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4/14/2007 Karla From The Block (no me convertí en JLo pero tampoco morí en el intento)Indecisión hasta el último momento sobre si bailar o no; ensayos hasta dos horas antes de la Fiesta de Bienvenida... ¡Menudo fregao! El día 10 por la tarde no sabía si fingir encontrarme mal o simplemente afrontar la verdad: el baile no estaba lo suficientemente pulido como para salir a escena. Por más que me hubiera esforzado quizás era hora de admitir que se necesita más que voluntad para bailar ciertas canciones: se necesita tiempo para ensayar, y con el viaje a Kioto y la apatía en ciertos momentos parecía que a mí se me había agotado. No obstante, la cosa no salió tan mal, y cuando escuché las primeras notas de Get Right decidí sacar lo mejor de mí y deshacerme de preocupaciones. Recordé que bailo no sólo para entretener a los demás, sino, más bien, para divertirme practicando el que para mí es uno de los mejores deportes del mundo.
Independientemente de mi talento (los que queráis el vídeo pronto podréis juzgarlo), acabé la fiesta recibiendo múltiples cumplidos, así que me sentía lo suficientemente animada como para ir al karaoke cercano a la estación y tomarme unas cervezas en lo que cantaba algunas de mis canciones favoritas. Quizás esta juerga con algunos de los nuevos alumnos de Takushoku y habitantes de la resi se convierta en una de muchas, pues el ambiente fue estupendo y pronto hicimos buenas migas.
Al día siguiente madrugar para afrontar el primer día del curso no resultó un gran esfuerzo: en mi cabeza todavía resonaban algunas de las canciones de la noche anterior. Además, ver por el Campus a compañeros con los que no coincidía desde exámenes y recibir de nuevo felicitaciones y cumplidos por el baile eran buenos motivos para sonreír. Eso sí, mi cara iba cambiando a medida que el día avanzaba, el cansancio se iba notando y algunas clases se alargaban más de la cuenta pese a ser solamente la presentación. Suerte que los nuevos proyectos estaban ahí para llenarme la cabeza de pájaros y hacer que me tome las cosas con calma, que acabamos de empezar.
Nuevos proyectos.. Muchos os preguntaréis qué nuevas aventuras me esperan o qué locuras se me están pasando por la cabeza en estos momentos (tened en cuenta que llevo desde el jueves encerrada en casa sin hacer nada para recuperarme del cuello). Ni siquiera yo puedo hacerme una idea de lo que está por venir, pero estad seguros de que, tarde o temprano, acabará apareciendo aquí. Vuelvo a las andadasMucho trabajo atrasado en el blog... Y cada vez menos tiempo para ponerme al día con mis asuntos pendientes: el miércoles comencé un nuevo curso universitario, mis últimos meses de estancia en el país del Sol Naciente, así que he decidido ponerme las pilas con la página y darle un poco más de vida siempre que tenga un hueco, sobre todo si tenemos en cuenta que me quedan muchísimas cosas por contar (el tiempo pasa deprisa y cuando me quiera dar cuenta he aterrizado en Barajas con los deberes sin hacer).
Este finde había pensado que sería la fecha ideal para actualizar con las últimas novedades: principalmente mi viaje a Kioto . Sin embargo, un pequeño contratiempo me tiene encerrada en casa desde el jueves por la tarde y con pocas energías para escribir. Que nadie se asuste, pues lo único que ha ocurrido es que me levanté con un fuerte dolor de cuello, debido, me imagino, a una mala postura durmiendo, y acabé en el hospital porque los dolores apenas me dejaban moverme. Me dieron un montón de pastillas, que son las que me tienen prácticamente todo el día tirada en la cama durmiendo el colocón. Eso sí, después de dos días recluida puedo decir que me encuentro muchísimo mejor y ya giro un poquito el cuello, así que seguro que para el lunes estoy lista y preparada para volver a clase y a currar (menos mal que esta semana tenía vacaciones en la academia).
