la habitación, que si no pones la calefacción con tiempo, como es una sala grande, tarda en aclimatarse y se pasa un frío horrible. Que me lo digan a mí, que en lo que estudiaba y la calefacción se ponía a funcionar tuve que taparme con una manta. Esa noche sí que tocaba alargar la sesión un poquillo más (pero sólo un poquillo), así que le pedimos a Otousan que nos dejara un ratillo más... Pero esta vez le tocó a María pedirlo, y por lo tanto devolver la llave a la mañana siguiente. Por suerte, esa tarde recibió una llamada del restaurante en el que había hecho la entrevista pidiéndole que se pasara por allí el lunes temprano por la mañana para empezar de prueba, así que no le tocaba madrugar exclusivamente para dar la llave.
Yo, por mi parte, el lunes no tenía precisamente que madrugar, aunque sí me tocaba ir al trabajo. Sin embargo, pese a estar cansada como cualquier otro domingo (con tanto vaivén en las horas de irme a la cama no me extraña), sabía de sobra que iba a ser otra de esas noches en las que me iba a costar dormir... Y eso que me fui un pelín tarde a la cama por quedarme hablando con Ryu para ultimar los detalles de nuestra salida del miércoles (próximamente en Memoirs of Butterflies
Y heme aquí de nuevo contando mis aventuras. Como podéis ver por la fecha de publicación de esta entrada, ya es martes. Efectivamente, ayer llegué agotada del trabajo y no aguanté precisamente mucho en el Messenger. No obstante, tardé un poquillo en dormirme, así que hoy me he levantado algo tarde. En realidad, a eso de las 8 de la mañana me desperté, pero decidí que estaba lo suficientemente cansada como para intentar volver a dormirme, cosa que no fue nada difícil. He comido hace unas tres horas y me he pasado las últimas dos aquí sentada, que escribir estas parrafadas lleva su tiempo. Va a ser que ahora toca estudiar un poquillo. María ha vuelto al curro hoy, así que nuestra sesión de pelis probablemente tenga lugar esta noche (falta confirmación via correo electrónico al móvil). Por el momento esto es todo... Pero sólo por el momento. Pronto más y mejor. 3/4/2007 Un viernes de lo más variopinto, oyeTodo comenzó el jueves por la noche al llegar del trabajo. Los niños habían estado bastante guerreros y mi cabeza daba bastantes vueltas después de toda la tarde con ellos, así que lo primero que hice nada más pisar mi habitación fue, como de costumbre, encender el ordenador para escuchar un poquito de música y ver el correo, pero esta vez con intención de quedarme conectada sólo un ratillo, que una ya se conoce lo suficiente como para saber que si le dan cuerda se lía y acaba viendo amanecer. El caso es que uno de los e-mails almacenados en mi bandeja de entrada venía de Carlos Montero, el director del IVEX de Tokio, al que conocí en la Embajada durante la fiesta de la Hispanidad y con el que me llevo desde entonces un tira y afloja para ver cuando narices saco tiempo y me acerco por la oficina, que está bastante lejos de mi casa, para comer con él. El caso es que le prometí que cuando tuviera mis vacaciones, trabajo buscado y mi horario bien definido se lo haría saber, y esta semana parecía ser el momento perfecto para saldar cuentas.
Unos minutos después de charlar con Carlos por teléfono, me llegó un mensaje de mi amigo Kyouhei en el que me proponía pasar la tarde-noche del viernes en el Hubs de Shinjuku. En plan me parecía perfecto, así que sólo faltaba atar algún que otro cabo suelto: qué hacer desde que acabara de comer con la gente del IVEX hasta la hora en que me reuniera con mis amigos en Shinjuku. La respuesta, una vez más, vino de Kyouhei, que me ofreció darnos una vuelta por ahí en lo que llegaban los demás. El viernes se presentaba bastante movidito en cuanto a planes, pero todos muy "de tranqui". Quién me iba a decir a mí que unas horas más tarde acabaría en la Comisaría de Takao...
El viernes por la mañana me levanté relativamente temprano para coger un tren que me dejara en Shinjuku, desde donde tenía que coger un par de metros para estar sobre las 12 en Tamekisan-no, la estación de metro más cercana a la Oficina del IVEX. Al final salí de casa un poquito más tarde de lo previsto, pero yo, que me estoy haciendo una todoterreno en esto de los transportes, no tuve ningún problema para llegar al lugar en el que había quedado con Carlos. Parece ser que poco a poco van quedando atrás esos tiempos en los que subirme a tren suponía que mi corazón comenzara a latir a 100 por hora, impulsado por las dudas de saber si realmente iba en dirección correcta.
La comida, en un restaurante italiano cercano al IVEX, dio paso al café correspondiente a toda buena sobremesa española, al que sumamos otro café en la oficina de Carlos. Cualquiera puede pensar que relacionarse con gente mucho más mayor que uno puede resultar algo bastante aburrido... Nada más lejos de la realidad, pues cuanto más tiempo paso con personas pertenecientes a generaciones anteriores a la mía más me doy cuenta de lo que se puede aprender de ellas, pero sobre todo de que, al fin y al cabo, no son tantas las diferencias que nos separan. Al final la cosa se alargó hasta el punto de que a mí me dio prácticamente la hora de reunirme con mis amigos en Shinjuku.
María no podía venir, Risou tenía trabajo y Sara no es muy amiga de los ambientes oscuros y las Happy Hours, más que nada porque su religión prohíbe el consumo de alcohol. No obstante, "mi niña" se lo pasó estupendamente la última vez que se vino al Hubs, todo a base de zumos y cócteles sin. En esta ocasión sólo estaban Kyouhei, Yuuhei (amigo de Kyouhei que se vino a Disneyland con la novia) y Christine, que se trajo a dos amigas la mar de simpáticas.
El ambiente se estancó un poquito a última hora, así que lo más divertido que me pasó fue que una chica suiza intentó ligar conmigo en el baño. Cualquiera puede pensar que un suceso así de divertido tiene poco, pero si tenemos en cuenta que la chica era súper simpática y en ningún momento hizo o dijo algo fuera de lugar, comprenderéis mi posición. Si yo hasta me sentí alagada y todo, que era bien guapa. Además, venía de la parte francófona, por lo que la ocasión se hizo perfecta para practicar francés, que desde que estoy aquí apenas tengo oportunidad de hablarlo.
Por aquel entonces se iba acercando la hora de irme, pues no me apetecía para nada andar a carreras hasta la estación, y menos ir de pie todo el trayecto en un tren abarrotado o tener que pedalear a toda leche para llegar antes de la hora de cierre de la resi. La verdad es que estaba bastante cansada después del trajín de todo el día. El resto del grupo todavía se quedaba un ratillo más, así que me despedí de ellos y me fui, iPod en mano, dando un paseo tranquilo hasta la estación. Una vez más, la sonrisa de oreja a oreja por tener la oportunidad de "perderme" por las calles de Shinjuku, una de mis zonas preferidas, llenas de luces, gente edificios... Por tercera vez viajé en uno de los famosos vagones habilitados sólo para mujeres. Son la mar de prácticos, pues el número de pasajeros que viaja en ellos es mucho más reducido, por lo que las posibilidades de encontrar asiento son mayores. No hay ningún japonés guapete para alegrarme la vista, pero la experiencia de analizar los distintos tipos de mujeres que pululan por el país no tiene desperdicio alguno.
Al llegar a Takao a las 11 tenía algo de hambre, ya que apenas había picado un poco de lo que habían pedido para acompañar la bebida. Decidí entonces hacer una parada por el Mc Donald's y comer algo allí, que tenía la bici aparcada cerca y tiempo de sobra. Sin embargo, la noche dio un giro de 180 grados de la que volvía para casa: a medio camino me encontré con Risou, bici aparcada a un lado del camino, y dos policías en moto. Uno de ellos estaba comprobando el número de registro de la bici; el otro no paraba de hacerle preguntas a Risou.
La hora de cierre de la resi se iba acercando cada vez más, pero yo no podía dejar a la mujer sola con semejante percal. Resultó que la bici que Otousan le había prestado, perteneciente a alguno de los anteriores residentes que ya había acabado sus estudios en la uni, había sido robada hace tres años en Kokubunji, a unas cuantas estaciones de aquí. Tocaba ir a comisaría a resolver el entuerto. Los policías me pidieron si podía acompañarles para no dejar a mi amiga sola. La verdad es que, aunque no me lo hubieran dicho, yo les habría pedido permiso para ir con ellos, pues no le deseo a nadie pasar semejante trago en un país diferente del tuyo sin nadie para apoyarte. Al poco rato de decirnos que teníamos que irnos a comisaría con ellos hasta que Otousan se acercara para resolverlo todo, llegó una furgoneta para cargar las bicis (incluída la mía, que no la íbamos a dejar ahí plantada).
Prácticamente nada más llegar a comisaría me tocó cambiar de la furgoneta a un coche más pequeño, ya que los policías me pidieron que fuera con ellos hasta el campus para recoger a Otousan. Durante el trayecto me dieron charla y todo, la mar de majos, oye. La verdad sea dicha, en ningún momento se portaron mal ni conmigo ni con Risou, lo único porque la pobrecilla estaba bastante descolocada por todo lo que había sucedido y a veces no sabía muy bien ni qué contestarles. Sea como fuere, todo se arregló. En lo que "interrogaban" a Otousan y a Risou en salas diferentes, a mí me tenían esperando sin nada que hacer en un rinconcillo de la sala principal. Al final me puse a caciquear en el diccionario, que me lo llevo en el bolso hasta cuando voy de fiesta. Tenía el iPod, pero pasé de escuchar música, que yo quería enterarme de todo lo que se decía por esos lares.
Nos dieron las 2 y algo de la mañana con la Policía. Nos trajeron de vuelta en la misma furgoneta en la que nos habían llevado, ya que tenían que transportar mi bici. La otra se la quedaron... Supongo que se la devolverán a su dueño original. Lo que no entiendo muy bien es cómo en tres años que la han estado utilizando varios estudiantes de esta residencia nunca ninguno ha tenido semejante percance con la Policía. En fin, otro de esos misterios sin resolver de mi vida, uno difícil de olvidar además, pues nunca antes me ha llevado la Policía en furgoneta y coche. Al llegar a casa estaba súper cansada, así que me dormí en un plis. Me tuve que tomar un Nolotil inyectable y todo para levantarme al día siguiente como una rosa, sin rastro alguno del dolor de cabeza que me había estado dando la puñeta toda la noche anterior.
El sábado a partir de las 6 de la tarde teníamos programada una fiestecilla en la resi, así que tocaba bajarse un poco antes al súper para hacer las últimas compras. María también necesitaba algunas cosas para completar su aporte culinario a la fiesta, así que se vino conmigo. Todos los asistentes compramos y/o cocinamos diferentes platos, así que el menú fue de lo más variado. Lo pasamos estupendamente hasta las 10 de la noche, hora a la que hay que abandonar las zonas comunes. Además, uno de mis amigos que vive aquí, Song, ha vuelto de China después de pasar el Año Nuevo con su familia, así que me puse la mar de contenta al verlo. Dentro de poco sabrá si le conceden una beca para irse un año a Inglaterra, y creo que estoy yo más nerviosa que él... ¡Crucemos los dedos!