Para empezar con mi vuelta al ruedo he de retroceder al mes pasado, pues después de hablar brevemente sobre mi visita a Foodex me quedó pendiente contaros cómo había sido mi pequeña excursión al acuario de Shinagawa el 16 de marzo. Sin entrar en muchos detalles, digamos que nos reunimos unos cuantos, en un principio sin motivo aparente. Al final la ocasión se presentó perfecta para celebrar la fiesta de despedida de Gintin, que pronto regresaría a Indonesia tras haber finalizado su año en Takushoku. Sobra decir que la juerga nocturna se alargó hasta las primeras horas del día siguiente, como siempre, en casa de Lei (¡qué sería de todos nosotros sin ella!). En cuanto al acuario, un poco más pequeño de lo que esperábamos, pero la variedad de especies resultó muy interesante, y el espectáculo con delfines una auténtica pasada. Ah, ya se me olvidaba: si alguna vez podemos pasear juntos por Shinjuku, he de llevaros a un bar típico de lo más curioso, empezando por los dueños, unos viejetes la mar de simpáticos que te dan conversación por un tubo, pero de la interesante. Además, la comida está riquísima y hay un montón de sitios del estilo en una calle súper estrecha en la que se puede encontrar a todo tipo de personajes... Zona apta sólo para aquellos que se atrevan a conocer el verdadero Japón.
Abriendo un largo paréntesis que abarca el viaje a Kioto (tema pendiente para el próximo mensaje), paso directamente a hablar del final de mis largas vacaciones... Por muy estúpido que pueda sonar, llegué a un punto en el que una parte de mí deseaba que finalizasen para emprender la rutina universitaria, pero sobre todo, para poner un poquito de orden en mi vida, ya que salvando los días que tenía trabajo y los pocos que toqué los libros, estas vacaciones no han sido muy productivas académicamente hablando. No obstante, dejaré para otra ocasión este debate, pues mi conciencia, pese a haber vageado muchísimo, siente que ha vivido experiencias de las que también se aprende sin necesidad de pasarse horas en la biblioteca. Además, se puede decir que descansar no nos ha venido nada mal para afrontar con energías el nuevo curso: a partir de ahora vamos a llevar un ritmo de estudio, trabajo y diversión bastante frenético. Sí, frenético, pues, además de coger alguna que otra asignatura más que el curso pasado, planeo apuntarme a algunas actividades extraescolares para hacer un poco de ejercicio, conocer gente y aumentar mis posibilidades de practicar japonés divirtiéndome. Por supuesto, seguiré con el curro dando clases de inglés.
Respecto a mi trabajo, contaros que el sábado de la semana pasado se celebró, como todos los años, la fiesta de Semana Santa, en la que los niños tienen que buscar los huevos de plástico llenos de chucherías y otros premios que previamente habíamos escondido los profes por todo el patio de Yuyake (es el jardín de infancia al que voy a dar clase los lunes). La menda, además de pasarse parte de la tarde preparando los huevos y escondiéndolos, se enfundó en el traje de Conejo de Pascua, que con el jaleo de correr pa' un lado y pa' otro acabó convirtiéndose en mi sauna particular. La verdad es que lo pasé estupendamente, para que vamos a engañarnos... Se puede decir que yo era la más niña de todos, y eso que había algún bebé por allí. Y, para cerrar la noche, la más dulce de las sorpresas, pues el jefe nos invitó a picar algo con unas cuantas cervezas. La cosa tenía pinta de acabarse temprano y pocos de los presentes estábamos dispuestos a marcharnos a casa a las 10 de la noche, así que decidimos continuar la fiesta... Kichijoji fue el lugar elegido, y Lei y algunos de sus amigos nuestros acompañantes.
A mitad de la noche el grupo acabó separándose, y Shin-chan, Lei y servidora cambiamos de local, que nos apetecía escuchar buena música y tomar unas copas en lo que movíamos el esqueleto. Encontramos un bar pequeño y de aspecto un tanto extraño que resultó ser la juerga padre... Acabamos cantando, bailando, hablando con los dueños... Y a mí me bautizaron Beyoncé por la "fuerza" demostrada desde las primeras notas de Crazy in Love. De hecho, cuando estábamos preparándonos para salir de allí, uno de los amigos de los dueños me preguntó: "Beyoncé, ¿ya te vas para casa?" Mis amigos y yo no pudimos dejar de reírnos el resto de la noche... Nos fuimos a un parque de la zona a contemplar los cerezos mientras llenábamos el estómago con productos Mc Donald's, todo ello amenizado por la orquesta personal del iPod de Shin-chan y el sinfín de paridas sin sentido sobre la visita relámpago de Beyoncé a Tokio y su particular ohanami (contemplar los cerezos en flor) en el parque Inokashira de Kichijoji. También se formularon numerosas hipótesis sobre la ausencia de Jay-Z en tan importante evento.