Y ahora tengo que dejaros, que he quedado dentro de un ratillo con María para ir a cenar sushi y me tengo que pegar una duchita ya si no quiero llegar tarde. He colgado nuevas fotos, aunque todavía faltan algunas para llenar la carpeta "Febrero 2007", pero al menos tenéis el aperitivo. Mañana toca currar, como todos los lunes. El resto de la semana no sé en qué quedará, pero de momento no hay ningún plan a la vista. Os iré poniendo al día de lo que vaya ocurriendo... 2/28/2007 Sal de casa por la tarde y no entres hasta el día siguiente por la nocheParece ser que éste se ha convertido en el lema de algunos de mis fines de semana nipones, y es que cuando uno se lo está pasando bien y tiene que volverse a casa antes de medianoche para que no le cierren la puerta, decide que es mejor planificar cada salida con un duración mínima de hasta el primer tren del día siguiente, a eso de las 4 ó 5 de la mañana, según el destino. Precisamente ése era el plan para el sábado pasado, aunque la vida me está enseñando que en muchas ocasiones es mejor no hacer planes y dejarse llevar por la corriente: una vez más acabé en casa de Lei, y por eso os voy a contar cómo llegué allí y todo lo que pasó desde las 7 de la tarde del sábado, hora a la que salí de casa, hasta las 11 de la noche del domingo, hora a la que aproximadamente volví. Abróchense los cinturones y prepárense para un vuelo con muchas turbulencias.
Tras el accidente de María con la bici y la visita al hospital del día anterior, la pobrecilla no tenía precisamente muchas ganas de unirse a los cuatro fantásticos que sí habíamos decidido quedarnos de fiesta hasta la muerte: Shin-chan, Gintin, Lei y servidora, más conocida como Karla Spears, la Reina del Karaoke y algún que otro apelativo cariñoso más. No obstante, María y Sara sí que se apuntaron al plan de "calentamiento", que consistía en cenar y tomar algo cerca de la resi antes de coger el tren para reunirnos en Shinjuku con la señorita Lei, que vive demasiado lejos de aquí como para venirse a cenar con nosotros. Para tal comienzo escogimos Toumai, un sitio muy cuco cercano a la resi del que ya os he hablado en anteriores ocasiones (estilo hippie-rústico). El caso es que Gintin, Sara, María y la menda teníamos que esperar a que Shin-chan viniera para cenar todos juntos, aunque nos mandó un mensaje diciendo que se retrasaría un poco, así que empezamos sin él. Suerte que vino justo al principio de la cena, porque hubiera sido un verdadero palo estar todos comiendo y que el pobre se quedara sin nada, ya que Toumai cierra a las nueve y el "last order" se realiza a las ocho. Shin-chan llegó sobre y diez, pero en Toumai ya nos conocen e hicieron una pequeña excepción camuflada...
A eso de las 9 nos acercamos a la estación para coger el tren. Sara y María, que querían hacer una visitilla al supermercado, se despieron de nosotros prácticamente al final del camino. Sesión de iPod, cabezadita en el tren, alguna que otra risa y llegada a Shinjuku, donde Lei nos estaba esperando. Nuestra primera parada: Rolling Stones, un bar donde la música imperante, como bien podéis deducir por el nombre del local, es la de los Rolling y grupos similares. Allí nos pasamos unas dos o tres horas tomando unas copas y bailando al son de las peticiones que le íbamos haciendo al Dj (todo muy organizado ello, con papeles y boli en cada mesa y una cajita cerca de la cabina donde depositar las peticiones). Por si no lo sabéis, en la mayoría de los locales tipo pub o discoteca de Japón hay que pagar entrada. En este caso, por ser la "Ladies night", Lei y yo no teníamos que pagar, pero a Shin-chan y a Gintin les tocaba desembolsar 2000 yenes por barba, por lo que decidimos dividirnos el gasto entre todos para compensar. Al menos teníamos una bebida incluida con la entrada, así que me acerqué a la barra para ver qué deliciosos brebajes me ofrecían. De entre todas las posiblidades existentes decidí aventurarme con el Tequila Sunrise, bebida a la que le cogí bastante afición en el Club Med de L'Alpe d'Huez, cuando trabajé allí durante las Navidades del 2005. El caso es que el del Rolling me gustó, así que me fui a por el segundo, que vino con sorpresa y todo, ya que el camarero, el mismo que me había servido la primera vez, me preguntó en japonés que si era francesa. Como os podéis imaginar me quedé a cuadros, pues la gente por aquí suele pensar que todos los extranjeros no asiáticos somos americanos, al igual que nosotros en España siempre decimos que ellos son todos chinos, por la cosa de no distinguir bien los rasgos.
Sea como fuere, a eso de la una y media el ambiente había decaído un poco y nosotros teníamos ganas de cambiar de aires, así que salimos a la calle con el rumbo un poco indefinido. El tiempo, que precisamente no era muy tropical, "ayudó" a que nos decantásemos rápidamente por irnos de karaoke, pues es una de las formas más baratas y estupendas de quedarse hasta las tantas de juerga. Tras comparar precios en un par de locales, hicimos nuestra elección y nos preparamos para pasar las tres horas siguientes sin parar de cantar ni de hacer el gamba en una sala para nosotros solitos. Además, escogimos un paquete bastante asequible con una especie de barra libre incluida, así que todo perfecto. Para comenzar a calentar motores y aclarar un poquito la garganta, servidora quería tomarse unas coca-colas, pero Lei no estaba dispuesta a dejarme, así que añadió al "menú" un whisky solo para que yo hiciera la pertinente mezcla a mi gusto. No es que el whisky sea precisamente mi bebida favorita, pero si se trata de una cantidad moderada con mucha cola para suavizar, el resultado no está nada mal. Al final acabé bebiendo unos cuantos vasos en lo que cantaba y bailaba, sola o acompañada, al más puro estilo de Karla, la Reina del Karaoke. Una vez más arrasé y sorprendí, y no se trata de un alarde de "modestia", pues Shin-chan y Gintin, con los que era la primera vez que iba de karaoke, se quedaron de piedra. Lei, que ya está acostumbrada a verme "actuar", se lo pasó en grande y se dedicó a sacar unas cuantas fotos, que espero poder enseñaros pronto.
A las 5 de la mañana, hora a la que tocaba pagar en la recepción del local y marcharse amablemente, yo no tenía ni pizca de ganas de meterme la paliza en tren hasta Takao, así que acepté encantada la invitación de Lei de irme a su casa. Además, la condenada se había olvidado de coger el dvd con los capítulos de Prison Break, Lost y Heroes que me había prometido, así que me dio la excusa perfecta para ir a buscarlo. Después de unos cuantos minutillos en metro y a tales alturas de la noche, tocaba desayunar algo, así que nos acercamos a un Mc Donald's cerca de casa de Lei. Sin embargo, cuando llegamos todavía quedaba media hora para que abrieran, así que nos decantamos por un Matsuya, un local de "fast-food" nipón en el que yo nunca había comido y que resultó ser una estupenda elección, pues estaba todo estupendo. Paradita en el Mc Donald's para comprar el postre, pequeña larga caminata hasta casa de Lei, minisesión de ordenador y a dormir a eso de las 9 de la mañana del domingo.
Al despertarnos sobre las 4 de la tarde decidimos que era un buen momento para darnos una vuelta por Ikebukuro, una zona al más puro estilo de Shinjuku, Shibuya o Ueno, de esas llenas de tiendas, luces multicolor y mucho ambiente... Vamos, de mis preferidas. Por allí comimos-cenamos algo, dimos una vuelta por algunas tiendas e hice alguna que otra compra, todo en muy buena compañía: estupendamente que me lo paso yo con Lei; si es que estamos hechas la una para la otra, je je je. No obstante, todo lo bueno se acaba, y yo al día siguiente tenía que currar, así que me subí a un tren, a eso de las 9 y media de la noche, que me dejara en Shinjuku sobre las 10, hora ideal para coger mi tren de vuelta.
Otra semana más que se acababa ese domingo... Y otra más que comenzaba al día siguiente. De momento no es que hayan pasado muchas cosas interesantes, la verdad. El lunes después de trabajar mi jefe me invitó a cenar y estuvimos charlando estupendamente sobre algunos aspectos de Japón y España. Ayer martes me hicieron levantarme bastante temprano para limpiarme las tuberías en cinco minutos y dejarme el resto de la mañana sin nada que hacer y mucho cansancio encima. El día fue bastante largo, pero al menos lo aproveché escribiendo en la página, mirando algunas cosas por Internet, caciqueando en este ordenador mío que de cuando en cuando se vuelve loco, y viendo por enésima vez Prison Break (hasta que no venga María no quiero ver los nuevos capítulos, que si los vemos juntas es más interesante). Tenía planeado dar un paseillo para despejar después de comer, aunque fuera sólo acercarme hasta el súper y comprar unas cosillas, pero el sueño y la pereza me pudieron y, después de echarme una siestecilla con las voces de Wentworth Miller (Michael Scofield) y compañía de fondo, decidí aplazar mi salida hasta el día siguiente. Precisamente hoy por la tarde, después de domir como una marmota hasta las tantas, pegarme una ducha y comer algo, me fui con Sara a hacer las dichosas compras. Casi nos lleva el viento por el camino... ¡Menudo frío! Luego no os extrañéis si no quiero salir de casa, amigos...
Mañana otro jueves más de curro y otro finde más que se aproxima, pero esta vez con planes muchos más tranquilos... ¡O eso creo 2/27/2007 Excursión al hospitalHacía tiempo que no me sorprendía tanto del giro que puede dar la vida de una persona en tan sólo unos minutos, incluso segundos. Puede parecer una afirmación de contenido profundo, pero si la trasladamos a la rutina de cualquier día, adquiere bastante sentido. Todo esto viene a cuento porque el viernes pasado fue uno de esos escasos días de mi vida en los que un solo instante produce bastantes cambios, y, por supuesto, tenía que contarlo aquí...
El día 23 de febrero lo tenía marcado en el calendario desde hacía varias semanas, pues era la fecha a partir de la cual recibiría en Relaciones Internacionales mi asignación mensual de la beca gracias a la cual estoy estudiando en Japón. Con perspectivas de ingresar en el banco gran parte del dinero, pagar las facturas del mes y hacer un poco de compra en el súper, que mi nevera y mi despensa empezaban a sentirse solas, me levanté sobre las 11 de la mañana. Además, María tenía que acercarse a Relaciones Internacionales por otros motivos, así que era la ocasión perfecta para no ir sola. Pensando que el tiempo sería el de un día cualquiera, ni siquiera me dio por mirar por la ventana. Para mi sorpresa, al salir a la calle dispuesta a coger la bici, me di cuenta de que llovía, así que el paseo se convirtió en un engorro: no es que lloviera a cántaros, pero sí lo suficiente como para tener que controlar con una mano la bici y con la otra el paraguas (no os podéis imaginar qué control tienen los japoneses en este arte; ya quisiera yo llegarles a la suela de los zapatos). En fin, detalles metereológicos aparte, cuando volvimos de Relaciones Internacionales, antes de salir del campus para hacer los recados anteriormente mencionados y comer algo, le sugerí a María que pillara su bici, pues había dejado de llover y así iríamos más rápido... ¡Maldita la hora! La pobrecilla, con eso de que la carretera resbalaba, se me pegó una leche. La verdad es que de lo rápido que ocurrió todo ni me pude dar cuenta de cómo había sucedido: estábamos charlando de la que salíamos del campus, con nuestras tonterías frikis de Prison Break (la he metido en el mundo de mi "droga"), riéndonos tan ricamente, y de repente veo su bici volar por los aires y a ella en el suelo. El caso es que la cosa, sin ser excesivamente seria, fue más grave que mi incidente de hace algunas semanas, así que nos fuimos a la Enfermería de la uni a toda leche (suerte que Otousan, el conserje de la resi, andaba cerquita, que nos llevó en coche y se convirtió así en nuestro chófer durante gran parte del día).
En la Enfermería nos dijeron que era mejor ir a un hospital, ya que probablemente tendrían que darle algún que otro punto en el labio. Lo más curioso fue que enseguida le ofrecieron una mascarilla, la típica que se ponen los japoneses cuando tienen catarro, gripe o alguna alergia, por eso de no pegárselo a los demás. De hecho, ahora que pronto llega la primavera, 5 de cada 10 personas que pasan por la calle llevan una, así que es fácil "camuflarse". En el caso de María, lo de ponerse la mascarilla respondía al simple hecho de taparse para que los demás no vieran el "lamentable" estado en el que se encontraba su boca. En fin, ya se sabe que por aquí son bastante vergonzosos, pero no pensaba una que se llegase a tanto... ¡Cómo si hubiera algo por lo que avergonzarse después de haber tenido un accidente!