Prometo que a partir de ahora el blog recobrará vida gracias a mis múltiples experiencias e historias. Mis cinco sentidos vuelven a estar alerta cada vez que salgo de casa, todo ello en busca de nuevas curiosidades sobre la vida en Japón. Amigos, vuelvo a las andadas. 4/8/2007 VIPNunca pensé que venir a Japón me iba a abrir tantas puertas... El caso es que desde que me subí al avión en París he ido conociendo a una serie de personas a las que se puede encuadrar en la expresión "tener contactos". Sin embargo, lo importante de conocer a gente con cierto poder no reside precisamente en que te puedan ayudar el día de mañana a abrirte camino en el mundo laboral, sino, más a corto plazo, en tu vida diaria... Esta reflexión medianamente profunda y el título de mi mensaje vienen a cuento de que hace más o menos un mes, gracias a uno de esos "contactos", conseguí dos invitaciones para asistir a una de las ferias de alimentación más importantes de Asia: Foodex 2007. Con presencia de empresas de prácticamente todos los países del mundo, Foodex se presentaba como la ocasión perfecta para escapar de la rutina durante unas horas y degustar variopintos manjares, aunque a mí lo que más me importaba era pasarme por la zona española, presentar mis respetos a los conocidos que encontrara por allí y deshacerme de la morriña con unas copitas de vino tinto y unas tapitas de jamón serrano.
Para acompañarme en tal ocasión le propuse a Ryu que se viniera, pues sólo tenía una entrada extra y fue a él a quien le comenté en primer lugar que me darían invitaciones (de haber podido conseguir otra hubiera sido para mi querida Yukari, que para algo ella y Ryu son mis estudiantes de español preferidos)... Y es que, amigos, entrar en Foodex por la cara está bastante complicado, pues se trata de un evento orientado a la importación-exportación, y no a un puñado de gorrones como yo que lo único que queremos es ponernos las botas a por la cara. Para las gentes de mi calaña que no consiguen invitación sólo hay un remedio: pagar la friolera de 5000 yenes
Sin entretenerme dando detalles sobre el madrugón, los cambios de trenes y lo lejos que está el megapabellón en el que me pasé gran parte del miércoles 14 de marzo, paso directamente a dar unas cuantas pinceladas de lo que fue la experiencia en sí. Para empezar, hay que destacar una vez más lo sofisticados y puntillosos que son los nipones en cuanto a organización: las zonas de entrada bien limitadas, colas de personas civilizadas, empleados con megáfonos (por supuesto uniformados) dando instrucciones, zona para fumar... Para continuar, me resulta imposible describiros todo lo que pude ver y probar por allí, pero si que os puedo decir que en unas horas volví a España a por quesito, jamón, vino y miel, me di una vuelta por México con sus tequilas de reserva y sus Coronitas, comí fruta en Colombia y Perritos Calientes en Estados Unidos... Vamos, que me lo pasé como los indios. Eso sí, para mí lo más importante del día no fue comer y beber de gorra, sino ver a ciertas personas que se han portado conmigo excelentemente desde que llegué a Japón. Precisamente a este respecto, cabe retomar una de las primeras frases de este mensaje: "(...) desde que me subí al avión en París he ido conociendo a una serie de personas a las que se puede encuadrar en la expresión "tener contactos"." Y es que durante las largas horas que me pasé dando paseitos por el avión tuve la gran suerte de conocer al representante de una empresa de lácteos de Elche que resultó, además de ser un señor muy simpático, tener un interés especial por Japón, más que nada porque su empresa se está abriendo camino aquí y ha venido en varias ocasiones. El caso es que hemos estado en contacto durante estos meses y cuando me comentó que venía para Foodex sabía que era la oportunidad perfecta para vernos y poder agradecerle en persona los detalles que ha tenido conmigo. De hecho, me pasé prácticamente toda la mañana sentada en su stand. Al final, entre risas y cachondeo me acabaron ofreciendo trabajo, así que quién sabe si el día de mañana no acabo vendiendo quesos, je je je...