De vuelta al coche con Otousan y de excursión al hospital, mi primera experiencia médica en Japón. Nada más entrar en el hospital en cuestión, de cabeza al mostrador. La pobre María, antes de que la viera el médico, a rellenar papeles... ¡Menos mal que no se estaba desangrando! Pronto la pasaron a uno de los boxes de la primera planta y ahí no sé qué le hicieron que al final no hizo falta coser nada; pastillas unos cuantos días y para casa. Antes de ir a la farmacia a buscar la "munición", paradita de nuevo por la recepción para recibir la factura y pagar, que en Japón se costea uno la Sanidad. Eso sí, tenemos una tarjetita con la que, por ser estudiantes extranjeras, nos hace un descuento bastante considerable. Sobre el mostrador, como en prácticamente todos los lugares en los que se paga algo, suele haber una bandejita en la que te entregan el cambio y suelen dejar tickets, facturas, resguardos o papeles similares. En este caso la bandejita tenía un dibujo de una enfermera o algo parecido y la frase "odaijini", "que te mejores".
Las farmacias japonesas poco tienen que ver también con las españolas. Para empezar, tienen algún tipo de relación con el hospital o clínica en cuestión a la que uno acuda, ya que suelen estar dentro de la misma o cerca (en este caso se trataba de un pequeño local en un edificio de la misma acera). Además, cuando uno entrega la prescripción para que le den sus medicinas, se encuentra con la sorpresa de que no le dan una caja completa como en España, sino exclusivamente la dosis que el médico ha establecido; es decir, las pastillas justas para ese tratamiento, ni una más, ni una menos. Para no liarse, te las meten separadas, envase y todo, en varias bolsas de papel, cada una acompañada de su prescripción (cuántas veces al día y en qué momento del día hay que tomarla, antes o después de las comidas...); por supuesto, también te explican para qué es cada una. Lo mejor de todo en este punto del día, después del susto, fue ver la cara y los gestos de la señora que nos atendió, que lo hizo todo muy visual para que lo entendiéramos fácilmente... Es lo que tiene ser extranjero aquí, que si das con gente amable, que suele ser en la mayoría de los casos, se lo curran mucho y te ayudan todo lo que pueden.
En cuanto al sistema de dar los medicamentos, estoy segura de que más de uno se estará preguntando qué hacer cuando uno no va al médico, por ejemplo, en el caso de un catarro, que solemos automedicarnos. Para estas cosas existen tiendas bastante parecidas a nuestras parafarmacias y droguerías, más bien una mezcla de las dos, ya que podemos comprar desde medicamentos tipo al Frenadol, vitaminas y complementos para dietas, hasta champú, maquillaje, potingues propios de cualquier tratamiento de belleza y perfumes.
Pasados el accidente-incidente y las visitas al hospital y farmacia, por fin pudimos acercarnos al banco, comer algo, pagar mis facturas en la Oficina de Correos, hacer la compra y volver a la resi. A esas alturas del día todos mis planes se habían visto ligeramente retrasados, por lo que mi cita de por la tarde con Yukari también tuve que aplazarla. Nos reunimos a eso de las seis en la Estación de Shinjuku, lugar donde habíamos quedado con más gente sobre las ocho. El motivo de tal encuentro: cenar algo con otros antiguos alumnos del Departamento de Español de la Universidad de Takushoku, entre ellos Seiko y Rise, a las que conocí cuando estuvieron de intercambio en Salamanca. Yukari y yo habíamos decidido vernos antes para dar una vuelta por Shinjuku y charlar un rato, que hacía tiempo que no nos veíamos. También tenía previsto entregarle su regalo de cumpleaños, pero con las prisas se me olvidó en casa.
La cena estuvo muy bien, amenizada por interesantes conversaciones en español y japonés sobre los más variados temas (principalmente preguntas personales para aquellos que no me conocían y puesta al día de las vidas de los que hacía mucho tiempo que no se veían). Lo malo es que, como siempre, tuve que volverme pitando a la resi... Es lo que tiene ser Cenicienta. De vuelta en casita, una breve visita a María, capítulo de Prison Break juntas en mi habitación (mascarilla incluida) y a la cama, que había que dormir muchas horas y prepararse para la gran juerga del sábado noche.
2/21/2007 Días grises y otros cuentosAl final, por unas cosas o por otras, siempre acabo escribiendo mucho más tarde de lo que me había propuesto hacerlo en un principio. Esta vez dije que actualizaría el blog el domingo pasado, y ya estamos a martes; lo que ocurre es que me tengo que sentir verdaderamente motivada para escribir, que si no poco hay que hacer: para escribir con desgana vale más esperar a que "el viento de la inspiración cambie de dirección". Heme aquí de nuevo para contaros algunas de mis aventuras por el país del Sol Naciente, si bien la cosa últimamente está bastante tranquila, con algún que otro acontecimiento, pero tranquila al fin y al cabo. Cincos meses y dos días, hora arriba hora abajo: ése es el tiempo que llevo en Japón. Balance de la experiencia he ido haciendo prácticamente desde el primer mes, así que éste no es ni el momento ni el lugar indicado para introspecciones. No obstante, últimamente tiempo es precisamente lo que me sobra, si bien procuro ocuparlo, así que puedo decir alto y claro que estas denominadas "vacaciones de primavera" (el tiempo a veces de primaveral tiene poco todavía) se están caracterizando por ser un tiempo de reflexión, no sólo sobre lo que está siendo mi vida desde que llegué aquí, sino también de lo que ha sido en los últimos años, de los cambios, altibajos, idas y venidas... Pero, como acabo de decir, éste no es momento ni lugar para plasmar mis conclusiones. Yo estoy aquí para contaros lo que ha ido pasando desde la última vez que escribí, y qué mejor punto de partida que el día 14 de febrero. Ese día se celebra en todo el mundo San Valentín, polémicas aparte sobre si verdaderamente debe ser un día especial o en cambio debemos desecharlo por ser un burdo invento comercial y consumista de centros comerciales como el Corte Inglés. A mí lo que me interesa especialmente de este día, en este preciso año, es el hecho de que Japón sigue una costumbre un poco diferente de lo que he conocido hasta ahora... Y es que aquí no se intercambian regalos: sólo las chicas hacen regalos, en su mayoría chocolate y bombones. Como os podéis imaginar, tiendas, supermercados y centros comerciales llevan semanas preparados y decorados para atraer clientes. Seguro que os estáis preguntando el porqué de esta costumbre, pero siento deciros que no tengo respuesta. A cambio os puedo contar que el mes que viene, en un día que no recuerdo, será el turno de los chicos para hacer sus regalos. Si es que estos japonesitos míos lo tienen todo súper organizado. Ah, y ya puestos a contaros cosas curiosas, os sorprenderá saber que, si no entendí mal, en Corea del Sur el 14 de febrero es festivo nacional. Ya lo decían los hippies: "haz el amor y no la guerra". Os estaréis preguntando por qué os hablo de San Valentín, yo que he declarado en varias ocasiones que no me gusta ese día, que para mí cuenta el día a día, tanto para esto como para el Día del Padre, la Madre... Debe ser porque en mi casa reina esta mentalidad, y ya se sabe que uno está influido por la educación que recibe desde niño. Explicaciones aparte, el 14 de febrero, por circunstancias más o menos amargas, es un día que en los últimos años no se me olvida: en el 2005 perdí a una de las personas más importantes de mi vida; al año siguiente pude mirar atrás con tristeza y sonreír porque otras habían entrado en mi vida. Este año estoy en Japón... ¿Qué más se puede pedir? Climatológicamente fue un día horrible, pues no paró de llover e hizo mucho frío. Por suerte lo pasamos bien calentitas en la resi. Primero comida con María, Sara y Ju Hyun en la habitación de estilo tradicional japonés, risas y fotos sin sentido (por "problemas técnicos" no puedo colgarlas hasta el día 1 de marzo). Después, minisiesta en la Sala de música, en una cama improvisada de cojines, tapada hasta la nariz con una manta, durante la mitad de una película que ya había visto (el sueño pudo conmigo). Para finalizar la tarde "del amor", otra peli, A walk to remember (Un paseo para recordar). Ésta sí que la vi entera, que llevaba semanas hablando con María sobre ella, viendo trocitos en el YouTube, mi nuevo amigo, descubriendo su banda sonora y otros cuentos que no vienen al caso ahora. El caso es que nos dieron las tantas de la tarde cuando acabó la película y yo tenía un recado que cumplir: comprar el regalo de cumpleaños de Kyouhei, que fue el día 8. Como no pudimos celebrarlo entonces habíamos pensado salir el viernes 16. Por supuesto, con la que caía y el frío, me tocó ir solita, pero para nada lamenté no tener compañía. Otro día más de paseo con mi iPod y mis pensamientos. La suerte estaba de mi parte cuando salí de la tienda, pues apenas llovía y pude dar mi paseo de vuelta a casa sin tener que preocuparme del paraguas. El resto de la semana apenas tuvo momentos significativos: ahora los lunes y los jueves apenas paro por casa, pues son los días que trabajo. Con baile de fechas, puedo recordar que dijimos adiós a Ji Hye, para la que el año de intercambio terminó hace unos días. La noche antes de que se fuera la pasamos en mi habitación, echando unas risas, algún que otro lloro, y sacando muchas fotos sin sentido (una vez más os recuerdo que por "problemas técnicos" tendréis que esperar para verlas). También he visto más de un amanecer sentada al ordenador, pues últimamente le he cogido gusto a lo de quedarme despierta hasta las tantas de la mañana; la frase "hoy me acuesto temprano" cada vez tiene menos significado en mi vida, jejejeje. Por fin llegó el momento que habíamos estado esperando toda la semana: el viernes 16, día previsto para celebrar el cumpleaños de Kyouhei. A eso de las 6 y media nos reunimos en Shinjuku para ir a tomarnos algo al Hub, pub que a este paso se va a convertir en mi segunda casa aquí, no sin antes cenar algo, que el estómago nos lo pedía gritos. Tras alguna que otra duda y mucha indecisión, acabamos en un localillo cercano a la estación comiendo yakisoba, uno de mis platos favoritos, y varias clases de okonomiyaki, una especie de "pizza" japonesa, aunque de pizza tiene la forma y poco más. El resto de la noche, aunque corta, lo pasamos en el Hub charlando, echando unas risas y tomando algo tranquilamente. La vuelta a casa fue de lo más interesante, ya que, aunque volvíamos con tiempo de sobra, tuvimos algún que otro contratiempo. El caso es que María y yo, que teníamos programada una sesión intensiva de Prison Break al llegar a la resi, quisimos hacer acopio de víveres antes de volver. Como nos habíamos bajado en bici por la tarde, no habría ningún problema para llegar a la hora. Sin embargo, la cosa se alargó un poquito más de la cuenta y acabamos volviendo a la carrera, pedaleando a más no poder, para sujetar la puerta en lo que Risou y Sara llegaban a pie, más bien corriendo, unos cinco minutos antes de que se cerrara automáticamente. Hice ejercicio como en mucho tiempo; ni en las clases de Gimnasia del Instituto me ponía tan roja.