Ese día volví a casa con un queso, un tarro de miel y otro de polen, pero, sobre todo, con la satisfacción y la felicidad de saber que el mundo, al fin y al cabo, es pequeño, y que hay casualidades que endulzan la vida agradablemente... 3/28/2007 Cambio de rumbo, cambio de ritmoDos semanas es el tiempo que llevo sin aparecer por aquí. Seguro que muchos pensaréis que he abandonado mi objetivo de contar cómo se desarrolla mi estancia como estudiante de intercambio en Tokio... ¡Ni mucho menos! Precisamente mi ausencia se debe a todo lo contrario: ahora más que nunca quiero contar con todo lujo de detalles lo que ocurre a mi alrededor. Además, soy consciente de que mis mensajes estaban comenzando a resultar algo monótonos y bastante previsibles, de ahí que haya preferido hacer un parón para reflexionar un poco antes de dar el siguiente paso.
Son dos los motivos principales por los que empecé este blog hace ya algún tiempo: el primero de ellos, elaborar un boletín informativo para que familiares y amigos del otro lado del mundo pudieran seguir mis aventuras sin perderse ni un solo episodio. El segundo, quizás el más importante a nivel personal, tener una especie de diario que me ayudara a recordar sin muchas lagunas estos meses en Japón una vez todo haya finalizado y retome mi vida "española". Sin embargo, hay una tercera razón que me ronda la cabeza últimamente: son varias las personas que me han sugerido adaptar mis mensajes para publicarlos en un libro. Sinceramente, escribir es una actividad que me encanta, pero nunca pensé tener el talento suficiente como para que el resto del mundo quisiera ser partícipe de mi "obra". Parece ser que hay un grupo de personas a las que el tono y estilo del blog hacen que leerlo se convierta en un no parar, como cuando comienzas una novela y la historia se pone tan interesante que no puedes dejar de pasar páginas. Quizás todo esto de publicar me quede muy grande, no lo sé... No obstante, es una posibilidad que está en el aire y se ha convertido en una gran motivación para poner más cariño y esfuerzos en relatar mi día a día en Japón.
Dejando a un lado mis proyectos como escritora, puedo deciros que estas dos semanas han sido muy tranquilitas, pues mi viaje a Kioto está a la vuelta de la esquina (nos vamos el día 1 de abril) y hay que reservar energías y dinero para darlo todo en esta nueva aventura. Si tenemos en cuenta que conocer Kioto es uno de mis sueños nipones, os podéis imaginar que los nervios y las expectativas están por las nubes. Para los que no lo sepáis, esta ciudad es "propiedad" de las geishas, mujeres pertenecientes a un mundo misterioso que en Occidente, por desgracia, ha sido y sigue siendo malinterpretado. Espero que lo que escriba aquí sirva para guiaros en dirección correcta respecto a éste y otros aspectos de la cultura y la vida diaria niponas, que a día de hoy siguen siendo grandes desconocidas en Europa.
Y como de proyectos y aventuras va la cosa, os puedo contar que precisamente ayer me metí en un nuevo fregado: un baile para la Fiesta de Bienvenida que se celebrará el día de 10 de abril en mi querida resi. Esta vez he abandonado a Britney Spears y he decidido probar suerte con Doña JLo (Jennifer López para los no familiarizados con este acortamiento tan moderno y chic) y su tema "Get right". Esperemos que no me deje una pierna por el camino, ya que la música es mucho más rápida que la de "Toxic" y exige por lo tanto movimientos un tanto gimnásticos. De momento me quedo con unas señoras agujetas derivadas de mis dos primeras horas de ensayo. Dentro de un rato tocará ponerse a ello de nuevo: con el viaje a Kioto entre medias, el inminente comienzo del curso y los días de curro no queda mucho tiempo que digamos para prepararme. Además, dado el "éxito" y difusión de la anterior coreografía, me he puesto el listón demasiado alto y temo defraudar a mis "fans". Ya veremos en qué queda la cosa...