Y la sesión intensiva de Prison Break se convirtió en maratón, pues nos quedamos hasta las 10 de la mañana pegadas a la pantalla del ordenador. Yo ya me he visto la primera temporada como cinco veces, pero... ¡Qué se le va a hacer, el vicio es el vicio! Además, me van a empezar pasar la segunda mitad de la segunda temporada esta semana y quiero que María se "reenganche" para verla juntas. Vimos amanecer, hicimos un par de vídeos chorra, el desayuno... Que conste en acta que, como buena anfitriona, ofrecí una parte a María, que como siempre, no aceptó. Me sale barata la chica, jejejeje. Hasta tuve tiempo para limpiar la habitación y hacer la colada; vamos, que acabó siendo un día de lo más productivo. Tras unas escasas horas de sueño tocaba prepararse para mi cenita hispano-japonesa en Kawasaki. A eso de las 6 y media llegué a la estación, donde Paco me estaba esperando, tal y como habíamos quedado. Fuimos juntos hasta su oficina, así que la próxima vez seré capaz de ir yo solita por el camino que me ha enseñado, o eso creo. En esta ocasión tocaba pollo asado, no sin antes saborear unos deliciosos canapés al más puro estilo español, ensaladilla rusa... Y para acompañar, una sangría de vino blanco que entraba sola de lo buena que estaba. Pero a toda Cenicienta le llega su hora de volver del baile, y, si tenemos en cuenta que yo vivo un poquito lejos, tocaba iniciar ruta a eso de las 10 de la noche.
Interesante anécdota de mi vuelta a casa es el hecho de que por fin he conseguido adaptarme a esa costumbre tan nipona como es la de dormirse en el tren. De hecho, tal cabezadita me eché que, cuando me desperté en la estación en la que tenía que bajarme para cambiar de tren, estaba tan sopa que no pude reaccionar a tiempo y se cerraron las puertas del tren antes de que pudiera bajarme. Problema fácilmente solucionable, pues unos escasos minutos después de bajarme en la siguiente estación apareció un tren del sentido contrario, lo justo para volver a la estación anterior y deshacer el camino recorrido. Sea como fuere, llegué con el tiempo algo justito para darle a los pedales a toda leche y plantarme en la resi antes de que cerrara la puerta. Sana y salva, que al fin y al cabo es lo importante.
El domingo dormí como un tronco, lo cual es normal si tenemos en cuenta las horas de sueño que tenía que "recuperar". Poco después de despertarme me puse manos a la obra y decidí que había llegado un momento que no podía retrasar por mucho más tiempo: intentar preparar mi primera tortilla de patata. Y es aquí donde habéis descubierto uno de mis secretos: hasta ahora no he preparado una tortilla española en mi vida, pues siempre ha habido alguien por ahí para hacerme el favor. Siguiendo las instrucciones previamente adquiridas por Skype, cortesía de mamá y papá, conseguí preparar un "ente" comestible bastante parecido a una tortilla de patata. Ahora ya sé qué puntos hay que mejorar para la próxima. Seguro que unas cuantas tortillas más serán suficiente preparación para dar a probar mi obra final a otro paladar que no sea el mío. Quizás sea capaz de aventurarme en la preparación de tortillas rellenas al más puro estilo de Charrolandia. De momento me siento más que orgullosa de mi logro, pues para ser la primera no estuvo del todo mal. Saqué un par de fotos e hice un vídeo y todo, pero tendréis que tener un poquito de paciencia para verlo, que he agotado la capacidad de almacenamiento de este mes (he aquí mis famosos "problemas técnicos"). Va a ser que venir a Japón no sólo me está acercando a una cultura prácticamente desconocida para mí hasta ahora, sino que también me permite descubrir otros mundos no explorados anteriormente...
Y aquí estoy otra semana más. Esta vez envuelta en la manta, que tengo frío y no quiero abusar de la calefacción a estas horas del día. Me han hecho madrugar para sacar mi colchón a la calle, que ahora que no hay mucha gente en la resi están aprovechando para realizar labores de mantenimiento. Hace unas semanas me revisaron el sistema contra incendios, hoy toca el colchón, el martes y el miércoles que viene cañerías y baño respectivamente.
El lunes tocó ir al trabajo; ayer martes, sesión de pelis con Sara y Gintin. El programa de hoy miércoles, aunque un poco incierto, contempla ver una película que nos quedó pendiente ayer, preparar las clases de mis niños de mañana y ponerme con la página, aunque estas dos últimas tareas ya están finiquitadas. Al final madrugar de cuando en cuando tiene sus ventajas y todo. El viernes tengo salida con Yukari y otros estudiantes de español. De hecho, si nada cambia, voy a ver a una chica que estuvo en Salamanca cuando Yukari, alguien con quien he perdido el contacto desde entonces, pero creas que no hace ilusión, pues cuando las conocí a las dos jamás me imaginé que pudiera darse la situación de vernos de nuevo precisamente en Tokio. Además, para dar broche de oro a la semana y despedirnos a lo grande de Gintin, que dentro de poco se vuelve a Indonesia tras finalizar su beca aquí, saldremos el sábado a lo "asamade" y "shinumade", que viene siendo "hasta por la mañana" y "hasta morir". Ya os contaré lo que pase.
Antes de despedirme quisiera hacer un último apunte: soy consciente de que últimamente al blog le falta esa chispa de novedad que tenían los mensajes del principio, marcados por las explicaciones sobre las curiosidades de la cultura japonesa y las diferencias que observo entre lo que he visto hasta ahora y este país. El caso es que para mí cada vez todo esto es más normal y las cosas, pese a seguir llamando mi atención de una forma increible, se me escapan cuando se trata de escribir aquí. Además, si os contara todo ahora, ¿qué me quedaría para contar/enseñar en esas sesiones de fotos y vídeos que haré a la vuelta? Prometo recuperar el tono de siempre poco a poco, pero he decidido dejar algo para cuando vuelva, por hacerme de rogar un poquito 2/10/2007 Noches locas por ShinjukuLlevo un par de días dándole vueltas a la cabeza sobre cómo empezar este mensaje. En principio tenía pensado hablar de lo rápido que pasa el tiempo, pues dentro de poco hace, nada más y nada menos, 5 meses que aterricé en Japón. Para ilustrar el rápido desarrollo de mi estancia en tierras niponas había pensado poner de ejemplo lo veloz que se ha pasado esta semana, pues el viernes pasado fui a solicitar mis papeles para trabajar y ayer, justo una semana después, me pasé por Inmigración (como dice Cova: "qué mal suena eso") para recogerlos. Pero todo eso cambió hará una hora más o menos, ya que de la que iba a hacer unas compras al supermercado me he caído de la bici. Que nadie se alarme: ha sido una caída tonta y sólo tengo algunos rasguños en la rodilla, mano y pierna izquierdas (como bien podéis deducir he caído sobre la parte izquierda de mi cuerpo). Ahora me pondré un poquito de hielo y a correr. Por cierto, nunca antes había apreciado la importancia de tener jamones en vez de piernas, pues parece ser que tanta carne en mis muslos, junto con el súper abrigo de montaña que todo lo cura, han amortiguado la caída. También he tenido la suerte de que esto ocurriera dentro del campus, que no hay coches y siempre se puede llamar por el móvil a la resi o a los amigos que anden por aquí. Quitando el dolorcillo de los golpes, no ha sido para tanto. Me acordé muchísimo de mi amigo Dani Smith, que se cayó estando en Bulgaria de Erasmus hace unos meses y nos lo contó en un mail con tanto humor que yo no podía parar de reírme. Yo, por desgracia, no tengo precisamente el don de hacer reír, pero quiero dedicarle este trocito de mi mensaje especialmente a él para demostrarle que me he puesto en su piel con todas las consecuencias
Sustos aparte (¿qué sería de nuestras vidas sin estos pequeños sobresaltos que producen enormes carcajadas al ser recordados posteriormente?), voy a contaros lo estupenda que fue la noche del viernes día 2. Tan tan estupenda fue que la prolongamos hasta el sábado por la tarde. Con este comentario y las fotos que colgué hace unos días sobran las palabras. No obstante, voy a ponerle un poco de contexto a las imágenes, que sacadas fuera de él pueden producir ideas erróneas y desencadenar vete a saber qué reacciones al otro lado del mundo.
Como ya os conté anteriormente, el viernes pasado me fui a Tachikawa a solicitar unos papeles para poder trabajar. Como Tachikawa queda a medio camino entre Takao y Shinjuku, y yo había quedado con mis amigos a las cinco y media en Shinjuku para salir por ahí, hice un poco de tiempo mirando los precios de las cámaras de fotos para mi novio, que probablemente se compre una (la diferencia de precio merece la pena). Una vez reunidos todos, a eso de las seis, que María se retrasó un poco, nos fuimos a cenar algo al restaurante de los padres de Shin-chan. La comida deliciosa, y encima no nos dejaron pagar, así que con eso os digo todo. Después continuamos la velada en el pub Hubs. Ya allí empezamos a hacer el tonto con la cámara de fotos y comenzaron a surgir las primeras dudas: ¿volvemos antes de que cierren las puertas de la resi? ¿esperamos toda la noche por ahí hasta el primer tren? Al final tomamos una decisión de la que estoy segura ninguno se arrepentió... ¡Nos fuimos a casa de Lei a seguir con la fiesta! Desgraciadamente, Christine y Kyouhei no pudieron venirse con nosotros, así que el equipo se quedó con solo cuatro jugadores, pero ¡qué cuatro!
Para empezar, locuras en el tren, fotos por un lado; fotos por el otro, el símbolo de saaa... Llegados a este punto estoy segura de que más de uno ha visto las fotos y se estará preguntando qué demonios significa el dichosito saaa que aparece en un montón de ellas. La respuesta es tan simple como estúpida, pues se trata de una partícula de las muchas que los japoneses añaden al final de sus frases para dar ciertos matices al contenido. En el caso de saaa aparentemente el significado es más bien nulo, lo que ocurre es que a todos nos resulta muy gracioso cómo suena, sobre todo porque mi amigo Kyouhei lo utiliza SIEMPRE. La cantinela del saaa perdura a día de hoy, y presiento que se ha convertido en un compañero de fatigas de todos los que estamos aquí, un recuerdo más que añadir al baúl que poco a poco estoy llenando (no, si cuando yo digo que voy tener que alquilar una furgoneta para volver es por algo
Una vez en casa de Lei, la verdad es que es bastante complicado contaros con pelos y señales todo lo que pasó. Es en este momento en el que las fotos ocupan más protagonismo que las palabras, si bien es necesario hacer algún que otro apunte: mis imágenes durmiendo son totalmente reales. Caí rendida a eso de las 4 ó 5 de la mañana y me desperté alguna que otra vez, sobre todo para protestar porque no me dejaban dormir en condiciones. Más entrada la mañana se desmadró completamente la cosa cuando el pobrecito de Shin-chan se durmió con tres mujeres a su alrededor maquinando maléficos planes de extrañas y comprometedoras fotos. Fue muy divertido comprobar que el pobrecillo ni se inmutaba. De hecho para mí fue una especie de déjà vu, pues ya había vivido una experiencia parecida en casa de mi amiga Gallegomaña con Ricardo y Javi Francés, situación en la que éste último fue nuestra víctima: se durmió tan profundamente que no se despertó ni teniendo todo un mercadillo encima (si no me equivoco hay fotos colgadas también por aquí). Tanto se desmadró la cosa que hay algunas fotos que no he colgado por parecerme demasiado "fuertes" para ponerlas a disposición de todo el mundo, así que algunos tendréis que esperar a mi vuelta a España para ver todo el reportaje. Ah, también hay vídeos.
Cuanto más avanzaba la mañana del sábado menos ganas teníamos de volver a casa, así que al final decidimos ir a comer todos juntos para celebrar lo fuertotes que habíamos sido por quedarnos despiertos hasta el día siguiente. Bueno, lo de fuertotes, algunos más que otros, que servidora, aunque no durmió mucho, algo fue. Después de comer, Shin-chan, María y yo nos fuimos hasta Shinjuku para coger el tren de vuelta a casa y nos quedamos completamente sopas del cansancio que había.
Tras tanta fiesta os podéis imaginar que esta semana que está a punto de acabar me la he tomado con mucha tranquilidad, más que nada porque el lunes comencé a trabajar y los niños ya cansan de por sí como para encima ir arrastrando horas de sueño. Lo más destacado ocurrió el miércoles, día en que nos reunimos unos cuantos en Shinjuku para comer algo y dar una vuelta, más que nada con la excusa de que Marina, la prima de Kyouhei, tenía que preguntarme unas dudas de su clase de español. Yo, por mi parte, le doy la calificación de "momento estrella del día" a mi cabezadita en el tren de regreso a casa: con el catarro que he ido arrastrando esta semana me quedé completamente sopa, lo que nunca antes había conseguido en un tren nipón. Sin embargo, mi sueño se vio perturbado por un ruido cerca de mi oreja que consiguió hacerme pegar un bote y preguntarme incluso dónde demonios me encontraba (cosas de andar zombie). Yo diría que el golpe lo produjo la mano de un japo que estaba apoyado en la puerta del tren, pero desconozco el porqué.
Este finde está siendo bien tranquilito, salvando el incidente de la bici. Ayer me dediqué a dar paseos sin rumbo fijo por la zona de tiendas de Hachioji, iPod en mano y bien abrigadita para no coger más catarro. Tiempo de reflexiones, vídeos sentimentales en YouTube, mucha música y muchos pensamientos. Pasar tiempo sola viene muy bien también. Además, el finde semana que viene se presenta calentito: el viernes nos vamos a celebrar el cumple de Kyouhei, que nos ha hecho 19 añitos esta semana y no hemos podido festejarlo como se merece, y el sábado, si no cambian los planes, tengo cena hispano-japonesa con gente que conocí en la Embajada y con los que estuve también cenando antes de Navidades.
2/4/2007 Un dia en la Escuela de Educación Primaria Minami-noHacía ya tiempo que el jefe de Relaciones Internacionales nos había pedido a varios estudiantes de intercambio si podíamos ir el día 1 de febrero a la Escuela de Educación Primaria Minami-no para contarles a los alumnos curiosidades sobre nuestros respectivos países. A las 9:30 de la mañana teníamos que estar en la Salida Sur de la Estación de Takao para coger el tren a Hachioji y allí cambiar de línea para subirnos en otro tren que, tras sólo dos estaciones, nos dejaría en la de Minami-no. Cinco minutos más tarde de lo previsto y con un alumno menos, que por más que se le intentó llamar por teléfono no dio señales de vida, emprendimos ruta.
Al llegar a la escuela, el tradicional ritual de quitarse los zapatos y ponerse zapatillas, aunque esta vez con una pequeña sorpresa: a cada uno nos habían asignado una taquilla en la que habían escrito nuestro nombre. También teníamos un badge preparado para que a nadie se le olvidara cómo nos llamábamos, todo ello cortesía de los niños de la escuela. Para comenzar la jornada, la directora nos llevó a una sala de reuniones en la que explicarnos el programa del día mientras tomábamos una taza de té calentito. Nada más entrar en la habitación, nuestra segunda sorpresa, pues los alumnos habían dibujado las banderas de nuestros países, y decir que la de España estaba perfecta, hasta el más mínimo detalle del Escudo.
Hasta la hora de comer nos pasamos la mañana escuchando las presentaciones orales sobre distintos aspectos tradicionales de la cultura nipona que los alumnos habían preparado para nosotros. Eso sí, antes de comenzar, una calurosa bienvenida como primer contacto con los niños, pues al entrar en la zona de las aulas nos recibieron agitando pequeñas banderas de China, Taiwán, Vietnam, Corea del Sur, Egipto, Indonesia, Mongolia, Filipinas y España... ¡Qué emoción! Me daban ganas de llorar y todo. Después de una interesante comida en la que el grupo de estudiantes con el que me tocó sentarme me hizo "compremetidas" preguntas sobre mi vida privada, llegaba el turno de contarles cosillas sobre España. Básicamente me dediqué a romper esos mitos sobre las tradiciones españolas, eso de que todo es paella, flamenco, toros... Aproveché, como siempre, para hablar de sidra, fabada, playas, montaña... Pero también del Museo del Prado y otros tesoros nacionales.
Sobre las 15:30 abandonamos la escuela, no sin antes recibir una gran despedida: los niños, además de darnos las gracias en repetidas ocasiones, cantaron y tocaron la flauta para nosotros. También recibimos regalos, si bien lo mejor estaba por llegar, ya que al salir al patio de la escuela, cuando pensábamos que la despedida se había terminado y tocaba volver a Takao, nos encontramos con que los alumnos nos estaban esperando para decirnos adiós y darnos las gracias de nuevo. Algunos nos daban la mano, otros incluso nos abrazaban. Lo más divertido, el grupo de niñas con el que comí, que me desearon suerte con mi novio y me pidieron por favor que me casara con él.
Antes de coger el tren de vuelta hicimos una paradita para comer algo en un restaurante italiano, pues no es que el almuerzo escolar hubiera sido muy abundante. De nuevo en Takao, de nuevo la rutina, pero esa noche con un plan diferente, pues invité a Risou, Sara, Ji Hye y María a pasarse por mi habitación y hacer una pequeña fiestecilla. De las fotos se puede deducir que nos lo pasamos muy bien... Buscando baito desesperadamenteYa os comenté en mi último mensaje las diversas razones que me impulsaban a mantenerme ocupada durante las largas Vacaciones de Primavera de mi universidad, que duran hasta primeros de abril. Por ello, me tocó ponerme manos a la obra y comenzar a buscar algo de trabajo. Por suerte, María, mi amiga filipina, hace tiempo que dejó su anterior trabajo por horas (baito) y se había propuesto los mismos objetivos que yo, así que decidimos juntar esfuerzos por el bien común. Empezamos buscando en una página de Internet en inglés creada especialmente para los extranjeros interesados en currar en Japón. Allí encontramos algunas ofertas interesantes, así que empezamos a mandar currículos. Entretanto, a mí me tocaba ir a Relaciones Internacionales a pedir los papeles necesarios para poder trabajar, ya que se requiere autorización por parte de la universidad. Además, al ser extranjera, tengo que pedir en Inmigración que hagan una pequeña modificación en mi expediente, ya que mi visado es de estudiante y, aunque me permite trabajar un número limitado de horas, tiene que constar oficialmente.
El martes 30, aprovechando que tenía que hacer otros trámites en Relaciones Internacionales, rellené los papeles necesarios. Además, me tocaba mantener una breve entrevista con Hashimoto-sensei, una de las profesoras encargadas de llevar los temas de estudiantes extranjeros. La finalidad de este encuentro no es otra que la de informarme del máximo de horas por semana que puedo trabajar (28), los trabajos que están prohibidos para los estudiantes e interesarse por qué tipo de trabajo es el que me gustaría hacer. A este respecto quisiera contaros una situación un poquillo embarazosa, ya que con los nervios, el decírmelo en japonés y mi "tremendo" amor por las Matemáticas, no fui capaz calcular en voz alta cuántas horas al día se puede trabajar si uno consigue un baito diario (también vaya preguntitas que le hacen a uno, ni que fuera esto el cole, jejejej). Un "tierra, trágame" en toda regla. Ni me salían las cuentas en español, no os digo más
El caso es que mi búsqueda de trabajo comenzó a dar frutos pronto, ya que esa misma semana recibí algunos correos y una llamada, ésta última concertando una entrevista para el sábado 3. Parecía que la suerte no dejaba de sonreírme, ya que uno de los e-mails hacía referencia a un puesto de profesora de inglés en mi ciudad. El día 31 conseguí concertar una entrevista para este último y parece que la cosa fue bastante bien, ya que mañana lunes empiezo de prueba. Al final cancelé la entrevista que tenía el sábado (la verdad es que de haber obtenido ese trabajo me hubiera tocado todos los días chuparme una hora y pico de trenes y metro), y estoy todavía pendiente de contestar al correo de un restaurante, también a una hora más o menos de aquí, para decirles si puedo asistir al próximo día que tienen entrevistas.
Por supuesto, la vida no siempre es de color de rosa, pues de vez en cuando ocurren cosas que enturbian la felicidad y el sosiego de mis días: sin entrar en muchos detalles, porque no creo que proceda y no quiero echar más leña al fuego, mi universidad ha podido visitar mi página de YouTube y parece ser que el contenido de los vídeos no ha gustado mucho, ya que me han pedido que los borre. Tendréis que esperar hasta que vuelva para poder enseñarlos en privado. Pero vamos, que no hay nada de lo que preocuparse. Sólo fue un disgustillo, que yo estoy estupendamente y todavía tengo un montón de cosas que contaros sobre esta semana que acaba ya prontito. También iré subiendo las fotos a medida que me vayan pasando todas, ya que prefiero colgar las imágenes de una misma carpeta de una sola vez y no marearos mucho. 1/28/2007 La cuesta de eneroTenía el espacio bastante abandonado, pues con los exámenes ya os podéis imaginar que no he tenido precisamente mucho tiempo para ponerme a escribir otra cosa que no fuera vocabulario, kanji... Ahora que todo eso ha pasado prometo volver a mi ritmo de antes, siempre y cuando haya cosas que contar.
Precisamente mi vida últimamente no es que se haya caracterizado por sucesos importantes, pues desde que acabé los exámenes llevo una vida bastante austera con el fin de ahorrar algo para costearme por mí misma; es decir, sin tener que sablar a mis padres, un viaje a Kioto con mis amigos, que, si todo va bien, será a principios de abril. No obstante, como una no puede parar con el culo quieto en casa, más que nada porque la vida en Takao es algo aburrida, he comenzado a buscar algo de trabajo por horas, lo que aquí se conoce como baito, para poder financiarme mis caprichos (principalmente el viaje del que os acabo de hablar). Ahora que tengo tiempo quiero marcarme una rutina que no me tenga todo el día en casa. Es ésta, pues, otra de las razones para buscar curro. Ya os contaré en qué queda la cosa. De momento tengo que pedir permiso a la Universidad, para lo cual necesito unos papeles que me darán el martes de la semana que viene. También tengo que ir a no sé qué movida de Inmigración. La verdad es que no estoy muy enterada de cómo funciona la cosa, pero si os puedo decir que nada tiene que ver con lo que se hace por España, ya que aquí los estudiantes universitarios no pueden trabajar más de un número limitado de horas a la semana. Vamos, que lo tienen todo muy controladito.
Básicamente me paso los días en la residencia, salvando alguna que otra salida con María para despejar, ver alguna peli en la biblioteca (no te las dejan sacar fuera) y ayudar a Kidd con su español, que ha empezado a estudiar por su cuenta antes de que comience el nuevo curso en abril. Precisamente con Kidd pasé unos cuantos días después de los exámenes, del jueves 18 hasta el domingo 21 concretamente, tiempo en el que me alojé en su casa en Shinjuku, salimos por ahí, vimos pelis... Vamos, que pude escaparme de la horrible rutina en la que había caído mi vida en Takao: de casa a la biblioteca y de la biblioteca a casa durante un par de semanas, la segunda de las cuales se desarrolló entre el trajín de los exámenes (los madrugones para repasar, las dudas de última hora, los nervios...). También me ha tocado contestar a un sinfín de correos que tenía pendientes, colgar alguna que otra foto y crear mi propia página en YouTube desde la cual poder enseñaros algunos de los vídeos que hemos ido haciendo en estos cuatro meses que llevo por aquí; sí, cuatro meses ya, ¡quién lo diría! Si os interesa echarle un vistazo, ésta es la dirección: http://www.youtube.com/profile?user=MemoirsofButterflies
Ah, por cierto, ya se me olvidaba contaros algo interesante: el martes día 23 tuve la cena de fin de curso del Seminario de Español del profesor Uritani, una clase a la que voy todas las semanas para echar un cable a los estudiantes de cuarto. Fuimos a un restaurante en Roppongi, una de las zonas más fiesteras de Tokio, frecuentada por muchísimos extranjeros. Como curiosidad, contaros que en ese mismo sitio estuvieron Koizumi y Bush en una de sus visitas. La comida excelente, y el ambiente más que animado. Después continuamos la fiesta en un izakaya, Watami, que está por todas partes (debe ser una especie de cadena). Al final acabamos en el Hubs, un pub tipo al Irish Rover de Salamanca y que también forma parte de algún tipo de franquicia. El caso es que a mí la hora de irme ya se me había pasado hacía tiempo, más que nada porque Takao está en el quinto pino de Tokio. Por suerte ahí estaba Yukari-chan como siempre para ofrecerme su casa. Nos fuimos mucho antes que el resto, pero al menos pude quedarme un poco más y disfrutar de la noche nipona, que falta me hacía.