3/13/2007 Pelis y transportesTal y como esperaba, la semana pasada transcurrió sin incidentes, tranquilamente, según lo previsto. No obstante, algo de actividad sí que hubo, pero se queda en una menudencia si la comparamos con toda la acción de la semana anterior, marcada por los "sustos" y los cambios de planes a marchas forzadas. Por esto precisamente, por la ausencia de hechos verdaderamente importantes, he decidido "aderezar" este mensaje con unas cuantas curiosidades sobre la vida nipona, que hace tiempo que no os ilustro con mi experiencia. A medida que vayáis leyendo entenderéis todo mejor...
El lunes volví reventada del trabajo, y es que todos los domingos, como se me pegan las sábanas hasta las mil (más bien hago yo que se me peguen acostándome cuando empieza a salir el sol), por la noche no hay quien pegue ojo, así que al día siguiente me cuesta un triunfo levantarme... Y eso que no tengo que madrugar precisamente mucho. Suerte que la tarde se pasa volando y, dentro de lo que cabe, mi trabajo no es precisamente una tortura, para que vamos a engañarnos. Además tengo la suerte de que los niños del lunes no son nada revoltosos. De hecho, algunos días los de la primera hora, las 14:10, se están cayendo de sueño. Vamos, que compartimos algo. El caso es que se supone que si tan reventada llego a casa tendría que caer en los brazos de Morfeo prácticamente nada más cerrar los ojitos, algo que no siempre sucede. Por eso precisamente el martes me levanté bastante tarde; pero, eso sí, completamente preparada para comerme el mundo, que el cuerpo agradece el descanso.
Precisamente el martes me propuse acercarme a la biblioteca y comenzar con aquel famoso propósito de estudiar un poquito por mi cuenta, más que nada para no sentir que soy un parásito del Gobierno japonés, que religiosamente me paga todos los meses por estar aquí, incluso cuando estoy de vacaciones (bueno, no me queda muy claro si es el Gobierno exactamente, pero digo yo que la JASSO, mi beca, dependerá del algún organismo u organización oficial, ¿no?). Sea como fuere, me pegué una duchita y me armé de valor para entrar en la biblioteca por primera vez desde hacía mucho tiempo. Como os podéis imaginar, no había mucha gente precisamente. Aguanté allí más o menos una hora, en la que me dio tiempo de encontrar unos libros que me hacían falta, echarles un vistazo y comenzar a repasar un poquillo de gramática japonesa. Justo de la que volvía a la resi en bici me encontré con María, que iba a pillar unos catálogos con las últimas ofertas de trabajo de la zona. Decidí irme con ella, a ver si en el camino la convencía para que se viniera a dar una vuelta fuera del campus. Desgraciadamente no se animó, más que nada porque llovía un poquito. Yo necesitaba encarecidamente salir de Takao, ya que me estaba entrando uno de esos agobios-asfixiamientos míos por vivir en una zona en la que sí, vale, hay un paiseje precioso, pero nada que hacer cuando uno se aburre. La lluvia me daba igual con tal de salir de aquí.
Escogí subirme en un tren que me dejara en la Estación de Hachioji, pues en los alrededores de la misma hay un montón de tiendas y algún que otro centro comercial en el que entretenerme. Ya que estaba allí quizás era hora de comprar algún trapillo primaveral, aunque el tiempo todavía no acompañe mucho. Con mi iPod en mano, me tiré como dos horas recorriendo las mismas calles, entrando en las mismas tiendas, explorando otros mundos (o sea, calles paralelas por las que nunca antes había ido).
Al día siguiente, miércoles día 7, otra cita con el aburrimiento me esperaba. Una vez más me levanté a las taitantas de la tarde y me senté al ordenador a echar un vistazo a las últimas noticias, actualizaciones de Fotologs y otras historias que me interesan. Menos mal que María me mandó un mensaje para ir a cenar juntas. Me dio justamente el aliciente que necesitaba para meterme en la ducha y salir de la resi. Además, como íbamos a un restaurante cerca del Don Quijote, lo que viene siendo a tomar vientos, podía aprovechar para realizar unas compras en esta tienda tan estupenda y tan barata. Sara también se vino. Tuvimos cotilleos y risas para rato. Tan bien nos lo estábamos pasando y tanto se alargó la cosa que llegamos a la resi casi a la hora de cierre.