Al día siguiente comimos algo en su ciudad, Sagamihara, y yo volví a mi rutina de Takao, no sin antes llevarme unas latas de fruta cortesía de la señora Yazawa, la mamá de Yukari, que me trata como a una reina cada vez que voy a su casa y no deja de invitarme a que vuelva una y otra vez.
Siento que este mensaje sea tan soso, pero es un calentamiento más que necesario después de una larga ausencia. Pronto volveré con nuevas aventuras. Ahora sólo queda esperar a que el mundo de Karla vuelva a girar en diferente dirección. Hasta entonces seguiré con mi monótona vida en Takao a la espera de nuevos acontecimientos. 1/8/2007 Navidades 100% niponas: colocaciones, rebajas y... ¡Se acabó lo que se daba!Después de pasarme las vacaciones de Navidad sin dar palo al agua y de un lado para otro iba siendo hora de ponerse en plan, que los exámenes están a la vuelta de la esquina (empiezo el 15). Además, tengo un par de trabajos que entregar la semana anterior, aunque por suerte, más bien por precaución, que sabía que en vacaciones no iba a hacer nada, uno de ellos lo dejé listo antes de Navidades. Me quedé durante dos días encerrada en casa dedicada prácticamente en exclusividad al dichosito trabajo de colocaciones y locuciones japonesas: 500 ejemplos con su traducción al español... ¡Casi nada! Y todo para no conseguir acabarlo en ese tiempo.
Con los nervios a flor de piel y unas ganas tremendas de salir a tomar el aire madrugué el viernes día 5 para ponerme de nuevo con el trabajo hasta mediodía que tenía previsto salir a comer con Kidd y María. Ellos tenían un examen a las 9 de la mañana y no sabían a qué hora terminaría, así que me daba tiempo de adelantar algo. Para mi sorpresa, a eso de las 10 de la mañana, recibo una llamada de Kidd para contarme que María se había confundido al mirar la fecha del examen, que no era ese día, sino la semana siguiente... Pobrecillos, madrugar tanto para nada. Al enterarme lo único que pude hacer es reírme, seré mala
A eso de la una, María terminó sus quehaceres del hogar y yo estaba hasta las narices del trabajito, y eso que todavía me quedaba una parte considerable para por la tarde. Nos fuimos caminando hasta la estación y decidimos coger un tren para Tachikawa, por cambiar un poquito de aires. Al llegar no había persona que encontrara un sitio para comer, pues todos los que nos interesaban estaban hasta arriba, así que al final nos metimos en un Kentucky Fried Chicken cercano a la estación. Otro tanto de lo mismo sucedió a la hora del café, ya que todos los Starbucks en los que buscamos sitio estaban llenos. Total, que acabamos en un Excelsior Caffé, que por lo que me han contado viene a ser la versión cutre del Starbucks.
Ya a las 4 de la tarde se acababa mi tiempo de libertad, y es que Kidd tenía que volver a Shinjuku para ir a trabajar, y María a su casa a pasar unos días más con sus padres. Me volví solita y desamparada a la cruda realidad de la resi, a volver a encerrarme en mi habitación con ese dichoso trabajo, no sin antes pasar por la 100 yen Shop de Takao y realizar unas comprillas. Cuando por fin lo acabé no podía ni creérmelo. Para celebrar "el alumbramiento", que viene siendo ir a imprimir el trabajo a la biblioteca el sábado por la mañana, me fui ese mismo día con Kidd a las rebajas, a ver si encontraba algún trapillo que me sentara bien y no costara mucho (necesitaba apagar mi sed consumista de forma racional, por supuesto).
Habíamos quedado en vernos a eso de las 12 y media en Shinjuku, pero la intensa lluvia había hecho que me retrasara un poco y llegué a la 1 más o menos. Nada más encontranos pusimos rumbo hacia un kaitensushi, que por la mañana no me había dado tiempo de desayunar y tenía el estómago súper vacío. Después de comer nos fuimos a comprar la funda para mi iPod, que el pobrecillo andaba desprotegido y no quería que se pudiera estropear al meterlo en el bolso. En un principio tenía pensado comprar una funda rosa (yo y el rosa, en fin), pero en cuanto vi una carátula con mariposas cambié rápidamente de opinión: compré una funda transparente desde la que se pudiera ver perfectamente la imagen... ¡Ahora sí que es el iPod de Karla
Nuestra siguiente parada era Harajuku, una zona de tiendas bastante popular entre los extranjeros. Nos pasamos un buen rato mirando trapitos por allí y yo a punto estuve de perder los nervios y lanzarme al horroso vacío de la desesperación tras comprobar una y otra vez que todas las minifaldas y pantalones cortos que me gustaban eran tan sumamente pequeños que no cabría ni prima de Henar, que tiene 5 años. Al menos me compré unos zapatos por 6 euros, que no está nada mal
Tras una dura jornada de tiendeo pusimos el broche de oro a tan estupendo día (encima había parado de llover) cenando en un yakiniku. Tan bien lo estábamos pasando que al mirar el reloj nos dimos cuenta de que era un poquito tarde para mí, así que nos fuimos pitando a la estación a buscar un tren para Takao... ¡Casi me quedo a dormir en la calle por segunda vez! Y es que la combinación de trenes que utilizo normalmente no estaba disponible, así que tuve que usar otros. No sé qué arte me di que no me enteré muy bien de dónde tenía que cambiar de tren y me confundí, así que cuando quise llegar a Takao eran las 12 menos cuarto, por lo que me fui corriendo como alma que lleva el diablo hasta la parada de taxis. De nuevo dejé mi bici abandonada hasta el día siguiente. El taxi me dejó a la puerta del Campus a eso de las 12 menos 10 pasadas, así que eché una buena carrera hasta la resi.
¡Tantas aventuras y tantas experiencias he vivido estas Navidades! Pero se acabó lo bueno Karlita. Mañana abre la biblioteca y hay que irse todos los días a estudiar, que está visto que en casa estos días no haces mucho, más que nada porque no paras por allí... Navidades 100% niponas: Nochevieja y Año NuevoDespués de estar encerrada en casa durante el 29 y el 30 sin apenas hacer nada mis pilas estaban completamente recargadas para vivir a tope una Nochevieja y un Año Nuevo rodeada de una cultura y unas costumbres que nunca antes en mi vida había tenido la oportunidad de tener tan cerca. Mis cinco sentidos estaban más que preparados para absorber cual esponja todo lo que se pusiera a tiro... Y mi cámara para inmortalizarlo.
Hasta la hora de comer me dediqué a limpiar mi habitación un poquito como de costumbre, pero esta vez recordando el hábito nipón de limpiar a fondo con motivo de la llegada de un año nuevo. A las 6 de la tarde Risou, Sara y servidora teníamos que estar en Shinjuku para encontrarnos con Kidd, ya que el resto de la gente que iba a venir, Kyouhei y Yuuki básicamente, tenía que trabajar hasta las 9 ó 10 de la noche. Nosotros habíamos decidido vernos antes e irnos por ahí para hacer tiempo hasta la hora de reunirnos con ellos en Asakusa, lugar que habíamos elegido para pasar el Fin de Año.
Al llegar a Shinjuku dimos una vueltecilla y echamos un vistazo a alguna tienda en lo que encontrábamos sitio donde comer algo, misión bastante difícil al tratarse de Nochevieja, ya que prácticamente todos los locales estaban a reventar. Por suerte dimos con un restaurante de cocina asiática bastante grande en el que había mesas de sobra, así que allí nos metimos un buen ratillo. Una o dos horas después decidimos poner rumbo hacia Asakusa y empaparnos del verdadero ambiente de Nochevieja, pues en Asakusa está uno de los templos más populares, bastante frecuentado por turistas, así que hay muchísimas tiendas y tenderetes con productos típicos: justo lo que necesitábamos para no aburrirnos en lo que esperábamos al resto.
A medida que se iban acercando las 12 de la noche la cola de personas que esperaban para realizar sus oraciones en el templo creía y creía de una forma sorprendente. Nosotros decidimos esperar hasta la mañana siguiente, pues verdaderamente es cuando se va al templo con motivo del Año Nuevo. A eso de las 11 llegaron por fin Kyouhei y Yuuki, que los pobrecillos se habían retrasado más de lo previsto. A esas horas decidimos que lo mejor era huir un poco del bullicio de la zona del templo y meternos en algún bar a tomar algo tranquilamente, sobre todo por ellos, que no habían cenado y venían muertos de hambre. Después de entrar en varios locales y fracasar en la búsqueda de mesa (estaban hasta la bandera) encontramos un izakaya bastante majo en el que sentarnos tranquilamente y esperar a que dieran las 12 para brindir todos juntos. Además nos toco en una zona típicamente japonesa, asi que nos quitamos los zapatos y nos sentamos como si estuviéramos en nuestra casa.
Entre risas, buena conversación y una compañía estupenda nos dieron las 12 y un Año Nuevo acababa de comenzar. Yo tenía a mis padres al teléfono, pues quería felicitarles el 2007 unas cuantas horas antes de que ellos lo vieran en España. De hecho, justo cuando estaba hablando con ellos brindé con mis amigos, así que hasta oyeron la felicitación en japonés, jejejej. Por supuesto hicimos la primera foto del año, ¡faltaba más! Por aquellos entonces Song nos había llamado por teléfono para decirnos que salía de trabajar y quería unirse a nosotros, así que decidimos quedarnos esperándole en el mismo sitio hasta que nos volviera a llamar para avisarnos de que había llegado a Asakusa.
A eso de las 2 de la madrugada por fin llegó la llamada esperada, y es que el pobrecito Song había tenido la mala suerte de que un incendio produjera retrasos en la línea que debía coger para reunirse con nosotros. Con él se habían venido también una amiga china y Shin-chan. Ya por fin todos reunidos decidimos buscar otro bar en el que tomar algo y divertirnos todos juntos hasta por la mañana.
Las horas fueron pasando y Japón se iba despertando tras una noche muy larga. Vimos un precioso amanecer de la que salíamos del bar en el que habíamos pasado las últimas horas. Eran más o menos la 7 de la mañana y tocaba ir al templo a realizar las oraciones de Año Nuevo. Asakusa seguía estando lleno de gente, incluso había algunas tiendas abiertas, aunque el ambiente era bastante diferente: casi todas las personas que estaban en la zona del templo eran japonesas, de todas las edades y estilos, muchos de ellos con sus familias. La verdad es que es muy complicado describir cómo era el ambiente que se respiraba allí, pero sólo con mirar alrededor y ver cómo un lugar tan tradicional encaja perfectamente en un país tan moderno uno se puede hacer una idea de lo afortunado que es el que tiene la oportunidad de contemplarlo, y más de vivirlo en fechas tan importantes.
A las 8 de la mañana, justo antes de meterme en la estación para coger el tren, recibí la llamada de mi familia, pues en España acababan de dar las Campanadas y todos estaban juntos en casa de una de mis tías brindando después de las Uvas. Me hizo mucha ilusión poder compartir ese momento con ellos, aunque me puse un poco triste, pero sólo un poquito. En lo que yo hablaba por teléfono nuestro grupo estaba a punto de dividirse, ya que Kyouhei y Yuuki tenían que trabajar de nuevo ese día por la tarde, así que habían decidido volverse a casa antes. El resto nos íbamos hasta Akiha, zona de Tokio famosa por estar llena de tiendas tipo Media Markt. Precisamente el día de Año Nuevo comienzan allí las rebajas, así que uno de mis amigos quería ir a echar un vistazo y comprarse algunos videojuegos. Yo no tenía especial interés en ir, lo único por mirar los precios de los reproductores mp3 (mi planeado autoregalo de Reyes), pero tampoco tenía ganas de volver a casa solita, así que me apunté al carro. Al final fue una experiencia interesante y todo, pues nunca antes he estado a las puertas de una tienda esperando a que abriera, y menos rodeada de gente, ahí en mogollón, empujándose y perdiendo el control simplemente por entrar; vamos, ambiente rebajas 100%. Yo, muy prudente y sin gana alguna de resultar aplastada o agredida por algún freaky nipón deseoso de comprar las últimas novedades tecnológicas (había de cada personaje en la cola de la tienda en la que entre yo, y en las de las otras ya ni os cuento...), me lo tomé con la mayor tranquilidad del mundo y entré cuando vi que no había peligro. Después de mirar y requetemirar los mp3, de no convencerme ninguno y de dudar si comprarme el nuevo iPod nano, que estaba a muy buen precio comparado con los de España, acabé cediendo a mis tentaciones y adquirí el maravilloso producto que tantas horas de diversión tenía pensado que me diera: por fin se acabarían los aburridos viajes en tren mirando a las musarañas.
A esas horas hacía un frío horrible y todos teníamos ganas de meter algo caliente en el estómago, así que nos fuimos a un Mc Donald's de la zona, uno del que no nos echaran, jejejeje. Sentadita con mi hamburguesa, mis patatas y mi refresco ante mí, más contenta que nadie en este mundo pero súper cansada, decidí llamar a mi novio para felicitarle el año, y de paso controlar cómo se lo estaba pasando (ESTO ES UNA BROMA
Después del cine nos dedicamos a dar paseos, ojear tiendas, tomar algún que otro café y no parar de dar bostezos. Aquí enseguida se hace de noche y a mí me iba tocando volver a Takao, pero ni pizca de ganas que tenía. Suerte que Kidd me ofreció quedarme en su casa para que no tuviera que chuparme el tren con el cansancio, no fuera a ser que me pasara algo. Al día siguiente comimos unos sándwiches en lo que esperábamos el tren, que se vino a Takao conmigo para ayudarme a instalar el software del iPod en el ordenador. Así aproveché y le enseñé todas las fotos que habíamos sacado el día 23 de fiesta por Shibuya... ¡Menudas risas viéndolas!
1/7/2007 Navidades 100% niponas: disfrutando como enanos en el Parque de atracciones Seibun YuenchiUna vez más llegamos tarde. Yukari y yo tuvimos al pobre Ryu esperándonos como una hora a cuenta de que se nos pegaron un poquito las sábanas y, para colmo de males, nos confundimos con los trenes. Pero Ryu es muy bueno y nos supo perdonar, así que pudimos pasar un día estupendo los tres juntos hablando español como cotorras, que los dos tienen un nivel estupendo y yo últimamente hablo demasiado japonés como para permitirme un día de tregua
Empezamos el día subiéndonos a una montaña rusa con sus loopings y todo; Yukari casi nos mata por meterla en semejante trasto, jejejeje. Después de eso nos fuimos a atracciones un poco más tranquilitas, como las cadenas voladoras o el barco vikingo. También nos hicimos las típicas fotos japonesas de fotomatón que luego puedes decorar a tu gusto. Entre atracción y atracción nos sentábamos en cualquier lado para comer alguna cosilla, que todos habíamos venido cargados de víveres, sobre todo Ryu, que parecía nuestra mamá y se estaba comportando con nosotras como un verdadero anfitrión (se me ha olvidado mencionar que no pagamos entrada porque él tenía invitaciones). Sin embargo, lo que estaba siendo un día perfecto se torció un poco cuando nos subimos a una atracción estilo a los barriles de la Warner, de esas que giran y giran hasta que acabas mareado, o lo que es peor, echándole la pota al vecino. El caso es que pensábamos que era otro tipo de cacharro, y cuando nos bajamos a mí me daba vueltas todo. Necesité una coca-cola y un ratito de reposo para recuperarme.
Pasadas las emociones fuertes tocaba ir un poquito en plan tranquilito y dar una vuelta por Märchen Town, la zona del Parque dedicada a Kitty-chan y otros personajes de la misma marca. Ahí todo lo que hicimos fue sacar fotos y fotos, que Hello Kitty nos gusta mucho. El pobre Ryu lo único que podía hacer era resignarse y hacer de fotógrafo para nosotras, aunque en el fondo yo sé que se estaba muriendo de vergüenza por ir con semejantes locas. Una paradita en la tienda de Kitty para comprar un recuerdillo, en mi caso una taza con su forma, y a subirnos a la noria.
Por fin llegaba el momento que más había estado esperando todo el día: patinaje sobre hielo. Resulta que en el Parque de atracciones de Seibun Yuenchi hay una pista, y yo llevo años queriendo hacerlo, o por lo menos intentarlo. Sin embargo, me llevé una decepción tremenda, ya que cuando quisimos ir era la hora de cierre; todo por querer dejarlo para el final.
Ya iba siendo hora de marcharse, que el Parque iba a cerrar en breves. Yukari tenía un compromiso con los amigos, así que nos despedimos de ella en la estación. Ryu y yo nos fuimos a su casa, que vive muy cerquita. Al final acabé cenando allí, que su madre cocinó un arroz con curry estupendo. Lo único malo la perra de Ryu, que es súper grande y no paró de ladrar en toda la tarde-noche... ¡Menudo miedo! A eso de las 10 de la noche me llevaron en coche hasta Kokubunji, donde cogí un tren directo para Takao y me vine a la resi a empezar mi cuarentena pre-Nochevieja: me pasé dos días sin salir de casa haciendo el vago... Navidades 100% niponas: de compras en Odaiba con KiddEn un principio mi plan para el día 27, después de tanto andar para un lado y para otro, era quedarme en casita descansando y cogiendo fuerzas para el día siguiente, que tenía otra salida planeada. Sin embargo, Kidd me propuso irnos por ahí a dar una vuelta, así que no pude resistir la tentación y le pedí que me llevara a algún lado donde me pudiera comprar algún trapito barato... ¡Dicho y hecho! Quedamos en Shinjuku por la tarde y cogimos varios trenes hasta llegar a Odaiba, en la Bahía de Tokio.
Después de echar un vistazo en varias tiendas y comprarme un par de jerseys con su bufanda a juego y una camiseta con una mariposa a precios de ganga, salimos de uno de los centros comerciales en los que habíamos entrado para contemplar una de las vistas más bonitas que he visto en mi vida: la Bahía de Tokio por la noche, iluminada por las luces de todos los edificios que la rodean. No saqué ninguna foto porque a esas horas, pese a ser por la tarde, ya estaba muy oscuro y no iba a salir nada, pero prometo volver de día para hacer todo un reportaje. Además, en la zona hay una réplica de la Estatua de la Libertad con la que me gustaría sacarme una foto, que todavía no he tenido la oportunidad de ir Nueva York, uno de mis sueños (poquito a poco, Karla
Para finalizar una tarde estupenda, cenita en un restaurante coreano... ¡delicioso! 45 minutos de tren y de vuelta en Takao preparada para irme al día siguiente con Ryu, Yukari y Kyouhei a otro parque de atracciones. Que no decaiga la diversión navideña... Navidades 100% niponas: un día en Tokyo Disney Sea pasado por aguaEl día 26 a las 6 y media de la mañana sonó la alarma de mi móvil y acto seguido pegue un salto de la cama en la que tan calentita había dormido. Acto seguido, con mi peor cara, la de las mañanas, bajé a darme una ducha, no sin antes cruzarme con el padre de Kyouhei, que, pese a saber que yo estaba en su casa, se llevó un susto tremendo, lo cual es normal si tenemos en cuenta que yo parecía un fantasma a esas horas. Pasado el momento de la vergüenza, para Kyouhei más bien de risa, duchita para espabilar, desayuno rico rico y en coche hasta la estación de tren más cercana al Disneyland, lugar en el que habíamos quedado con el resto de participantes en esta aventura: mis inseparables Kin y Yuuki más una pareja amiga de Kyouhei, que como buenos novios nipones seguían la fiel costumbre de ir por estas fechas al Disneyland cogiditos de la mano.
A nuestro alrededor un ir y venir de gentes dirigiéndose a toda mecha hacia el Parque, y nosotros intentando decidir a cuál de las dos partes iríamos, ya que el Disneyland de Tokio está dividido en dos. Según las condiciones meteorológicas del momento, una lluvia horrible que no se separó de nosotros en todo el día, decidimos ir a Disney Sea, zona con las mejores atracciones pero con menos lugares que ver y sitios en los que sacar fotos. Muy a mi pesar tuve que abandonar la idea que me había traido hasta aquel lugar: agredir al Mickey nipón, sueño de mis últimos meses (tanta presentación oral ha hecho que desarrolle algún tipo de tendencia al uso de la violencia). Su casa está en la zona del Disney a la que no iríamos, así que tendrá que ser la próxima vez... Sí, habrá una próxima vez, en primavera, cuando el tiempo sea decente y puedan venir los que faltaron: Sarah, que estaba de viaje; Kidd, que tenía trabajo, y María, que tenía que pasar estos días con sus padres... ¡Cuántos más mejor!
Para empezar el día con emociones fuertes, nada como una subidita en la Torre del Terror, una atracción de caída libre desde una altura bastante considerable. Entre el frío, la lluvia y la cola a más de uno se le estaba poniendo la carne de gallina sólo con imaginarse lo que nos estaba esperando en cuanto entráramos. Servidora también se empezó a poner nerviosa cuando se subió al aparato en cuestión, así que todo lo que pude hacer fue agarrar bien fuerte las manos de quienes estaban sentados a mi lado, en este caso Kyouhei y Yuuki, y pegar unos gritos como nunca en mi vida. Después de las emociones fuertes, algunas atracciones más tranquilitas alternando con las que más descargas de adrenalina podían producir, aunque todo ello muy light si las comparamos con las de cualquier parque de atracciones. También hicimos alguna paradita para comer, tomar algo caliente y sacar fotos. Yo como siempre dando la puñeta con las fotos, pero es que no todos los días viene una a Japón, y menos al Disneyland. Además, echando números me di cuenta de que ya hace mucho tiempo que fui por última vez al Disneyland de París, y eso produce en mí cierta nostalgia y hace que la Karla más niña de todas salga a flote.
Y pasaban las horas e iba tocando poner fin a un día de diversión pasado por agua. Eso sí, antes de marcharse decidimos volver a subirnos a la Torre del Terror, pero esta vez con un aliciente más: cuando se puso la atracción en marcha y nos empezaron a subir, justo antes de empezar a caer, sentí vibrar en mi bolsillo izquierdo mi móvil y comencé a gritar como una histérica "meeru, meeru (e-mail)". Además, detrás de mí estaba sentado Kin, que no paraba de decir cosas para meterme miedo y de hacer ruidos extraños en mi oreja, y yo a grito pelao diciéndole "yamete, yamete (¡para, para!)!" El resto de la gente subida en la atracción, incluidos mis amigos, no pararon de reírse. Tal shock traía yo con esa mezcla de sucesos que no solté ni un solo grito en lo que caíamos; me limité simplemente a cerrar los ojos y a agarrar de nuevo con todas mis fuerzas las manos de Kyouhei y de Yuuki.
Pasadas las emociones fuertes nos dividimos para hacer un poquito de shopping. Yo me fui con Kyouhei a buscar un regalito para Sara, que habíamos prometido llevarle algo. Al final le compramos lo mismo que me compré yo para mí: una taza especial para té de color rosa con la imagen de Minnie en kimono y un paisaje de estilo nipón, todo ello muy oriental.
Tren hasta Shinjuku; lluvia, lluvia y más lluvia, cena de Yakiniku y cada uno para su casa a pegarse una buena duchita, a descansar y a coger fuerzas para Nochevieja y Año Nuevo. Navidades 100% niponas: Nochebuena en casa de María y Navidad en casa de KyouheiHay que ver qué largo se me hizo el viajecito en tren hasta el pueblo de María... Y es que las dos no podíamos con el cuerpo, pero ni capaces fuimos de dormir un poquito en el tren. Yo diría que la culpa la tuvo la vocecita que va indicando las paradas, que esta vez era un vozarrón como nunca habíamos oído en nuestra vida nipona.