El jueves se presentaba como otro jueves más: trabajo. Además, mi jefe me había llamado el día anterior para pedirme que lo sustituyera en una de sus clases, ya que él tenía unos compromisos que atender y no llegaría a la Academia hasta última hora de la tarde. Mi jornada laboral, y mi sueldo por lo tanto, aumentaban un poquillo ese día. Y es justo en este punto donde me gustaría hablaros de algunas de las diferencias existentes entre los transportes españoles y los japoneses. Por si no os queda muy claro a cuento de qué saco el tema, os recordaré que para ir a mi trabajo he de coger un tren y un autobús, de ahí que me fije mucho en estas cosas.
Lo de los trenes no tiene mucha ciencia; es decir, prácticamente funcionan igual en todo el mundo... O por lo menos esa impresión me da a mí. Sin embargo, los buses en Japón son diferentes, y no sólo porque su puntualidad sea algo que ojalá tuviéramos en España. No, precisamente no es esto lo que me llama la atención, sino la forma de subirse y bajarse de ellos, y en consecuencia la de pagar. Aquí uno se sube por la puerta de atrás, no por la de al lado del conductor. Además, es precisamente en ésta última donde se paga, justo antes de bajarse, mediante un curioso sistema: nada de darle el dinero al conductor y que éste lo guarde en un cajoncito. En Japón hay que pagar el importe justo, así que hay una maquinita para cambiar al lado de la ranura por la que hay que meter el importe del viaje. En caso de pagar con tarjeta (me refiero a la de bus, no de crédito), el sistema cambia un poquito: según se entra por la puerta de atrás, hay que meter la tarjetilla en una máquina tipo a las que hay en España para picar los bonobuses (o por lo menos antes las había, que en Salamanca los han quitado y han puesto tarjetas con chip, todo ello muy moderno). Antes de bajarse hay que volver a meterla en otra maquina similar, pero esta vez al lado del conductor.
Son curiosos también algunos elementos existentes en los buses japoneses y que, según mi forma de ver, serían impensables en España: además de los tipícos carteles de publicidad (lo normal en cualquier país), están los clásicos nipones "cuidado con el escalón" o "no se ponga de pie hasta que el vehículo no se haya parado" entre otros, todo en un lenguaje de los más educado y protector, que en este país gusta mucho "proteger". Además, el conductor parece que va de rally sin copiloto y se va cantando a sí mismo las curvas, pues cada vez que gira lo va diciendo por el micro que tiene pegado a la cara (al más puro estilo presentador de Miss España): "ahora giro a la derecha". Parece que vamos de excursión con el cole tra la lá... Pero lo mejor es cuando te dice "omataseshimashita" al arrancar después de cada parada, pues esta expresión viene a significar "perdón por haberle hecho esperar". Como si uno no supiera lo que hay cuando se sube en un bus y su parada no es precisamente de las primeras... ¡Un poquito de por favor! Y no nos olvidemos de la vocecilla que te va cantando las paradas, que de cuando en cuando añade coletillas como "pongan el móvil en modo vibrador para no molestar al resto de pasajeros", todo ello, como he dicho anteriormente, en un lenguaje requeté polite. Ah, y las paradas, que ya me las iba a dejar yo en el tintero, en las que hay cartelitos del tipo "hagan cola desde este punto".
Dejando de un lado las informaciones transportísticas, decir que el jueves acabé algo cansada, aunque no mucho más que cualquier otro jueves. Ya os he comentado en algún otro mensaje que los niños de los jueves son un poquillo más "difíciles", pero bueno, no mucho más que cualquier niño si tenemos en cuenta que no les puedo decir ni una palabrita en su propio idioma... Normal que se saturen si se pasan una hora u hora y media oyendo hablar en inglés y sólo entienden un 5% de lo que les están diciendo.