Cuando por fin llegamos a casita de María había que mantener el semblante y no dormirse por los rincones, que no era cuestión de dar mala imagen ante la madre de María, y más cuando es el primer día que te ve y encima te ha invitado a su casa. La buena mujer nos preparó algo de comer y ahí nos sentamos calentitas en torno a la mesa, con nuestras mantitas y todo. Para amenizar la tarde, nada mejor que los perrinos de María acosándome (ver fotos) y quedarse en casita tranquilamente viendo la televisión después de haberse dado una ducha y un baño relajantes.
Sobre las 7 de la tarde la menda ya estaba lista y pintarrajeada lo suficiente como para que las horas de sueño perdidas no se notaran mucho, aunque el cuerpo me estaba empezando a dar sintómas de que necesitaba cama. Por eso, para acallar las ansias de sueño nada mejor que coger la bici y echarse al frío nipón para ir a buscar a Ji Hye, una chica coreana de la resi, a la estación. Después un paseillo hasta el súper, en el infinito o más allá, unas compras de última hora para la cena y de vuelta al hogar de María, que tan amablemente nos había acogido en Nochebuena.
La cena fue de los más variada y abundante, vamos, que nos pusimos las botas todo lo que quisimos y más. El postre, una deliciosa tarta de chocolate, y para brindar un poquito de champán francés. Entre pitos y flautas, más bien charlando, viendo la tele y escuchando música, nos dieron las 2 de la mañana, así que iba siendo hora de acostarse.
A la mañana siguiente, a eso de las 8, recibí una de las mejores y a la vez peores llamadas de mi vida, la de mi familia, que estaba celebrando la cena de Nochebuena. Digo que fue una de las mejores llamadas porque me hizo muchísima ilusión poder hablar un poquito con todos, pero también de las peores porque estaba súper zombie y apenas recuerdo qué dije y qué me dijeron. Acto seguido de vuelta a la cama hasta las 12 y media.
Cuando nos levantamos teníamos la casita para nosotros solas, ya que los padres de María se habían marchado a pasar el día fuera. Lo primero que hicimos fue desayunar-comer tranquilamente para luego vagear todo lo que quisimos y más frente al televisor hasta que Una y Ju Hyun vinieran y comiéramos algo todas juntas. Después de ponernos las botas, de hecho comí más bien poco porque apenas tenía hambre, tocaba recoger y hacer un poco el gamba por casa. A mí me iba tocando marcharme y cada vez me daba más pereza, así que hablé con Kyouhei para retrasar un poquito la hora a la que habíamos quedado en Shinjuku.
Ya por fin a eso de las 5, después de vagear lo suficiente, pegarme una buena ducha y recoger todos mis bártulos, me fui a la estación acompañada por María y Ji Hye, y cogí a toda leche el tren para Ikebukuro, donde tenía que cambiar de línea para ir a Shinjuku. Al llegar a la estación de Ikebukuro me hice un poco el lío y tardé algo más de lo que esperaba en encontrar el andén, pero es que nos os podéis imaginar lo abarrotadas que pueden llegar a estar las estaciones de tren en Tokio y lo complicado que puede llegar a ser orientarse con tanta gente yendo de un lado a otro a toda leche.
Sana y salva en Shinjuku, unos minutillos de espera y mi hermanito Kyouhei me vino a buscar para subirnos en un tren que nos llevara hasta su ciudad. Al llegar ya iba siendo la hora de cenar, así que pusimos las mochilas en la cesta de su bici, que nos estaba esperando en la estación, y nos fuimos al bar de sushi en el que Kyouhei trabaja por horas. Esa noche no le tocaba trabajar, pero sí a su hermano pequeño, Hiro, al que no veía desde mi cumpleaños. Respecto a Hiro quisiera contaros una cosa muy curiosa: en Japón, por si no lo sabéis, la jerarquía social, por denominarlo de alguna forma, tiene un papel muy importante en el idioma, ya que según la persona con la que hablemos se deben emplear unas formas u otras para mostrar respeto hacia nuestros superiores en el trabajo, ancianos o personas de más edad que nosotros. El caso es que Hiro tiene todavía 16 años, si no me equivoco, y para dirigirse a mí utiliza un japonés mucho más educado, ya que soy mayor que él. Yo había estudiado estos fenómenos ya en España y aquí en Japón he sido testigo de diferentes situaciones en las que el idioma cambia (por ejemplo, cuando vas a un restaurante o a una tienda siempre utilizan palabras de respeto para referirse al cliente), pero ninguna tan curiosa como ésta. La verdad es que le sube la moral a una y todo, jejejeje.
Después de cenar me subí de paquete en la bici de Hiro y fuimos hasta su casa. Por suerte los padres de Kyouhei estaban durmiendo y no me tocaría conocerlos hasta la mañana siguiente. Sin embargo, su abuela si que estaba despierta, y fue muy divertido comprobar la hospitalidad de una abuela nipona, muy similar a las españolas. Ya sabéis cómo son: "ay, hija, tú sin vergüenza pide lo que sea", "tómate un té que hace frío, y come esto, y lo otro... pero, ¿no tienes hambre?" Lo más divertido fue ver la cara de Kyouhei y de Hiro y oírles decirle a su abuela como con resignación que no se preocupara, que si necesitaba algo lo pediría.
Videojuegos, bañito relajante, charla y para la cama, que el día 26 iba a ser muy largo... Navidades 100% niponas: de fiesta por Shibuya y el incidente del Mc Donald'sDespués de semanas de agobios, deberes, presentaciones orales y algún que otro episodio de más o menos interés general por fin había llegado el esperado momento de la temporada: ¡Vacaciones de Navidad! Y qué mejor forma de comenzarlas que yéndose de fiesta con los amigos por Shibuya, una de las zonas más céntricas de Tokio.
El día 23 por la mañana servidora se dedicó a limpiar, ordenar y recoger su habitación lo máximo posible, que se avecinaban unos cuantos días de diversión sin pisar por la residencia y había que dejarlo todo listo para la vuelta. También tocaba hacer equipaje. Como siempre, la hora de ducharse, lavarse el pelo, vestirse, maquillarse y demás procedimientos prefiesta no fue la adecuada, ya que se me echó el tiempo encima y acabé más tarde de lo debido. Por suerte María también se había liado con el equipaje, así que gané un poquito de tiempo. Lo único por Gintin, que llevaba un ratillo esperándonos en la estación para coger los tres juntos el tren. Nuestra primera parada era Shinjuku, donde Kidd nos esperaba para hacerse cargo de nuestros bultos hasta la mañana siguiente, tiempo en el que María y yo pasaríamos a recogerlos por su casa. Como el señorito tenía un compromiso con otros amiguetes, una nomikai básicamente, llegaría un poquito más tarde al concierto, así que los tres del comienzo nos fuimos hasta Shibuya; ¡por poco me aplastan en el tren! Allí nos reunimos con Lei y Shin-chan para ir a comer algo y a tomar unas cervezas antes del concierto, que hacía un rato que había empezado e íbamos a llegar tarde de todas formas.
El concierto estuvo genial, la verdad; había grupos de diferentes estilos. A mí el que más me gustó fue un dúo que imitaba a Safri Duo versionando algunas de sus canciones con un estilo propio, ya que me hizo recordar aquellos tiempos en los que yo comenzaba a salir de fiesta. Después del concierto lo poco que habíamos comido antes de ir no nos parecía suficiente, así que decidimos ir a cenar algo más consistente con tranquilidad. Mientras estábamos cenando Song me llamó por teléfono para decirme que acababa de salir del trabajo y estaba esperando en la estación de Shibuya a que alguien fuera a buscarlo. Por aquel entonces Kidd ya se había unido a nosotros, de hecho, estuvo en un rato largo del concierto, así que él y Lei se fueron a por Song.
Ya por fin todo el grupo reunido no quedaba más que irse por ahí de fiesta a disfrutar del resto de la noche, que todavía era temprano y aún quedaban muchas horas hasta que amaneciese. Mi idea, claro está, era la de ir a alguna discoteca a mover el esqueleto como siempre he hecho en España, pero el resto de la gente no estaba muy por la labor, así que nos fuimos a un bareto alternativo al que Lei ya me había llevado antes y nos tomamos unas cervezas en plan tranquilo, echándonos unas risas y sacando fotos de los más diversos tipos. Si os digo la verdad, pese a las ganas que tenía de irme de discotecas, que todavía no lo he hecho desde que llegué, no cambiaría esa noche por nada del mundo, sobre todo por el incidente que ocurrió posteriormente y que os voy a contar ahora intentando que la risa me deje describirlo de la mejor manera posible.
A eso de las 4 y media de la mañana, María, Kidd, Song y una servidora decidimos entrar en un Mc Donald's de Shibuya que abre las 24 horas para tomar alguna bebida caliente, comer algo y charlar un ratillo sin música ni ruidos, que a esas horas el cansancio ya se iba notando. Los demás se quedaron en la calle tomando unas cervezas. El caso es que cuando llevábamos un rato sentados, charlando sin armar escándalos, se acercó a nuestra mesa el guarda de seguridad del local, un señor fuertote y gordito con cara de tener muy pocos amigos, y nos dijo unas palabras que yo en su momento no alcancé a comprender. Eso sí, una no es tonta, que por la cara tan "simpática" que nos puso y el tono de su voz entendí perfectamente que nos estaba invitando "amablemente" a abandonar el local. Así, recogimos nuestras cosas, despertamos a Song, que del cansancio y las cervezas se había echado un sueñecillo, y salimos por la puerta pacíficamente. Nuestros ojos no podían dar crédito a la escena que acabábamos de contemplar y vivir en nuestras propias carnes, y es que no todos los días echan a una de un Mc Donalds en Japón. Lo único que pudimos hacer fue tomárnoslo con el más sano de los cachondeos y seguir haciendo coñas hasta el día de hoy, ya que ninguno ha conseguido recuperarse de semejante shock. De hecho, nos hemos propuesto volver algún día y sacar fotos en el lugar de los hechos. Nadie ha caído tan bajo como nosotros...
De camino a la estación todo eran risas y cachondeo, coñas y más coñas sobre el incidente del Mc Donald's. Shin-chan insistía en que debíamos habernos quejado al encargado, pero nosotros preferimos no entrar en polémica y armarnos nuestra propia fiesta recordando el asunto. A esas horas, en la estación, todo el mundo se agolpaba esperando el tren después de una "dura" noche de juerga y diversión. No es de extrañar que más de uno fuera con algunas copas de más, situación que pude comprobar cuando al pasar al lado de un grupo de tres chicos japoneses de pintas bastante fashion recibí una serie silbidos, ruidos y comentarios indescifrables... Quizás ése es el estilo nipón de piropear, jejejeje.
Y de nuevo en Shinjuku, pero esta vez no para dejar maletas, sino para recuperarlas. A estas alturas de la noche, más bien mañana ya, ni pizca de ganas que había de cargar con el equipaje, pero no quedaba otra, pues nos íbamos a casa de Lei hasta la hora de coger el tren para ir a la de María a pasar la Nochebuena. Song, Gintin y Shin-chan se habían vuelto a Takao, a Kidd lo "aparcamos" cuando nos entregó los bártulos y se despidió de nosotras en las estación. Sólo quedábamos las tres nenas de la noche para seguir con la fiesta.
Cuando por fin llegamos a casa de Lei, mi cuerpo no aguantó mucha cháchara más y decidió dormirse un poquillo, que iba siendo hora. Al despertarme, a eso de las 10 de la mañana, desayuno rápido, espabile a marchas forzadas y de vuelta al tren, pero esta vez María y yo solitas, de nuevo la parejita. |
|
|