El viernes María y yo decidimos que la tarde-noche se transformara en una sesión de pelis. Para ello, además de alquilar unos dvds, necesitábamos provisiones que endulzaran las proyecciones. Al final las compras se alargaron más de lo previsto y llegamos a la resi prácticamente a la hora en que ya no se puede utilizar la sala de música, donde se encuentra el maravilloso home cinema de nuestros amores. Con nuestra dulzura manipuladora conseguimos convencer a Okaasan (mujer de Otousan) de que nos dejara la llave hasta el día siguiente. Claro está, la cosa no iba a ser tan fácil, pues en un país tan estricto como Japón romper las reglas tiene un precio: me tocaba devolver la llave a partir de las 6 de la mañana, como mucho a las 8 (y digo "me tocaba" porque esta vez fui yo la que pidió la llave, y por lo tanto la que se comprometió a devolverla). Lo que no me imaginaba es que tal "sacrificio" del madrugón no iba a ser para tanto, pues entre pitos y flautas acabamos de ver las pelis a las 4 y algo de la mañana, así que al volver a la habitación decidí quedarme despierta. Suerte que el Messenger y la diferencia horaria estaban ahí para ayudarme... Se me olvidó decir que Song se unió a nosotras, aunque no aguantó tanto.
A las 7 de la mañana del sábado día 10, después de desayunar algo, bajé a darle la llave a Okaasan y me vine tan rápido como pude para la cama, que a las 4 y media de la tarde le había prometido a María ir juntas a su nueva entrevista de trabajo (dicen por ahí "a la tercera va la vencida"). Cuando me levanté para comer algo y pegarme una duchita de esas que despiertan me caía de sueño, pero al final aguanté más de lo que yo pensaba. La entrevista no duró precisamente mucho, así que decidimos ir a devolver las pelis, coger nuevas y comprar unas cosillas antes de volver a la resi... ¡Menudos paseos que nos metimos esa tarde! Al final María también se hizo socia del videoclub y nos vinimos con tres dvds cada una. Esa noche vimos dos en mi habitación, que pedir la llave de la sala de música para estar otra vez hasta las tantas era abusar mucho.
Al día siguiente, ya domingo y final de otra semana más aquí, decidí que había que estudiar otro poquillo. Me bajé a la sala de música sobre las 5 de la tarde, una hora y pico antes de que nuestra sesión de pelis empezara again. Así, podía estudiar un ratillo antes de pasarme el resto del día sin hacer nada y "calentar" la habitación, que si no pones la calefacción con tiempo, como es una sala grande, tarda en aclimatarse y se pasa un frío horrible. Que me lo digan a mí, que en lo que estudiaba y la calefacción se ponía a funcionar tuve que taparme con una manta. Esa noche sí que tocaba alargar la sesión un poquillo más (pero sólo un poquillo), así que le pedimos a Otousan que nos dejara un ratillo más... Pero esta vez le tocó a María pedirlo, y por lo tanto devolver la llave a la mañana siguiente. Por suerte, esa tarde recibió una llamada del restaurante en el que había hecho la entrevista pidiéndole que se pasara por allí el lunes temprano por la mañana para empezar de prueba, así que no le tocaba madrugar exclusivamente para dar la llave.
Yo, por mi parte, el lunes no tenía precisamente que madrugar, aunque sí me tocaba ir al trabajo. Sin embargo, pese a estar cansada como cualquier otro domingo (con tanto vaivén en las horas de irme a la cama no me extraña), sabía de sobra que iba a ser otra de esas noches en las que me iba a costar dormir... Y eso que me fui un pelín tarde a la cama por quedarme hablando con Ryu para ultimar los detalles de nuestra salida del miércoles (próximamente en Memoirs of Butterflies
Y heme aquí de nuevo contando mis aventuras. Como podéis ver por la fecha de publicación de esta entrada, ya es martes. Efectivamente, ayer llegué agotada del trabajo y no aguanté precisamente mucho en el Messenger. No obstante, tardé un poquillo en dormirme, así que hoy me he levantado algo tarde. En realidad, a eso de las 8 de la mañana me desperté, pero decidí que estaba lo suficientemente cansada como para intentar volver a dormirme, cosa que no fue nada difícil. He comido hace unas tres horas y me he pasado las últimas dos aquí sentada, que escribir estas parrafadas lleva su tiempo. Va a ser que ahora toca estudiar un poquillo. María ha vuelto al curro hoy, así que nuestra sesión de pelis probablemente tenga lugar esta noche (falta confirmación via correo electrónico al móvil). Por el momento esto es todo... Pero sólo por el momento. Pronto más y mejor. |
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